Tunos 3.0

La Tuna Universitaria de Vitoria reaparece por todo lo alto al adjudicarse el certamen de León, el más ilustre de España. Son 50 y ensayan por internet. Su próximo reto, tocar en Japón

Una muestra de la Tuna Universitaria de Vitoria tras coronarse en el XXXI Certamen de León. / Urtxi Lezámiz
DAVID GONZÁLEZVITORIA

Tuna y modernidad pueden ir de la mano. Divinamente incluso. Así lo proclaman los de la Universitaria de Vitoria. Tras largo tiempo en barbecho, acaban de coronarse en el XXXI Certamen de León, probablemente el más reputado de este mundillo. Lo curioso es que sólo ensayaron juntos una vez. La mañana de la actuación en el auditorio de la urbe castellanoleonesa.

¿Cuál es el secreto de su éxito? Se valen de las nuevas tecnologías. Con medio centenar de miembros en sus filas, hace tiempo que todos se licenciaron o doctoraron. Para ser exactos, muchísimo tiempo en algunos casos. La vida laboral, o sentimental, les desperdigó por Madrid, Barcelona, Badajoz, Zaragoza, Jaén. Ya sólo una docena reside en la capital artificial del País Vasco. Son el núcleo duro que marca el compás.

«Nos mandamos los acordes y las letras por 'whatsapp' o 'dropbox'. Luego cada uno ensaya y se ajusta por su cuenta», comparte uno de ellos, Aitor, licenciado en Derecho de 41 años y apodado Morrosko entre los suyos. También se envían tutoriales caseros. A veces incluso cruzan líneas con complejas videollamadas colectivas.

«Sólo nos juntamos físicamente en fechas muy señaladas, cuando la gente vuelve a Vitoria de vacaciones», reconoce Pablito, ingeniero químico de 58 palos y una ametralladora de ingenio andante. Al cámara, Urtxi, le rebautiza como Churchill al poco de romper el hielo.

Aunque nunca han dejado de actuar, León'18 ha supuesto su reaparición pública. Por la puerta grande. Subieron al estrado 31 'cantarines'. Todos por encima de la treintena. «Bueno, la vida universitaria se acaba a los 30...», corta Pablito. «¡Mucho has repetido tu!», le vacila Panduriño, sobrenombre del geólogo José Ramón, de 41 años.

Porque no es que sean clones de Enrique San Francisco en la mítica Colegio Mayor -donde el actor hacía de eterno repetidor algo golferas-, si no que la tuna les atrapó entre las clases y ahí siguen.

¿Algo que decir a los sectores que ven este fenómeno como algo caduco? «Es una institución en vigor y bien recibida, aunque por supuesto ha tenido épocas duras. Te abre oportunidades laborales y personales. Aprendes a tratar, a socializar», abunda Panduriño. Incluso las hay femeninas. «Mi hermana pertenece a una», ataja Morrosko.

Comer y amar

Hay que remontarse a 1984 para situar el origen de la Tuna Universitaria de Vitoria. Fue una refundación de la de Medicina del País Vasco.

«Para pertenecer hay que tener ganas y ser universitario», advierten estos enamorados de un movimiento con más de cinco siglos de historia. «Los jóvenes, y fogosos, que no eran primogénitos tenían sus necesidades fisiológicas y sentimentales. Recurrían a su ingenio para, a través de la música, comer al mediodía y halagar a las damas a medianoche», ilustra Pablito.

Esta tuna presume de su propio compositor; José Luis Salazar 'Tachi'. Una de sus composiciones la utilizaba Luis Del Olmo en una sección de su programa radiofónico. Atención porque igual alumbrar una composición para el centenario del Alavés, que en 2021 apagará velas.

¿De qué tratan sus composiciones? «Esto es sota, caballo y rey», se sincera Pablo. «O canciones joviales para ganarse la sopa boba, la comida gratis, o de amor, serenatas». Los de la Universitaria de Vitoria revuelven esas líneas maestras con instrumentos clásicos de cuerda y percusión a los que agregan otros del folkclore sudamericano. «Por cierto, en Puerto Rico se estudia la tuna como asignatura», remarca Panduriño.

Lo afirma con conocimiento de causa. Estuvo allí con una pequeña delegación de la Universitaria de Vitoria. Pero también han girado, siempre en grupos pequeños, «por Perú, Hong Kong, Rusia, Corea del Sur, Moldavia, Ucrania, prácticamente todo Europa». Las anécdotas que deslizan... mejor en otro reportaje.

No contentos con tanto trajín de aeropuerto en aeropuerto, su pentagrama atisba un seductor objetivo inmediato. «En veinte días nos iremos a cantar a Japón».