Una ruta en bici por el Pagasarri como homenaje

Miembros del club ciclista Miribilla hacen una parada durante la ruta./
Miembros del club ciclista Miribilla hacen una parada durante la ruta.

El club ciclista Miribilla recuerda a Raúl, uno de sus miembros fallecido, con una marcha que servirá para recaudar fondos con los que impulsar una escuela de BTT

JOSU GARCÍA

La vida del bilbaíno Raúl se apagó inesperadamente el pasado mes de agosto tras sufrir un desgraciado accidente mientras se bañaba en un río en Extremadura. Durante meses, sus amigos pensaron en cómo mantener viva la llama de su recuerdo. Finalmente, decidieron brindarle un homenaje con aquello que más le gustaba hacer: montar en bicicleta de montaña. Con mucha ilusión y gran esfuerzo, pusieron en marcha la iniciativa 'Raúl Gurekin' para organizar una marcha anual en su memoria. Y, con los fondos recaudados, tratar de levantar una escuela deportiva dedicada a la mountain bike en la capital vizcaína. La prueba promovida por el club Miribilla BTT y en la que colabora EL CORREO se celebrará estrenará el próximo 1 de marzo y promete ser un rotundo éxito de participación.

¿El escenario? No podía ser otro que el Pagasarri. La cita recorrerá los rincones que más le gustaban a Raúl y sus compañeros. Este monte de 671 metros es ya 'territorio Miribilla'. Para conocer de cerca la propuesta, acompañamos a varios de los organizadores en una de las múltiples salidas que han realizado en el último medio año para definir al milímetro el recorrido del memorial. Serán 42 kilómetros de aventura, con vistas espectaculares sobre Bilbao y un desnivel acumulado positivo cercano a los 1.700 metros.

La cita con los amigos de Raúl es en el frontón Bizkaia. El día ha amanecido nublado y sopla un viento algo desapacible. El pronóstico meteorológico descarta la lluvia, pero los nubarrones que sobrevuelan nuestras cabezas dicen todo lo contrario. Veremos que sucede. Por si acaso, hemos metido un chubasquero en la mochila. Tras poner nuestras monturas a punto, salimos a rodar. Subimos por la carretera que conduce a Iberdrola, en Larraskitu, pero antes de iniciar la clásica ascensión a la referencia mendizale de la capital vizcaína, giramos a la izquierda para meternos por un estrecho camino. Prácticamente no volveremos a tocar carretera hasta el final de la excursión.

Los primeros kilómetros transcurren con relativa calma, sin grandes desniveles. Rodamos en fila de a dos. Charlamos y observamos el entorno. Ciclamos paralelos a la autopista, en dirección a Mendikosolo. "La muerte de Raúl fue un palo", recuerda Álex, presidente del club. "Sentíamos que algo teníamos que hacer y este proyecto nos ha emocionado a todos desde el principio", añade. El día 1 de marzo será una jornada de fiesta. "Será un momento especial, para recodar a nuestro amigo y también para reivindicar el uso de la bicicleta", añade. Y, aunque mucha gente conoce bien el Pagasarri, los promotores del evento están seguros de que van a brindarles la posibilidad de descubrir "lugares preciosos por los que nunca antes han ciclado".

Ascensión a Lloriki

Poco a poco vamos ganando altura. Con calma, pero sin pausa. Hasta ahora no hemos superado grandes desniveles, aunque el día de la prueba será diferente, ya que para estirar y, seguramente, fracturar el pelotón se ha preparado una rápida ascensión a Lloriki, un lugar muy querido por albergar un ya desaparecido txakolí, uno de esos establecimientos al aire libre a los que acudían los bilbaínos para beber y comer con la familia durante décadas. Pronto llegamos al barrio de Buia, con sus casas bajas y su abigarrada estructura piramidal. Es increíble que este remanso de paz forme parte de la ajetreada Bilbao.

La sensación de tranquilidad y sosiego la volveremos a experimentar unos pocos kilómetros más adelante, en Markio, un diminuto núcleo rural que cuenta con una preciosa ermita en el centro de una solitaria plazuela. Apenas nos hemos cruzado con mendizales ni lugareños, nada que ver con la tradicional subida al Pagasarri, que suele estar mucho más concurrida.

Y, de pronto, aparece en el horizonte la cumbre que todo lo dominia: el Ganekogorta. Con una silueta imponente, emerge poderosa, pero lejana. Hoy ciclaremos hasta sus faldas. No haremos cima porque giraremos a la derecha para hollar el Pagasarri, pero lejos no le andaremos. Nuestro grupo se divide. Unos compañeros del Miribilla BTT toman un camino más directo (y más duro) hacia la montaña. Tienen algo de prisa, pues el tiempo siempre es limitado y hay obligaciones familiares y laborales.

Nos quedamos cuatro jinetes que, poco a poco, vamos entrando en calor. Tras un divertido descenso con algo de piedra comenzamos a subir por Bentakoerreka. La ascensión es tendida y se puede seguir charlando sin mucho problema. Por lo visto hasta ahora, la marcha Raul Gurekin puede ser desde un agradable paseo hasta un duro banco de pruebas. Como casi siempre, todo depende del ritmo que cada uno quiere imprimir a sus pedales.

Pastorekorta o la Campa de Txus

No tardaremos mucho, unos 3 kilómetros, en arribar a otro punto estratégico: Pastorekorta o la Campa de Txus, como les gusta a los organizadores llamarlo. Es una extensión plana que sirve siempre de descanso a los mendizales o bikers de cara a reponer fuerzas. Aquí, el día de la prueba habrá un avituallamiento sólido. Momento para relajarse y disfrutar de las vistas.

El panorama se vuelve aún más bello en los siguientes kilómetros. Tras un breve descenso, enfilamos la subida final al Pagasarri a través de la vertiente que mira hacia el sureste. Vemos frente a nosotros el Upo y el Mandoia. Y más lejos se divisan las nieves del Gorbea y el Amboto. Preciosa estampa que sólo se ve alterada por la lluvia que empieza a arreciar sobre nuestros cascos.

Con todo, la subida es agradable. El viento se ha calmado y sólo reaparece cuando transitamos por una pista cementada por los madereros para ejecutar una entresaca que ha esquilmado el bosque y ha dejado una antecumbre bien pelada. Pese al desbroce, la ascensión resulta muy bella, con varias revueltas que permiten ver con nitidez a los ciclistas que te preceden y a los que hayas podido dejar descolgados.

Pese a las precipitaciones y al crudo invierno, el barro no es protagonista. Sólo en un pequeño tramo se ha adherido con fuerza a nuestras ruedas. En principio, el trazado es más que ciclable y resulta muy agradecido para los días en los que el agua riega pero bien los montes. Los organizadores esperan que el 1 de marzo esté en muy buenas condiciones y ya han anotado en su libreta de deberes cuatro o cinco charcos que pretenden drenar unas horas antes.

Ficha técnica

Distancia: 42 km
Desnivel: 1.700 metros positivos
Velocidad máxima: 51 kilómetros hora
Calorías: 1.900
Duración: Entre 3 y 6 horas.
Dificultad física: Media
Dificultad técnica: Media
Lugares de interés: Markio, Pastorekorta, Fuente del Tarín, cumbre del Pagasarri, cantera con vistas espectaculares y cima del Arnotegi.
Archivo para el GPS
Información para inscribirse: www.miribillabtt.com

Antes de hacer cumbre descendemos a la Fuente del Tarín a reponer las jorobas de nuestras mochilas de hidratación. Curiosa la historia de este manantial. En 1914, un grupo de mendizales puso en marcha una cuestación para sufragar su construcción. La gente contribuía con 'tarines' para financiar las obras. Su apertura fue todo un éxito y un acto social de la época. Casi 90 años después, en 2001, los benefactores de este paraje bilbaíno tuvieron que volver a rascarse el bolsillo para participar en la compra de los terrenos (seguían siendo privado) para asegurar su supervivencia. La parcela fue adquirida y cedida a Diputación.

Tras hacer cumbre y pasar cerca de los míticos neveros, enfilamos un rápido descenso. La cosa está ya chupada, que dirían algunos. Sólo nos queda dejarnos caer para después enfilar la última subida, al monte Arnotegi, donde los amigos de Raúl han erigido un monolito en su memoria. Pero antes se hace obligatoria una parada en la cercana cantera. Las vistas son espectaculares. Vemos Torre Iberdrola en todo su esplendor. Ha dejado de llover y unos tímidos rayos de sol iluminan el titanio del Guggenheim. Ciclamos entre piedras o rocas de gran tamaño, vestigios de un pasado industrial. Salimos de las ruinas y nos lanzamos monte abajo a través de un estrecho sendero entre pinos. Resulta técnico pero muy divertido. Es el punto y final a una jornada para el recuerdo.

Spot memorial Raul Gurekin

 

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