Las Hermanitas de los Pobres: «Nos quedamos con el cariño que hemos dado y recibido en Vitoria»

Las Hermanitas de los Pobres, con el reconocimiento de EL CORREO. / RAFA GUTIÉRREZ
Las Hermanitas de los Pobres, con el reconocimiento de EL CORREO. / RAFA GUTIÉRREZ

Sor Pilar, madre superiora de la congregación en la capital vasca, recoge la distinción de alavesas del mes en su despedida

Laura Alzola
LAURA ALZOLA

Las Hermanitas de los Pobres, que regentaban la residencia de Gazalbide hasta mediados de enero, aún esperan pacientes a la comunicación que les permita emprender el viaje a otras ciudades. Cuando abandonen Vitoria, cerrarán un ciclo de 140 años de historia de su congregación en el territorio. EL CORREO las nombró 'Alavesas del mes de enero' por su dedicación a los ancianos con rentas mínimas. Ahora, la madre superiora de la residencia, Sor Pilar, granadina de nacimiento y monja desde hace 52 años, trata de responder a las preguntas en nombre de todas sus compañeras.

- Están apurando los últimos días.

- Sí, esperando a que nos anuncien los destinos de cada una. La verdad es que teníamos ya todo arreglado y preparado para habernos marchado a otras casas de la congregación hace un mes, pero aún seguimos cinco de nosotras por aquí. Con paciencia y ánimos, eso sí. Y recibiendo alegrías, también.

- ¿Con qué se quedan de lo vivido aquí?

-Con todo el cariño recibido y dado. Con las personas y con los voluntarios que nos han ayudado en nuestra misión. Hemos tenido muchos bienhechores, no dejamos Vitoria por falta de apoyos, sino porque con tan pocas vocaciones no nos es posible gestionar la residencia tal y como querríamos, manteniendo el sentimiento de comunidad, el amor que nos caracteriza.

- ¿No se sienten tentadas a pedir que se unan más mujeres a la congregación?

- No, la verdad es que no. Lo tenemos muy claro: no está en nuestra mano pedir un acercamiento de novicias, la entrega es una decisión personal. Cada una debe escuchar la llamada de Dios. Nosotras somos, en todo caso, portadoras del mensaje. Intentamos siempre, no sé si lo conseguimos, pero lo intentamos, ser un ejemplo para otras. Yo escuché la llamada hace ya cincuenta y tres años, muy jovencita, y mi vida no la cambiaría. Pero la decisión debe nacer desde dentro de cada una.

- ¿Qué las ha diferenciado de otras residencias?

- Bueno, lo primero, la providencia de Dios. Pero también todo el esfuerzo que hemos puesto en crear un ambiente familiar. Con cariño se han creado vínculos que se mantienen en el tiempo. Eso lo demuestran las cartas que hemos recibido desde que se anunció públicamente nuestra marcha. Algunas muy bonitas y muy emocionales, que nos han tocado.

- ¿Se hace difícil cerrar el capítulo?

- Claro. No es un trago nada fácil. Al cerrar la casa dejamos una parte de nosotras, pero sobre todo nos cuesta separarnos de quienes hemos cuidado, porque nuestra misión es transmitir el amor, y ese es un vínculo perdura.

-¿Cuál ha sido su cometido durante todo este tiempo?

- Ofrecer refugio y acogida a los jubilados con pensiones mínimas. Dar cuidados, cariño y atención a cambio de una pequeña aportación que todos podían permitirse, no como en otras residencias, que cuestan una barbaridad. El 85% de la renta mínima percibida del estado por cada residente no era un ingreso suficiente para mantener la casa, pero nos hemos dedicado, tal y como hacemos las Hermanitas de los Pobres desde siempre, a la colecta puerta a puerta. Además, nos aportaban donaciones los voluntarios y algunas empresas y particulares de la sociedad civil alavesa.

-¿Cómo ven que ha cambiado en la sociedad?

-En todo. Son otros tiempos. (Se ríe). La parte positiva es que, cuando la congregación se estableció en Vitoria, muchas personas mayores quedaban totalmente desamparadas, sin nada. Ahora, gracias a Dios, eso ya no es así. Menos mal. Por eso, en las últimas décadas, nosotras hemos estado sobre todo para aquellas personas que no pueden permitirse otro lugar. Ese ha sido nuestro rol y seguirá siéndolo. Aunque ya no podamos en Vitoria.

- Dicen que se van tranquilas.

- Sí, porque nos prometieron mantener las condiciones vigentes. Tanto de los usuarios como de las profesionales que trabajan por sus cuidados. Eso nos reconforta. Nosotras debemos marchamos sobre todo para fortalecer las comunidades de otros lugares, porque la sociedad ha cambiado pero queremos mantener vivo el espíritu de las Hermanitas en cuantas más casas nos sea posible.

-¿Cuál es ese espíritu?

- El de la pobreza elegida, el del cariño, el del amor y la entrega a los demás. El de nuestra fundadora y el de las generaciones y generaciones de mujeres que han pasado por Vitoria siendo Hermanitas y dando, dentro de lo que cada una puede, lo mejor de sí mismas.

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