El Correo

La inversión de Daimler en Vitoria refuerza el futuro del sector vasco del automóvil

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Trabajadores, miembros del comité y el director Emilio Titos, junto al primer Clase V fabricado en serie. / E.C.

  • ECONFIDENCIAL

  • El acuerdo con los sindicatos ha sido clave para una operación que garantiza la actividad durante 15 años

El grupo alemán Daimler celebrará mañana en Vitoria un acto de 'puesta de largo' de su remozada planta de producción de furgonetas Mercedes-Benz, que supone una nueva inyección de oxígeno al conjunto de la industria vasca y en particular al sector de automoción. La firma ha destinado 500 millones de inversión para lanzar sus nuevos modelos de furgoneta de transporte Vito y también el monovolumen de lujo Clase V -el sustituto de la Viano-, de los cuales 190 millones se han materializado en la planta de Vitoria. La operación, según las estimaciones realizadas por la propia compañía, garantiza la actividad industrial de esta factoría durante los próximos 15 años. Al final de ese periodo habrá que replantearlo todo de nuevo, como sucede de forma cíclica en la industria del automóvil.

La factoría de Mercedes-Benz en Vitoria tiene algo de 'hermana pobre' de la industria vasca, pese a que sus datos reales llevan a pensar que debería suceder exactamente lo contrario. En los años buenos su producción supera las 100.000 unidades; monopoliza el 7,4% del total de exportaciones del País Vasco y da empleo a unas 3.500 personas. Es, además, el elemento que tracciona de decenas de empresas vascas que actúan como proveedoras, de ahí que el empleo inducido sea también importante.

Por alguna extraña razón, pese a que la factoría existe desde 1954 y aunque depende de una multinacional del prestigio de Daimler, la factoría de Mercedes ocupa un lugar discreto en el firmamento industrial vasco. Incluso para la Administración pública vasca, que siempre ha apoyado esta instalación pero quizá nunca la ha valorado lo suficiente. Basta tener un poco de memoria y algunos años encima, para recordar que en la década de los 90 las instituciones vascas vivían obsesionadas con "tener una planta de producción de automóviles" -cuando ya tenían ésta-; mimaban al ingeniero José Ignacio López de Arriortua para que convenciese a General Motors o a Volkswagen para conseguir ese empeño e incluso el presidente del PNV de la época, Xabier Arzalluz, se cambiaba su flamante Rolex de muñeca -en aquellos tiempos la formación jeltzale era menos socialdemócrata y más neoliberal, también en los relojes de sus dirigentes- para prometer que no lo devolvería al brazo izquierdo hasta ver hecho realidad el sueño. Aún lo debe llevar en la derecha, supongo.

Aunque tarde, quizá sea el momento para que los responsables institucionales reconozcan que tener una fábrica como esa es un auténtico lujo. Casi tanto como el que, vistas las fotografías del nuevo modelo, impregna el interior de los vehículos que se van a fabricar allí. Ni siquiera se le puede achacar que la producción que Daimler ha ubicado en Vitoria sea de bajo valor añadido, porque es más bien todo lo contrario.

La factoría, la nueva inversión y el nuevo proyecto de fabricación que acaba de nacer en Vitoria, también es fruto del entendimiento entre una empresa y los sindicatos que representan a la plantilla o al menos a la mayor parte de ella. Los sindicatos fueron capaces de darse cuenta de que flexibilizando algunas costumbres puede mejorarse la competitividad de una factoría y hacerla incluso más rentable que otras con salarios nominales más bajos. También esta inversión es un triunfo de los sindicatos que han participado intensamente en la negociación, para convencer a la multinacional de que la planta de Vitoria puede tener, al menos, otros 15 años de vida.