Las teclas del piano

Las teclas del piano
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Es lo que tiene la edad, que vas acumulando más pasados que futuros. Así que recuerdo el sencillo acto de abrir el buzón con la llave menor del manojo y sacar la carta anual del PADI. Dícese del Programa de Asistencia Dental Infantil que encaja como uno de los dedos que componen el guante donde metemos la mano del Estado del Bienestar. Ese logro que la sociedad hace tiempo que adoptó como algo suyo y al que no quiere renunciar salvo cataclismos inevitables. Y ojalá perdure. En esa misiva con forma de talón utilizable y gratuito -entiendo que previamente pagado mediante impuestos- velaban por la salud bucal de nuestros hijos con edades comprendidas entre los siete y los quince años. Ya me pueden perdonar, pero junto en la misma frase durabilidad con piezas dentales y me viene la imagen del caballo al que calcular juventudes o vejeces por sus incisivos y acompañantes.

Admiro de siempre el ingenio que late vivo en los eslóganes de los publicitarios con talento. No me canso de ponderar el 'Abierto por obras' que vendía las entrañas en canal de la catedral de Santa María cuando me encuentro el notable 'Sonreír no cuesta nada' con el que Osakidetza revisa cavidades a precio de cuatro pesetas por duro. Y ya venido arriba recurro al refranero para añadir la célebre y vieja sentencia que antepone la prevención a las curas irremediables. Así que no queda otro remedio que lamentar el tercio de abstenciones infantiles en el cuidado de la materia cuando el sistema las abre sin costes añadidos.

La información que firma la compañera, junto a la entrevista de apoyo, aún recuerda dos cuestiones que se merecen detenimientos y/o consideraciones. Por un lado, la obligación familiar de inculcar hábitos que venzan a la siempre poderosa pereza en los momentos de limpiar piezas y encías. De otra parte, la terca realidad por la que también la boca refleja los estratos sociales. Se nota en los pianos dentales a los que les faltan teclas blancas.

 

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