Pedazos de nuestra historia

Los suscriptores visitaron el Museo de Armería, una de las paradas del recorrido guiado. /J. Andrade
Los suscriptores visitaron el Museo de Armería, una de las paradas del recorrido guiado. / J. Andrade

Una treintena de suscriptores de EL CORREO participa en un recorrido guiado sobre el periodo de ocupación francesa y la Batalla de Vitoria

Sara López de Pariza
SARA LÓPEZ DE PARIZA

El viernes se cumplieron 206 años de la Batalla de Vitoria, acontecida el 21 de junio de 1813. Y para celebrar el aniversario de uno de los acontecimientos históricos más importantes de nuestra ciudad, una treintena de suscriptores de EL CORREO tuvo la oportunidad de participar en una visita guiada por algunos de los escenarios en los que todavía se conservan vestigios. Descubrieron también curiosidades del periodo de ocupación francesa, entre 1808 y 1813.

Dado que la gran parte de la contienda se produjo fuera de la zona urbana y teniendo en cuenta las limitaciones del recorrido, Ricardo Garay, que ejerció como guía, utilizó una enorme maqueta instalada en el Museo de Armería para explicar los movimientos estratégicos de aquel lejano 21 de junio. La jornada bélica comenzó bien temprano. «A las cinco de la mañana ya se produjo una pequeña reyerta en La Puebla de Arganzón en la que participaron unas 30 personas. Las noticias llegaron a la ciudad, donde la situación se vivía con preocupación y algunos empezaron a hacer las maletas», detalló el historiador. El combate continuó en Júndiz y en el terreno donde actualmente se ubica la fábrica de Mercedes, el bando aliado pudo hacerse con algunos cañones del lado francés.

«A media mañana, la psicosis en Vitoria era total y el ejército francés comenzó a bajar desde Legutiano», señalaba el guía ante los interesados oyentes. Más allá de los movimientos estratégicos pudieron observar también algunos objetos de la época que se conservan en las vitrinas del museo. Por ejemplo, un juego de té que el Duque de Wellington regaló al General Álava. «Este tipo de vajillas de porcelana con cubiertos de plata se usaban realmente en la contienda. Dense cuenta de que los generales siempre estaban perfectamente a salvo y muy atendidos», apostillaba Ricardo Garay. Queda comprobado que también tomaban el té, al más puro estilo de la tradición inglesa.

Justo al lado se expone la primera bandera de la provincia de Álava con el lema 'Vencer o Morir'. Y a escasos metros se puede observar la espada que la ciudad de Vitoria entregó al General Álava como reconocimiento a su papel en la Batalla. «La hoja está fabricada en Toledo y la empuñadura contiene piedras preciosas y tiene grabado el escudo de la ciudad», señaló el historiador y guía durante la visita. El objeto fue adquirido en Londres hace dos años por un vitoriano que prefiere guardar su anonimato y donado al Museo de Armería.

El recorrido continuó en el parque de La Florida, el primer espacio de nuestra ciudad diseñado con influencia del periodo de ocupación francesa. «Se convirtió en el salón de estar de la ciudad. Un espacio para el ocio pero muy tranquilo y con un diseño muy racional y ordenado», apuntó Garay, que recordó que los franceses exportaron la Ilustración y la modernidad a la capital alavesa durante su estancia aquí.

El pan para los franceses

Ya en la plaza de la Virgen Blanca, el monumento a la Batalla fue el protagonista de las explicaciones. Una construcción que hubo que esperar hasta 1917 para inaugurarla, a pesar de que la contienda había sucedido más de cien años atrás. «La parte más baja, en piedra, representa la ciudad. La segunda parte, en bronce, la batalla en sí y la heroicidad. Y la parte más alta es la más metafórica, la victoria».

El histórico paseo continuó por el Palacio de los Álava, en la Herrería, residencia del General Álava y su esposa Loreto de Arriola y finalizó en el Palacio de Montehermoso. Entre medias, los participantes descubrieron que durante la ocupación era la ciudad la encargada de pagar los calzoncillos a los soldados franceses y que también casi todo el pan se destinaba a ellos, lo que provocó muertes por hambre entre la población local.