Una vaca fugitiva pasea por Llodio

La vaca, en su vuelta a Areta, escoltada por la Policía Municipal. /E.C.
La vaca, en su vuelta a Areta, escoltada por la Policía Municipal. / E.C.

Volvió a casa a recuperarse del efecto de la anestesia tras escapar del matadero y arrollar a un hombre que fue al hospital

Marta Peciña
MARTA PECIÑA

Tal vez fue puro instinto. Algo alteró su olfato o sus sentidos para que una vaca destinada al matadero de Areta aprovechase un descuido del personal que se encontraba en el recinto y huyese en desbandada. Fue el martes por la tarde, hacia las seis y media. El animal arrolló a un hombre en su estampida y deambuló durante cuatro horas por este barrio y por Llodio hasta que fue reconducida y reintegrada a su dueño. Final feliz para ella, al menos temporal, puesto que no volvió al matadero, sino que acabó en la granja de su propietario original. Y tampoco hay que lamentar graves daños personales porque el varón 'agredido', de 70 años, fue atendido en el hospital de Galdakao pero no sufre nada serio.

Los hechos ocurrieron pasadas las seis de la tarde, cuando un transportista se disponía a descargar a un animal en el matadero de Llodio. Según testigos presenciales, para facilitar la maniobra, recurrió a una novilla que ya se encontraba en las instalaciones para que actuara como 'manso'. Sin embargo, las puertas del matadero quedaron abiertas y el vehículo en el que se transportaba el ganado quedó colocado de manera que quedaba un hueco. Uno de los animales que ya estaba en el matadero –nuestra vaca protagonista– se apercibió del detalle y salió a la carrera, o al trote, arrollando al compañero del transportista que intentó evitar la escapada.

A partir de ahí, la vaca inició una carrera que la llevó hasta Llodio por los Caminos Viejos, una zona muy frecuentada. La Policía Municipal y la Ertzaintza colaboraron desde el primer momento para controlar al cornúpeta, que hizo todo el recorrido de vuelta hacia Areta por la carretera, escoltada por un vehículo policial para evitar daños.

Dardo

Al llegar a este barrio, el animal estaba muy nervioso y aunque los Miñones dispararon un dardo tranquilizante «apenas le hizo efecto», según los testigos presenciales. Tras un recorrido por Areta al que asistieron atónitos numerosos vecinos, que se apresuraron a ponerse a salvo, el animal fue cercado en una calle sin salida, a la altura de la antigua fábrica de ballestas. De ahí no podía salir porque se colocó un vehículo que cerraba el acceso a la calle.

Fue allí donde finalmente las personas que intentaban capturar a la novilla pudieron colocarle una soga y taparle los ojos, de manera que consiguieron tranquilizarla. La vaca fue cargada de nuevo en un transporte y devuelta a su propietario, dado que no puede ser sacrificada hasta que no pasen los efectos de la anestesia. Aunque el dardo que recibió apenas hizo efecto, es posible que una parte del anestésico se haya incorporado a su torrente sanguíneo. «Hay que esperar a que pasen los efectos», explicaron en el matadero llodiano.