¿PUERTAS AL CAMPO?

¿PUERTAS AL CAMPO?
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Ángel Resa
ÁNGEL RESA

El tiempo y la lógica se empeñan en conceder carta de naturaleza a un refrán que subraya lo inabarcable del universo. Hemos escuchado, hay gente que sólo oído, que 'no se pueden poner puertas al campo' y los acontecimientos vienen a incidir una y otra vez en esta teoría. Dentro de un mundo extenso y globalizado y donde no tienen un pase el levantamiento de barreras verticales -entiéndanlo 'el pato Donald' Trump y también gentes geográficamente más próximas- ni endogamias que valgan. Las ciudades se enlazan en espacios metropolitanos y, sin renunciar a orgullos de patria chica, establecen retroalimentaciones favorables para todos los sectores implicados.

San Mamés albergó la 'Champions' y la 'Europa League' del rugby continental hace un año y aquí recibimos a grupos de seguidores que, sin sitio para alojarse en Bilbao, no querían perderse una 'touche', un golpe de castigo o la transformación de un ensayo allá. Durante años hemos masticado la impotencia de nuestra escasez de plazas hoteleras cada vez que la voz de la Euroliga retumbaba en nuestros pabellones auriculares. Y ahora que nos aprestamos a extender la alfombra roja en forma de 'Final Four' entendemos que otros aprovecharán las 'sinergias' -vaya con la palabreja de la modernez política- de semejante acontecimiento deportivo. La capital vizcaína, San Sebastián, Logroño, Haro (no París y menos Londres) y nuestra hermosa Laguardia. Valgan tan buenos ejemplos.

Resulta una evidencia incuestionable que los establecimientos hoteleros de Vitoria y su entorno harán sus agostos particulares a mediados de mayo. Cuenten, muy probablemente, con personal de Estambul, Madrid, Moscú y ojalá que -toco aro y hasta tablero- autóctonos empadronados en la mismísima capital alavesa. La organización tiene bloqueadas desde hace tiempo habitaciones señoriales para sí misma, patrocinadores e invitados. Lo único que me cabrea hasta hacerme merecedor de una falta técnica es que las aficiones, sustentadoras emocionales de todo este tinglado, salgan perjudicadas a la hora de sacar las cuentas de los kilómetros. Quienes se dejan la garganta suelen llevarse la peor parte en la repartición de gradas y de camas.