Palidece el debate

Pasajeros abandonan el tranvía a su llegada a la parada de Parlamento./Jesús Andrade
Pasajeros abandonan el tranvía a su llegada a la parada de Parlamento. / Jesús Andrade
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Es curioso el asunto del tranvía. No el que llega a la Malvarrosa, del que escribió el valenciano Manuel Vicent. Me refiero al de Vitoria. Hay barrios levantados en protestas contra el metro ligero. Y luego están los moradores de otros distritos que bien lo querrían para ellos. Que lo pagan a escote, como los demás, pero sin aprovecharlo porque para cuando los pies les llevan hasta Lovaina o Sancho el Sabio se plantan en la Virgen Blanca casi sin quererlo. Les sirve, y muy bien, a los empadronados en los distintos afluentes que componen Lakua y en Abetxuko, esa demarcación de reminiscencias rurales al otro lado del río.

A la década de sembrar la capital alavesa de raíles palidecen los debates sobre la rentabilidad del tranvía. Y cuando los temas abordan el interés público se requiere amplitud de miras. Quizá el gusano verde no salga a cuenta económica, pero caben pocas dudas acerca de su éxito en la movilidad del personal. Sólo hace falta observar su paso más rápido de lo que aparenta para entender que transporta mucha gente a diario. A su triunfo, dígase que incontestable, le ayuda la condición de monarca absoluto del transporte rodeado de prebendas. Preferencia en cada cruce, semáforos cerrados a la carta dos minutos antes de su advenimiento y otros tantos después y ese avance tan efectivo. Alfombrarle las calles causa molestias durante los trabajos, desde luego, pero una vez en marcha a ver quién es el rebelde que se baja.

El metro ligero llegó para quedarse. De ahí que se anuncien ciertas labores, que encabronarán a la peña mientras rompen, con el fin de mejorar el servicio. Los nuevos convoyes, más largos, necesitan andenes correspondientes a sus dimensiones y, de paso, la amplitud de las paradas otorgará la razón efectiva -la teórica ya la otorgaron los tribunales- al censo de discapacitados que bramó con todas las de la ley contra las normas del Gobierno vasco que ídem se saltó a la torera.

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