La política y el buen gobierno según Quevedo

El rey Felipe VI, a su llegada al Club Náutico de Palma tras participar en la tercera jornada de la 33 Copa del Rey de Vela. /
El rey Felipe VI, a su llegada al Club Náutico de Palma tras participar en la tercera jornada de la 33 Copa del Rey de Vela.

El genuino escritor del Siglo de Oro aconsejó a Felipe IV sobre el arte de gobernar en uno de sus libros

ALBERTO SÁNCHEZ MADRID

La historia colocó con el paso del tiempo a Nicolás Maquiavelo en el lugar que merecía cuando su tan discutida como aclamada obra, 'El Príncipe', pasó a convertirse en el principal manual de política moderna. La cumbre de lo que para muchos políticos es el ideario de lo que debe hacer un buen gobernante vio la luz en 1532, cuando el diplomático ya había fallecido. Otros intentaron imitar su obra o seguir sus pasos, como fue el caso de don Francisco de Quevedo y Villegas.

El poeta, uno de los referentes de la época más prolífica de la cultura española, el conocido 'Siglo de Oro' en referencia al talento habido en España en el Siglo XVII, mantenía una estrecha relación con los cortesanos del rey Felipe III, y más tarde con la de su hijo Felipe IV. Sus vaivenes y su carácter árido, unido a su excelsa pluma y su agudeza para la crítica, hicieron de Quevedo un personaje odiado y respetado a partes iguales en la incipiente villa de Madrid. Y, sobre todo, comprometido con los asuntos de Estado del reino de España.

Conocido por sus poemas y su novela 'Historia de la vida del Buscón don Pablos', sus obras políticas han quedado relegadas a un segundo plano. Una faceta desconocida para la mayoría, pero bien reflejada en su libro 'Política de Dios y Gobierno de Cristo, sacada de la Sagrada Escritura para acierto de rey y reino en sus acciones'. Un texto en el que la religiosidad del poeta enmarca toda la obra, regida por el ideal "del buen gobierno a ejemplo de Divinidad", refleja el libro en sus páginas.

Un libro pensado como guía política y espiritual para Felipe IV, cuya primera parte fue escrita en 1617 y publicado en 1626, con dedicatoria para el valido Conde Duque de Olivares. "Los reyes deben saber quiénes los están robando, ya que Jesús hizo lo mismo", proclama Quevedo en su obra. Apegado a su gran religiosidad, en el libro Jesucristo es el gran ejemplo a seguir, "porque él es el único que reinó en absoluta libertad".

Conectado con nuestro tiempo, el libro rechaza los lobbies aliados con los gobiernos y critica a los corruptos, "que en pretexto de Religión hacen hazienda. El mayor ladrón no es el que hurta porque no tiene; sino el que teniendo da mucho por hurtar más", señala el texto en su quinto capítulo, muy en consonancia con los casos de corrupción que se sucedían en la época y también ahora, en el contexto de crisis económica actual, se descubren a menudo.

El genuino poeta describe la finalidad de los reyes y su deber con sus súbditos. "Los Reyes nacieron para los solos y desamparados. Los necesitados no han de buscar al rey y a los ministros", reza el capítulo diecisiete del libro, porque "el Rey debe ser como un águila con cuerpos muertos a su alrededor, no un cuerpo muerto con águilas alrededor. El Rey debe administrar los reinos y ser pastor de sus vasallos", sentencia.