Desde San Petersburgo bailando danza

El curso de Rudina y Nasadovich reúne a 30 participantes en el Conservatorio de Danza José Uruñuela./Igor Martín
El curso de Rudina y Nasadovich reúne a 30 participantes en el Conservatorio de Danza José Uruñuela. / Igor Martín

Los bailarines rusos Rudina y Nasadovich imparten un curso de ballet a 30 alumnos en el Conservatorio de Danza José Uruñuela

Ramón Albertus
RAMÓN ALBERTUS

Pedro Torquemada lleva media vida bailando. Tal cual. Tiene 13 años y comenzó a dar sus primeros pasos hace seis en el Conservatorio de Danza José Uruñuela, donde va camino de estudiar cuarto curso. También Miren Castro, de 18 años, ha dedicado gran parte de su vida al mundo de la coreografía pasando del hip hop al ballet clásico.

«Lo más interesante es que son pasos que en nuestro día a día no trabajamos», comentaba la joven ayer en una pausa de la primera clase magistral de ballet de mano de Margarita Rudina y Alexey Nasadovich, dos reconocidos bailarines rusos que imparten un curso especializado hasta el viernes en el conservatorio de danza de Vitoria. En la inauguración del mismo participaron Estíbaliz Canto, concejala de Cultura, y Olga Romaschenko, directora de esta iniciativa llamada 'Cultura sin fronteras' que ha viajado por Francia, Alemania e Italia. En España solo se habían impartido estas clases en Tenerife. «Estamos muy contentos de hacerlo en Vitoria», señaló Romaschenko acerca de un programa de cinco días que cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura ruso y combina «danza clásica y danza de carácter», aquella que imitan los movimientos de un grupo de personas en su quehacer profesional.

Pasadas las once de la mañana comenzó la primera lección en el aula reformada hace apenas un año, a la entrada del conservatorio. Los alumnos –mayormente femenino– ya aguardaban calentando. La afición por el ballet se refleja incluso en el estampado de sus camisetas. 'Sttugarte Ballet' se lee en una, en otra 'Billy Elliot'... La maestra Rudina se fijaba y corregía los movimientos de la primera de las clases –duran una hora y media– a la que asistieron 18 jóvenes. En total se han apuntado a este curso 30 alumnos con edades comprendidas entre los 5 y 18 años a este curso.

Premiada en el Concurso Internacional Grigorovith, la bailarina rusa es junto a Nasadovich un nombre prestigio en el mundo de la danza. Como habituales de la compañía Mariinski –una institución de San Petersburgo que remonta sus orígenes al año 1860– han llenado teatros de medio mundo como el Toursky de Francia con 'Les étoiles des nuits blanches'.

Que la danza es un lenguaje universal no es ningún secreto. A través de sus gestos y por imitación, los alumnos realizaron una serie de ejercicios estilísticos. La risa nerviosa del comienzo cambió rápidamente por el gesto de concentración. Apenas llevaban media hora de clase cuando se empezaron a notar las primeras gotas de sudor. «Son exigentes y creo que con el paso de los días se van a ir complicando», comentó Miren.

¿Impone estar bajo las órdenes de dos grandes profesionales? «Sí, pero me lo tomo más como un reto al saber que te van a enseñar cosas nuevas». Este curso les vale para conocer «cómo trabajan en otros países». No han tardado en notar algunas las diferencias del aprenidzaje que pasea siguiendo el manuel del método Vagana, ideada por la maestra del ballet ruso, para profesionales y para principiantes. «Nos han dicho que el brazo no lo suben más del hombro. Hay diferencias» , dice ella. «Es otra técnica», remarca Pedro. La premisa de todos es «disfrutar y aprender» con esos movimientos que parecen imposibles. Y no se alcanzan sin disciplina.

Las claves

Treinta
alumnos del Conservatorio de Danza, con edades comprendidas entre los 5 y 18 años, reciben clases de Rudina y Nasadovich.
Cinco días
duran las master class. «Son pasos que en nuestro día a día no trabajamos», agradecen sobre las lecciones.