Mendiola insiste en retirar la cruz de Olárizu

La Cruz de Olárizu ha sido este lunes el destino de miles de romeros alaveses. /Rafa Gutiérrez
La Cruz de Olárizu ha sido este lunes el destino de miles de romeros alaveses. / Rafa Gutiérrez

El concejo defiende que su «decisión es legal y legítima» y duda de que necesite permiso municipal para derribar o trasladar el monumento

José Ángel Martínez Viguri
JOSÉ ÁNGEL MARTÍNEZ VIGURI

Mendiola hizo coincidir la celebración este lunes de la romería de Olárizu con su primera exposición pública después de que trascendiera su idea de derribar o retirar la cruz del monte de su propiedad por apreciar en ella un vestigio franquista. A la par que los primeros romeros ascendían el cerro, a muy poca distancia la junta administrativa y la comisión creada para acabar con el monumento insistían en sus intenciones. «Mendiola ha tomado una decisión legal y legítima y exigimos respeto», proclamó Koldo Camón, uno de los promotores. Le acompañaron cinco miembros del concejo y del colectivo y le secundaron quince vecinos y el regidor de Urbina.

Los impulsores están convencidos de ejecutar el «mandato democrático» emanado del pequeño pueblo. Se adoptó en una segunda asamblea el 15 de abril tras «un debate sereno y enriquecedor» con el resultado de «una amplia mayoría» a favor de «retirar o derribar la cruz franquista». Otras dos propuestas menos severas fueron rechazadas. A día de hoy, al cabo de cinco meses, el concejo aguarda a que el Ayuntamiento de Vitoria, al que pertenece, le traslade en privado lo que ya ha desvelado en público, su negativa al derribo, antes de avanzar con «un proceso que ya veremos dónde culmina», dijo Ibon Urizar, fiel de hechos (secretario) de la junta.

En realidad, Gorka Urtaran ya se ha pronunciado. El miércoles, a los pies de Olárizu, sentenció que el monumento seguirá ahí. Añadió que, aconsejado por los servicios jurídicos, denegará el permiso de obra si Mendiola lo solicita e inauguró un panel que explica la razón religiosa y su apropiación por la dictadura. Por «respeto mutuo» y pese a la postura contraria municipal, Mendiola espera la respuesta del alcalde.

Mientras, dice estar abierto «a un acuerdo con el Ayuntamiento, que es lo que queremos, que pasa por el derribo de la cruz o por moverla». Ahora bien, aceptaría la reposición fuera de sus dominios y hasta contempla, dijeron sus promotores, levantar en su lugar «otro tipo de símbolo», siempre que sea de su elección, pero sin precisar cuál.

Mendiola admitió en su comparecencia que no ha tramitado permiso alguno para proceder a la eliminación de la figura. Y duda de que lo necesite. «No hubo licencia para su construcción. Sería raro que haya que pedirla para su derribo», se pronunció Camón a título personal. «No la tenemos como propiedad ni está inventariada», terció Urizar cuando se le preguntó por el deterioro de la cruz y la responsabilidad de su reforma. «No es nuestra», añadió. «Alguien la puso ahí. No consta ninguna cesión de suelo ni convenio».

Reproches

Aunque el concejo se ofrece al diálogo tras insistir en su desafío, se mostró, en cambio, muy crítico con el Ayuntamiento. Le acusó de abrir la espita de la polémica y de no hacerle partícipe en sus inicios de la recuperación de la Memoria Histórica en torno a la Cruz de Olárizu, y eso que valora los otros pasos dados en Vitoria para condenar el régimen franquista. «Las filtraciones producidas solo han tenido por objeto desacreditar al concejo, a poner a la población gasteiztarra en nuestra contra y a promover el linchamiento mediático de nuestro pueblo», denunciaron.

La localidad, de 210 habitantes y de marcado carácter residencial pese a su pasado rural, se hace cargo de que «una parte de la ciudadanía vitoriana» desconocía la propiedad del terreno y la simbología de la figura. Razones de más, dicen en Mendiola, para mantenerse firmes en el «objetivo de la lucha por la recuperación de la Memoria Histórica». Y en este sentido, valoran el trabajo de la historiadora Virginia López de Maturana, aunque le reprochan que en 2015 dijera que la referida cruz era «uno de los últimos vestigios franquistas» en Euskadi y que ahora remarque su concepción religiosa.

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