Vitoria quiere volver a pintar algo en el arte

Juan Sagastizabal y Juan Mieg posan delante de sus retratos. / Blanca Castillo

Cita con Juan Sagastizabal, Juan Mieg, Carmelo Ortiz de Elguea y Daniel Castillejo. Tres pintores en activo y el director de Artium reflexionan sobre la situación de las artes plásticas en la ciudad. «Hay que recuperar la sensibilidad»

JORGE BARBÓ

¿Qué es el arte? Pues morirte de frío». Aquí pasa un poco como en ese chiste tan poco ingenioso, tan simplón, tan carente de gracia pero que, en el fondo, sirve para describir de una forma bastante precisa la situación de las artes plásticas en Vitoria en los últimos años. Tras una época en que galerías, coleccionistas, artistas y agitadores varios caldeaban la escena local, siempre en ebullición, sobrevino la glaciación. Se congelaron los presupuestos dedicados a la cultura. Los creadores empezaron a tiritar. Las galerías acabaron por agarrar una gripe aguda que derivó en una letal neumonía. Hasta que sólo quedó el frío. Al abrigo de la exitosa exposición de Carlos Marcote en Montehermoso, EL CORREO reúne a los pintores Juan Sagastizabal, Juan Mieg, Carmelo Ortiz de Elguea y al todavía director de Artium, Daniel Castillejo, para reflexionar sobre la situación del arte en una ciudad que se ha cansado de pintar poco.

«En el XIX, a Vitoria la llamaban la Atenas del Norte y ha quedado en la 'Apenas' nada», bromea Castillejo, a punto de dejar las riendas del Centro Museo de Arte Contemporáneo alavés tras una década al frente. Él coloca en el caballete el lienzo en blanco de una conversación que transita a pinceladas de nostalgia y tonos oscuros de cierta indignación. «Es cierto que hubo una efervescencia cultural importante, pero la cultura y, en concreto, el arte, van en paralelo a la situación política y económica. Así se explica que en los últimos años la ciudad haya tenido una evolución muy dramática», contextualiza el experto, que ha tenido que lidiar durante su gestión en Artium con durísimos ajustes presupuestarios.

Carmelo Ortiz de Elguea y Daniel Castillejo posan delante de sus retratos.
Carmelo Ortiz de Elguea y Daniel Castillejo posan delante de sus retratos. / Blanca Castillo

«Es a partir de 2008, cuando llega la debacle económica, cuando se viene todo abajo. No queda iniciativa privada, no hay dinero y el poco que hay se considera que no debe de ir al arte», interviene Juan Mieg, uno de los artistas más representativos de la modernidad pictórica alavesa. Él no duda en mojar el pincel en la paleta de la crítica: «Cuando las instituciones tienen dinero se dedican a hacer grandes containers en forma de edificios. Es el caso de Donostia, con Tabakalera, donde se metieron un montón de millones para nada». Un diagnóstico similar alcanza Juan Sagastizabal, que a lo largo de más de tres décadas entre lienzos ha sorprendido a la ciudad con su obra, con piratescos bebés y bichos varios. «En Vitoria hemos pasado de Montehermoso funcionando a pleno rendimiento, de inaugurar Artium, de casi vivir en un exceso a trabajar bajo mínimos». «O, incluso, no poder trabajar: Me imagino que la gente joven está estrangulada en su proceso creativo», tercia Mieg.

Los artistas todavía tienen muy fresco en la memoria aquel tiempo en que la Diputación alavesa comenzó a armar, en los 70, en plena Transición -que también fue cultural-, una colección contemporánea, de autores de vanguardia tanto locales como nacionales e internacionales. «Entonces la escena artística hizo un 'click'. Los ciudadanos de Vitoria empezaron a ver el arte de una forma más natural. Les gustase o no. Pero comprobaron que existía otro tipo de gente -recuerda Castillejo-, llamadme ingenuo, pero eso quizás fue porque alguien de los que estaban ahí en ese momento sentían responsabilidad hacia el mundo del arte, no lo dejó abandonado a su suerte».

- ¿Entonces, la precaria situación en la que vive el arte en Vitoria responde a una cuestión de falta de presupuestos o también de sensibilidad?

- Carmelo Ortiz de Elguea: Claro que no hay sensibilidad. Es evidente que ha habido un dirigismo cultural. Alguien desde muy arriba está llevando a la sociedad a un estatus de una pobreza cultural enorme. Se están valorando ahora cosas que no tienen ningún valor. La gente va como las ovejas y eso es tremendo.

- Juan Mieg: El problema de fondo es que los políticos no tienen ninguna preparación artística. Yo no conozco a ningún político que vaya a exposiciones. Nunca los he visto. - «Bueno a las inauguraciones, sí», tercia Castillejo-. Pero si ellos manejan el cotarro, si son ellos los que deciden dar dinero, y no tienen ningún interés en el arte...

«Oportunidades perdidas»

Castillejo lamenta «las oportunidades perdidas en estos últimos años. Ortiz de Elguea se duele del poquísimo interés que la sociedad demuestra hacia sus artistas y Sagastizabal clama por el maltrato al que, en concreto, se ha sometido a la pintura, «que se ha considerado como algo demodé». La tertulia de los veteranos artistas, imprescindibles para entender la escena plástica vitoriana contemporánea, respira una profunda desafección hacia las instituciones como garantes de la promoción cultural en la ciudad, que parecen no haber visto el arte como un elemento tractor. También en lo económico. «Pero aquí hemos estado en la pomada en el mundo del arte en España. Y todavía ahora, ciudades similares a Vitoria están mucho menos desarrolladas que nosotros», matiza Daniel Castillejo.

No obstante, ese desarrollo no se percibe en la iniciativa privada. El cierre de Trayecto, la mejor galería de la ciudad, que competía en prestigio con otras de urbes mucho más grandes, supuso un duro golpe para el colectivo artístico, que se quedó sin 'escaparates' en los que vender su obra. Sólo la reciente recuperación de Talka -en la que, por cierto, exponen ahora mismo Ortiz de Elguea y Juan Mieg- ha aliviado la situación.

Los cuatro artistas, en un momento de la tertulia que tuvo Montehermoso como marco.
Los cuatro artistas, en un momento de la tertulia que tuvo Montehermoso como marco. / blanca castillo

«Sí, a todos nos parece muy prestigioso que haya galerías en la ciudad, pero después nadie compra. Yo no sé cuántas hay abiertas en ciudades como Burgos o Ávila... Es que no se comen un rosco», evidencia el propio Carmelo Ortiz de Elguea. «Es muy sencillo. No hay ventas y, por tanto, no hay galerías. Ese gusto por tener arte en casa, ese placer, se ha perdido, ya no existe», resuelve con contundencia Daniel Castillejo, que tira de una frialdad quirúrgica para lanzar una reflexión final. «Se nos olvida que el mundo del arte es irrelevante. No sólo en Vitoria, donde es muy irrelevante. Todo el mundo habla de él, pero pocos lo entienden. Sólo es una excusa para decir que se apoya la cultura, nada más». Pues va a ser verdad que el arte era eso. Morirte de frío.

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