El 8M sigue activo en Vitoria

El 8 de marzo las calles de la capital alavesa se tiñeron de morado, color simbólico del movimiento feminista./Josu Onandia
El 8 de marzo las calles de la capital alavesa se tiñeron de morado, color simbólico del movimiento feminista. / Josu Onandia

Las voces del movimiento feminista en Vitoria hablan para EL CORREO sobre los logros y retos que quedan para conseguir la igualdad real

Rosa Cancho
ROSA CANCHO

Cuatro meses después de una de las manifestaciones más multitudinarias de las que se recuerdan con 70.000 personas en la calle y de la huelga feminista sin precedentes que prologó la marcha de la tarde, queda saber qué poso dejó ese 8M en Vitoria. EL CORREO ha invitado a reflexionar sobre los retos del feminismo en Álava a activistas comprometidas con la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. Hay camino andado, coinciden, pero el que queda es aún largo. «Vitoria sigue sin ser igualitaria», afirman. Y hay cifras que apuntalan el diagnóstico. No ha habido nunca lehendakari mujer, ni diputada general ni alcaldesa de Vitoria aunque ellas sean la mitad de la población. El Consistorio vitoriano lo integran 27 concejales, de ellos 12 mujeres. En las Juntas son 23 frente a 28. En el Parlamento vasco son mayoría, 40 de 75, y también son más las juezas, el 54% en la Audiencia de Vitoria. Hay 16 alcaldesas en Álava y 35 alcaldes. En la UPV sólo una de cada tres jefas de equipo es mujer. Dos de cada tres nuevos especialistas médicos en formación son féminas, pero de las 44 jefaturas de servicio del Hospital Universitario Araba ellas sólo ocupan 14. Hay mucho más.

40 años de reivindicación

En Vitoria, el movimiento feminista cogió impulso en la década de los 70, con una respuesta potente y plural, cuando no existían ni ley del divorcio ni del aborto. Durante las dos siguientes décadas se regularon estas cuestiones y se ahondó en la distinción entre violencia machista y sexista y en el reconocimiento a sus víctimas, en la brecha salarial, en las cuotas de participación, en medidas de conciliación. Las mujeres entraron, tras mucha resistencia, en txokos, cuadrillas y alardes, y «empezaban a crearse servicios para la mujer, cursos de igualdad, teníamos la sensación de que todo iba mejorando», explica Begoña Muruaga, una de las fundadoras del Foro Feminista María de Maeztu.

Muruaga recuerda cómo desde sus inicios en 1988 María de Maeztu, que integra a unas 80 mujeres de toda Euskadi, siempre consideró «imprescindible» colaborar con las instituciones para asesorar en el desarrollo de políticas de igualdad. Quedaba trabajo por hacer en coeducación, en equiparación salarial, contra la publicidad y el lenguaje sexista. «La ley del divorcio sin culpables no tiene tanto tiempo», recuerda. Y hoy, reflexiona, no sólo se ralentizan los avances sino que en ciertos sectores aparecen alarmantes síntomas de retroceso. «Nos vemos explicando las mismas cosas que hace 20 años, reclamando cuotas de participación en debates, parece esto el día de la marmota», dice.

Sobre estas líneas, la Asamblea de Mujeres de Álava, Begoña Muruaga (Forum Feminista María de Maeztu) y Alitxu F. del Campo junto a Aiala Zaldibar (Bilgune Feminista). / I. Onandia, I. Andrés y B. Castillo

Alitxu Martínez del Campo opta por el optimismo. Es una de la docena de activistas gasteiztarras del Bilgune Feminista de Euskalherria, un proyecto ligado a la izquierda abertzale nacido en 2002 con la premisa de «analizar la realidad partiendo de una triple opresión: de clase, nacional-cultural y de sexo-género». Cree que pese a los ataques contra el movimiento, a la violencia de género o a la desigualdad salarial el feminismo va calando «en amplios sectores de la sociedad como filosofía liberadora». «Pero para esto han sido necesarios años de trabajo callado. Nos han llamado de todo, bigotudas, feas, marimachos y hemos aguantado. Ahora nos volvemos a reivindicar como feministas».

Violencia machista

No habían pasado ni dos semanas del 8M cuando María José y su madre Florentina eran asesinadas por el exmarido de la primera y hace unos días se conoció el fatal destino de la joven Sophia. A eso se suma que en el primer trimestre del año en Álava han aumentado un 77% los delitos sexuales y que sólo en Vitoria se solicitan cada año 160 órdenes de protección. Los colectivos feministas, que salen a la calle a gritar con cada agresión, no creen que haya más violencia, sino que se denuncia más. Otra cosa es que haya casos en los que ésta se recrudece; «es más brutal», sostiene Elena Cercadillo, desde la Asamblea de Mujeres. El colectivo más veterano cumple 41 años de activismo y está integrado por 30 socias de todas las edades que recuerdan cómo no hace tanto estaban apenas unas cuantas compañeras detrás de las pancartas que rechazaban cada ataque.

Hoy están más arropadas. Las cuatro feministas que colaboran en la asamblea del 8M y del 25N recuerdan que antes del 'Me too' y la repulsión que provocó el caso de 'La Manada' ellas ya llevaban tiempo intentado inculcar el 'No es no', con más incidencia en los espacios festivos. «Hace ya doce años elaboramos un protocolo de actuación ante la violencia machista y empezamos a ir a bares y a txosnas a implicar a todos y eso se ha extendido hasta trabajarse como movimiento feminista», resalta Martínez del Campo. «Desgraciadamente la cultura de la violación aún está asentada en la sociedad», recalca Aiala Zaldibar, también de Bilgune.

Un 8M histórico

Ese asqueo por los constantes casos de agresiones sexuales escuece y marca un 8M en el que la demanda de igualdad real es un grito de 70.000 voces. «Yo lo que vi en la calle fue intergeneracional e interclasista. Parece que el feminismo a muchas mujeres les queda lejos y creen que es algo que queda para universitarias y a la calle ese día salen periodistas, artistas, empleadas del hogar, las kellys que hacen causa común. La gente estaba ilusionada», relata Muruaga.

«Me gustó ver gente muy joven en la calle protestando contra esa falsa igualdad que nos han vendido. Porque parecía que ya es todo igual que hay reparto en los cuidados, que trabajamos fuera de casa... Y esto no es así», reflexiona Aiala Zaldibar.

«Desbordó todas las expectativas. Fue emocionante ver a mujeres de varias generaciones gritando 'Gora borroka feminista'. Yo creo que ha cambiado la sensibilidad hacia el feminismo, esto ha explotado y hay que reivindicarse», indica Elena Cercadillo. Pero ojo, avisa, «cuando algo es de masas hay gente que se apropia de ello para descafeinarlo y se corre el riesgo de que se reduzca el potencial revolucionario del 8M que va más allá de defender la igualdad, porque va contra el patriarcado, el neocapitalismo y el colonialismo».

Los retos más urgentes

¿Y ahora qué? «Uno de los mayores retos es pasar de la indignación y de la protesta a la formulación de reivindicaciones concretas y logrables a corto plazo. Y en ese sentido la violencia sexista no puede ser el único centro de atención, hay otros temas también urgentes como la brecha salarial y de las pensiones, la corresponsabilidad, la mercantilización del cuerpo de las mujeres o los cuidados», reflexiona Muruaga.

«En el 8M se planteó una huelga antisistema, porque con el capitalismo y el patriarcado seguimos sufriendo sobreexplotación laboral y sexual, estamos al cargo de los cuidados, se mercantilizan nuestros cuerpos», citan Martínez del Campo y Zaldibar. Para Bilgune es clave la creación del Gasteizko Mugimendu Feminista, que ademas de organizar las movilizaciones se reúne una vez al mes y abre sus puertas a personas que quieren aportar pero que no pertenecen a ningún grupo.

Cercadillo aboga por las alianzas y además presenta una lista de cuestiones que Vitoria debe resolver. Denuncia que aún hay víctimas de la violencia de género que se quedan fuera de los recursos asistenciales, pide formación a policías y jueces para saber tratar a estas personas y demanda que el grupo policial especializado esté disponible las 24 horas. Y a los políticos les reclama «ir más allá de los gestos y hacer políticas feministas en todas las áreas con presupuesto para lograr una ciudad en la que podamos movernos cómodas y seguras».

La amenaza en redes sociales

Ante este fenómeno la respuesta es unánime. Son una gran herramienta para trasmistir su mensaje y llegar a más personas, pero también son el lugar donde el «neomachismo» se hace fuerte y les ataca amparado en el anonimato. «Recibimos constantes insultos y amenazas de muerte y quedan impunes», lamentan.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos