Más perros que niños en Vitoria

Más perros que niños en Vitoria

37.450 canes y 30.193 críos con la natalidad en caída libre. «Un animal implica menos tiempo, dinero y preocupaciones»

María Rego
MARÍA REGO

Niko tiene buen carácter, peca de «cariñoso» y a sus 13 años disfruta con los disfraces. Le da lo mismo colocarse el gorro de bruja que transformarse en un gusano con ojos saltones. «Es el que mejor le queda», reconoce Hugo Colmenero mientras su padre pasea junto al animal. Porque Niko no da nombre a ningún adolescente sino a un shih tzu que de cachorro sumó «muchos kilómetros y noches de hotel» para participar en exposiciones de belleza y, hoy ya jubilado, «es un miembro más de la familia», coinciden los Colmenero en la tienda Arabacan que desde hace un cuarto de siglo regentan en la plaza de la Constitución. Como este perro, otros muchos se han ganado un rincón destacado en los hogares vitorianos –habitaciones enteras en algunos casos– donde conviven ya más canes que niños. En concreto, 37.450 frente a 30.193 menores de doce años.

La cifra de animales corresponde al registro del Gobierno vasco y, aunque ni todas las mascotas están documentadas ni siempre se da de baja a aquéllas que van al cielo canino, evidencia un creciente amor por los perros mientras la natalidad cae en picado. El año pasado nacieron 2.102 bebés en la capital alavesa, la cifra más baja desde 2003. «Los hijos conllevan muchas responsabilidades y son para toda la vida. No todas las personas quieren o pueden tenerlos, y la mascota suple de alguna forma ese hueco», reflexiona Garbiñe Henry, doctora en Sociología en la Universidad de Deusto y experta en sociología urbana. Basta con echar un vistazo al negocio construido en torno a los canes para hacerse una idea del lugar protagonista, cada vez mayor, que ocupan las cuatro patas. Hay trajes de boda, comida para perros veganos, perfumes con olor a fresa, menta o talco, nutricionistas especializados, centenares de juguetes, correas en piel 'made in Spain', con tachuelas o cristales Swarovsky, sesiones de hidromasaje... Y casi todo lo que un humano pueda imaginar.

En los barrios nuevos

El sector gana terreno especialmente en los barrios nuevos, esos donde un buen puñado de parejas vitorianas inician su convivencia y esbozan sus planes de futuro. Es el caso de Salburua. Allí, en la tienda Animal Spa, la siberiana Alexandra Merkulova seca la melena de un yorkshire terrier cuyos dueños han pagado 35 euros por un servicio de peluquería que incluye la manicura y la limpieza de oídos. «Cada vez se cuida más a los perros. ¿Humanizarlos? Tal vez en cumpleaños o en Navidad, cuando vienen a comprar sus regalos... aunque ellos no saben ni en qué fechas están», cuenta esta graduada en Derecho Internacional, y 'madre' de un gato, mientras atusa el pelo a Eguzki. Las atenciones que requiere un animal absorben un gasto medio anual de 1.198 euros, según el último estudio sobre mascotas en el Estado. La crianza de un hijo, calcula la Confederación Española de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU), se lleva 1.183 euros al mes durante sus tres primeros años de vida. Y no es que la bajísima natalidad sea una cuestión solo de dinero, pero el bolsillo resulta determinante. «Hay mucha gente joven que o no quiere o no puede tener hijos. Con menos de 30 años no tienen capacidad económica para responsabilizarse de una criatura y, cuando pasan de los 30, la mujer quiere desarrollarse profesionalmente y su único objetivo no es ya formar una familia. Así me lo contaba una compañera de trabajo de esa edad», explica Henry consciente del trabajo por hacer en políticas de «conciliación y vivienda».

LOS DATOS

Coste
1.198 euros anuales absorbe el cuidado de un perro. Criar a un hijo sale por 1.183 euros al mes durante sus tres primeros años de vida
Natalidad
2.102 partos hubo en Vitoria en 2018, la cifra más baja desde 2003. El 20,8% de los vascos de 15 a 30 años no desea tener descendencia

En ese escenario se explica, en parte, el preocupante dato que arroja el Consejo de la Juventud en Euskadi para una sociedad que peina canas : el 20,8% de los jóvenes de 15 a 30 años dice que no desea tener descendencia. Otra cosa es hacerse cargo de un perro, que conquista a muchos a lametazos y ventajas como que «no genera esa angustia de que va a crecer, no suspende en el colegio, no contesta y tampoco fuma a escondidas. Es una responsabilidad menor en tiempo, dinero y preocupaciones», resume Carmen Maganto, doctora en Psicología en la UPV/EHU. Pero compartir la vida con un ser de cuatro patas tampoco es fácil ni barato. «Cuando compras un perro debes saber el tiempo y el espacio que le vas a poder dedicar. Hay gente que lo cuida como si fuese un hijo y es un error, se le tiene que educar pero humanizarlo trae problemas», advierte Colmenero con una larga lista de anécdotas sobre un mostrador donde brillan los adornos caninos cubiertos de pedrería. Está la clienta que «lo mece en sus brazos», la pareja que «lo mete en la cama y lo tapa como si fuera un niño» o la mascota atacada por la «ansiedad» en cuanto pierde de vista al dueño.

Mayores y personas solas

La psicóloga de la UPV/EHU reconoce que existen conductas «exageradas». «Empieza durmiendo en el suelo de la terraza y acaba en la cama de los dueños y sentado enfrente en la mesa a la hora de comer», comenta sobre esa tendencia a llenar el hogar con animales. Porque, además de casi 37.500 perros, en Vitoria aparecen también 2.226 gatos, 102 hurones o 16 conejos empadronados aparte de unos cuantos pájaros, tortugas y algún reptil. «No creo que las mascotas sustituyan a un niño. De hecho, hay muchas parejas jóvenes que dejan de tener tiempo para el animal cuando llegan los hijos», analiza Merkulova, que pone guapos a unos cuatro canes cada día. «No es excluyente tener uno y otro», agrega Henry, que vincula también el incremento del censo canino al envejecimiento de la población. En la capital alavesa residen 52.824 vecinos que pasan de los 65 años. «Hacen compañía a la gente mayor y les obligan a salir a la calle, interactuar con otras personas...», retrata. El perro, opina Maganto, tiene «una especie de efecto terapéutico» en una sociedad «con mucha casa donde sólo vive una persona». Solteros, separados «cuyos hijos se independizan», viudas... «La gran ventaja es que, a diferencia del ser humano, no es desagradecido y te recibe siempre con cariño».