Muere el niño de 6 años de Durango que necesitaba un trasplante de médula

El pequeño Ekaitz/
El pequeño Ekaitz

El pequeño Ekaitz, al que le diagnosticaron una grave enfermedad hace dos años, ha vivido con intensidad los últimos días. El sábado acudió al nuevo San Mamés e inmortalizó su presencia con los jugadores del Athletic sobre el terreno de juego

M. DÍAZ

La médula que el pequeño Ekaitz requería para mantener sus órganos vitales no ha llegado a tiempo. A las cinco de la madrugada de ayer dejaron de funcionar cuando se encontraba en su domicilio de Durango arropado por su ama Susana y su aita Iñaki, que desde que le diagnosticaron hace dos años leucemia linfoblástica aguda, un cáncer de la sangre y la médula ósea de evolución rápida, han sido un ejemplo de coraje por hacer frente a la enfermedad.

Hace justo un año, apovechando las fiestas de Durango, se echaron a la calle en compañía de amigos y familiares para animar a la población a que se hiciera donante para ayudar a su hijo y a todos los enfermos como él. En febrero tuvieron que trasladarse a Madrid para que recibiera asistencia médica en el hospital Niño Jesús. A falta de un trasplante compatible, recurrieron a su madre, pero la situación empeoró a comienzos de septiembre.

Ekaitz regresó a Durango el 10 de septiembre. Desde entonces ha disfrutado de la compañía de sus seres más queridos y poder volver al colegio hasta finales de la semana pasada. El pequeño de seis años ha vivido con intensidad sus últimos días. Además de divertirse en los 'Sanfaustos', el sábado tuvo el honor de acudir al nuevo San Mamés e inmortalizar su presencia con los jugadores rojiblancos sobre el terreno de juego.

Quienes conocieron bien a este «inquieto» pequeño, al que le gustaba tocar la batería que le habían regalado sus tíos y andar en patinete, destacan lo «valiente y duro que ha sido para afrontar las duras pruebas a las que le sometieron». Para ellos Ekaitz sigue dando sentido a sus vidas.