De Normandía a Sancho el Sabio

El histórico avión fue la sensación de la jornada bajo la pérgola de Sancho el Sabio. /Igor Martín
El histórico avión fue la sensación de la jornada bajo la pérgola de Sancho el Sabio. / Igor Martín

El Aeroclub Heraclio Alfaro celebra el 125 aniversario del célebre aviador con un Auster MK5 que participó en el 'Día D'

Jorge Barbó
JORGE BARBÓ

Lanchas rápidas cortan un mar embravecido. Una a una, se van abriendo las compuertas para que más de 156.000 soldados aliados se dirijan a una muerte casi segura. Sin tiempo ni para llegar a pisar la arena, una lluvia de metralla les comienza a caer encima. Al final de la mañana, 50.000 acabaron acribillados. Ocurrió el 6 de junio 1944 en playa Omaha, el nombre en clave de los ocho kilómetros de costa golpeados por las olas del Canal de La Mancha en Sainte-Honorine-des-Pertes. Desde el cielo, el Auster MK5 fue testigo hace más de 74 años de uno de los momentos más cruciales de la historia. Rodeado de bastante menos épica, este avión, una pequeña joya de la aviación moderna, 'aterrizó' ayer en pleno Ensanche de Vitoria. Sin bombas silbando, ni obuses estallando, pero con niños gritando extasiados y gente dando voces en plena hora del vermú. Ayer volvió a vivir su 'Día D'.

El Aeroclub Heraclio Alfaro desempolvó el vetusto avión, lo sacó del hangar del olvido y lo mostró a los vitorianos bajo la pérgola de la calle Sancho el Sabio. La iniciativa, que causó la sensación de los vecinos, forma parte de la conmemoración del 125 aniversario del nacimiento del celebérrimo ingeniero aeronáutico y aviador alavés, que da nombre al club de altos vuelos.

Pedro Salgado, a los vetustos mandos de la aeronave.
Pedro Salgado, a los vetustos mandos de la aeronave. / Igor Martín

Al husmear en su interior, sentado en uno de esos asientos tapizados en escay carmesí, uno se siente como una suerte de Saint-Exupéry belicoso. Los mandos del avión recuerdan al manillar de una bicicleta ochentera, como aquella que conducía Pancho en 'Verano Azul'. El panel se reduce a unos rudimentarios indicadores de altitud analógicos, a una brújula y a una vetustísima radio. Poco más. Cuesta muchísimo hacerse a la idea de que este cachivache de madera y tela, que las balas podrían atravesar con la misma facilidad que un bloque de mantequilla, fuera capaz de participar en misiones cruciales en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Pero vaya si lo hizo.

Sin GPS

«Es un avión ligero, que puede volar durante muchas horas, por eso se utilizaba para realizar labores de reconocimiento, para detectar las posiciones enemigas», explica Pedro Salgado, convenientemente vestido con su mono de aviador caqui, un poco como Tom Cruise en 'Top Gun'. Salgado, apasionado de las alturas, explicaba ayer cómo se realizaba la complejísima labor de repostaje del aparato, cómo los propios pilotos llevaban bidones de combustible en la parte trasera para alimentar ese motor Boxer de cuatro cilindros y cómo se las ingeniaban para guiarse al sobrevolar el mar, sólo con la ayuda de una brújula y su intuición. «Eran unos verdaderos navegantes, tenían mucha pericia», resuelve.

Normandía no fue el único episodio de la Segunda Guerra Mundial en el que participó el Auster MK5. Su liviana silueta sobrevoló también la campaña de África. Participó en el escuadrón 651 de la Royal Air Force británica en Egipto. Tras prestar servicios, pasó a formar parte de la flota del aeroclub vitoriano, cuyos socios acabaron perdiéndole la pista hasta que hace unos años lo localizaron en un almacén de Alsasua. Ahora buscan financiación para restaurar esta joya histórica. Para que vuelva a surcar los cielos. De Normandía al corazón de Vitoria.

El aparato realizó labores de reconocimiento, claves para el éxito del bando Aliado en 1944 Histórico

 

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