Patrimonio del Casco Medieval

Mural situado en el cantón de San Francisco con la calle Cuchillería. /Igor Aizpuru
Mural situado en el cantón de San Francisco con la calle Cuchillería. / Igor Aizpuru
HUGO GARCÍAHitoriador del Arte

En los últimos días ha surgido el debate sobre los murales de nuestra ciudad, especialmente los pintados en el nuestro Casco Medieval. El modelo muralístico está presente en Vitoria-Gasteiz desde hace una década, por lo que forma parte ya de nuestra historia, de nuestro patrimonio. Se ha podido hacer mejor o peor, pero está hecho. No debemos olvidarnos de que las fachadas en las que se realizaron se encontraban, en su mayor parte, bastante degradadas. Lo que no me parece adecuado es que fachadas con un valor y en buenas condiciones sean pintadas ¿Por qué surgen ahora las voces críticas? ¿Por qué no se ha cuestionado el muralismo antes? Si surge ahora el debate quizá sea porque este modelo se encuentra ya acabado o quizá sean otros los motivos. Lo poco agrada y lo mucho cansa y sí que es verdad que en el Casco Medieval tenemos ya varios murales. ¿Muchos? ¿Pocos? ¿Suficientes? ¿Adecuados? En cualquier caso, espero que no se produzca un ataque de iconoclasia que destruya estos murales, por si a alguien se le había ocurrido.

Pero creo que con este debate se está desviando el foco del problema real de nuestra Almendra. En ella tenemos un patrimonio sin explotar, la ciudad vive de espaldas a ella, no la conoce y cuando esto ocurre, difícilmente se puede amar o difundir. Víctor Hugo en su obra Notre Dame de París pone a nuestra ciudad como ejemplo medieval, pero ¿qué queda en Vitoria-Gasteiz de lo que vio el escritor francés? Monumentalmente hemos perdido la parroquia de San Ildefonso, los conventos de Santo Domingo y San Francisco o la casa de los Abendaño o la llamada de los Cubos, entre otras muchas cosas. Lo perdido nunca lo podremos recuperar.

Afortunadamente conservamos mucho patrimonio, escultura gótica de gran calidad en nuestras iglesias medievales, palacios renacentistas, un retablo de Gregorio Fernández… Se ha recuperado, de una manera ejemplar, con sus luces y sus sombras como todo proyecto de esta envergadura, la Catedral de Santa María. En la segunda mitad del siglo XX se pusieron en valor espacios como la plaza ante el palacio de Escoriaza-Esquível o la torre de Doña Otxanda entre otros. Fueron recreaciones románticas que en el siglo XXI las hubiéramos hecho de otra manera, pero se recuperaron espacios para la ciudad.

Cuando paseo por la Almendra se me cae el alma a los pies al ver las condiciones en las que se encuentra el Palacio de los Maturana, fue una pena que se frustrara el Centro de Patrimonio que estaba proyectado para este edificio, el de Escoriaza-Esquível o el de los Álava. Creo que se perdió una oportunidad de dar vida a nuestra parte antigua cuando se decidió hacer un edificio de nueva planta para las oficinas municipales en San Martín.

En su día proyectos como las rampas mecánicas generaron polémica, pero con el paso del tiempo, poca gente duda de su practicidad. Tampoco se veía con buenos ojos, por parte de algunos sectores, el edificio del Museo de Arqueología que está perfectamente integrado en el Casco Medieval. En nuestro ADN está el cuestionar todos los proyectos y eso, finalmente, nos lleva a que muchas ideas para seguir construyendo ciudad se queden en el tintero.

Hay que mirar al futuro con esperanza. Uno de los edificios históricos, el de los Ruiz de Vergara, parece que va a ser el Antzoki, una primera piedra sobre la que construir un Casco Medieval al que hay que dotar de vida, de contenido y remar todos en la misma dirección para que, como el ave Fénix, resurja de sus cenizas. Es muy importante conservar el patrimonio que nos legaron las generaciones pasadas para dejarlo en las mejores condiciones a los vitorianos del futuro.

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