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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Urbano Requibatiz enseña la iglesia de San Miguel, invita a un trago de vino y regala poesía
03.11.08 -

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Oion (Rioja Alavesa). El señor de Labraza
Urbano Requibatiz es otro de los motivos por los que merece la pena visitar Labraza. Tiene 78 años y un conocimiento profundo de su pueblo. Lo que hace de él un personaje es su interés por darlo a conocer. Se toma todas las molestias para que el visitante lo disfrute y lo encuentre encantador. Los domingos, cuando la plaza se llena con decenas de forasteros, Requibatiz abre la iglesia. Guarda en casa la llave del portón, extravagante de tan antigua, desproporcionada: «Tendrá unos doscientos gramos».
La iglesia de San Miguel se la sabe de memoria: «Había un retablo del XVI, de tablas pintadas, que ahora está en el Museo de Bellas Artes de Vitoria». Ante el silencio del visitante, Requibatiz sigue: «Antiguamente estaba pintada, pero cuando la peste de hace 200 años, se revocaron las paredes para evitar los contagios». Después de visitar la vicaría, sale de la iglesia, quizá más modesta de lo que él la pinta, pero sin duda valiosa. Fuera, incansable, coge un caminillo polvoriento. Sale del recinto amurallado, y desciende con el viajero el cerro. Pasa junto a acacias y nogales que mandó plantar cuando fue alcalde. Baja una pendiente resbaladiza. El camino termina en un recoveco oscuro y rodeado de ortigas en el que nuestro experto descubre una fuente del siglo XIV. En el interior encontramos un caño decorado con «un rostro de aspecto moruno». La Fuente del Moro contaba con un pasadizo en la muralla que la comunicaba con el interior.
Requibatiz acaba el recorrido en su propia bodega, invita al visitante a un trago de vino –«mezclamos tempranillo con viura blanca, para clarearlo»– y charla de lo que se tercie. Guarda todavía un as en la manga. Al despedirse le tiende un ejemplar de su libro de poesía. En él, mediante versos entusiastas, deja constancia de su amor por Labraza.

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