Naturalidad

La apuesta de la cooperativa vasca por facilitar empleos a una población activa que suele toparse con dificultades suplementarias se merece un reconocimiento público y el aplauso sincero

Un trabajador de Indesa en la lavandería./Eduardo Argote
Un trabajador de Indesa en la lavandería. / Eduardo Argote
ÁNGEL RESA

Laura, una de las relatoras de la historia que escribe el compañero en estas páginas, acierta con la palabra precisa. Ella, una de las veintisiete personas 'discapacitadas' que atienden los dos supermercados en régimen de franquicia con Eroski de las calles Manuel Iradier y Libertad, clava el dardo inocuo en el círculo medular e interior de la diana. Habla de que esos trabajadores de los dos sexos y también, por supuesto, la clientela de ambos establecimientos vean la labor de los representantes de Gureak en cajas y estantes con «naturalidad».

Andamos con un celo absoluto de no pisar heridas mediante el uso del léxico aplicado a quienes padecen problemas físicos, intelectuales o sensoriales que condicionan para peor sus vidas. Aunque en esos sectores de la población tocados por los dedos de la adversidad abunda un coraje admirable que bien harían en inocular a otros, quizá plañideros sin causas reales. La apuesta de la cooperativa vasca por facilitar empleos a una población activa que suele toparse con dificultades suplementarias se merece un reconocimiento público y el aplauso sincero. No en términos de caridad y pobrecitos ellos, sino por el hecho justo de ofrecer contratos a una demografía capacitada para esos puestos que de este modo puede insertarse en la rueda laboral. Y no todo el mundo se moja por la causa.

Ya hay precedentes en este asunto, como el caso concreto de Indesa. La firma dependiente de la Diputación alavesa se nutre de personas con discapacidades para limpiar y mantener edificios públicos y de su plantilla saldrán quienes regenten a diario la cafetería del aeropuerto de Foronda, ese espacio inerte desde hace años con los taburetes alineados a falta de culos que ocuparlos. Es un modo de entender que la rentabilidad social tampoco ha de reñirse con la económica si cada cual ocupa puestos para los que tiene aptitudes probadas. La vieja canción narra el viaje de Santurce a Bilbao, pero aquí se trata de una etapa que comenzó en Azpeitia y cuelga en Vitoria la pancarta de meta.

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