Un mercenario alavés a las órdenes de Enrique VIII
Las crónicas inglesas elogian la figura de Pedro de Gamboa, que puso su espada al servicio del que más pagaba y murió asesinado por sus compatriotas
Las crónicas inglesas del siglo XVI aportan, en una minuciosa y sorprendente descripción, el triunfo y la muerte de un gran personaje alavés, desconocido en ... el País Vasco. El gran investigador Julio-César Santoyo escribió una monografía extensa sobre este militar del que se ignora todo antes de pisar la Gran Bretaña pero que al llegar allí se convirtió en un actor fundamental de las guerras de Enrique VIII.
Antes de la documentación inglesa que nos desvela Santoyo en el libro 'Sir Pedro de Gamboa: andanzas, desventuras y muerte de un capitán vasco (1545-1550)', editado por la Fundación Sancho el Sabio, no se sabe nada de él. Incluso allí se le conoce como 'el vizcaíno', pero este es un apelativo que se aplicaba a todos los vascos en general ya fueran de Álava, de Bizkaia o de Gipuzkoa.
Gamboa es un apellido típicamente alavés. Deriva de un topónimo que nos da la pista según el investigador. El municipio de Gamboa desapareció al construirse sobre algunos de sus pueblos el embalse de Ullíbarri-Gamboa. Se ahogó ese territorio bajo las aguas pero el nombre da continuidad histórica al que fue uno de los valles más hermosos de Álava, ahora convertido en un grandioso y singular paisaje de agua y vegetación.
El apellido, sin embargo, ya estaba muy extendido por todo el País Vasco en el siglo XVI. Miguel de Cervantes convierte a cierto Juan de Gamboa, vizcaíno, protagonista de la novela 'La Señora Cornelia', junto con Antonio de Isunza, otro apellido alavés. Cervantes tuvo una importante relación laboral y amistad con los Isunza de carne y hueso. Uno de ellos lo contrató a su servicio en la recaudación de impuestos
Lo que se sabe es que había servido al menos once años como capitán de los ejércitos de Carlos V con anterioridad a 1545. Nuestro personaje debió nacer en los primeros años del siglo XVI. Contaría pues con 45 o 50 años cuando fue asesinado en Londres.
Un documento lo coloca residiendo en Madrid, como tantos soldados vascos. Pero no se menciona ni mujer ni hijos. Tenía un carácter fuerte, un poco ensoberbecido, pendenciero, vengativo y desabrido, pero capaz al mismo tiempo de crear a su alrededor fuertes simpatías y amistades. Fue desertor y homicida en un ejército, pero jefe supremo de las fuerzas extranjeras en otro.
Como militar debía ser excelente cuando el mismo rey de Inglaterra Enrique VIII y Edward Seymour, Lord Protector o regente a su muerte, le confiaron a lo largo de cuatro años y en un país protestante la capitanía de los mercenarios en las distintas operaciones bélicas en las que se vio envuelta la monarquía de los Tudor.
Fiel servidor del Rey
Enrique VIII le nombró caballero por méritos personales y le obsequió con abundantes y repetidas gratificaciones de dinero y tierras. Sir Henry Knivet, uno de los ingleses que más le estimaron, escribía desde París: «Pedro de Gamboa era el servidor más fiel que jamás tuviese rey» y que «en toda la corte de Francia no había nadie digno de llevar siquiera la malla de Gamboa». Creía además que se trataba del «hombre más honrado que he encontrado en mi vida».
Fue su carácter, sin duda, y las continuas mercedes de las autoridades inglesas lo que desató la ojeriza sin límites y los frecuentes intentos de venganza de sus subordinados y compatriotas y lo que en definitiva precipitó su asesinato en una oscura callejuela londinense, a manos de Carlos y Baltasar Guevara, apellidos también alaveses.
En julio de 1544 Pedro de Gamboa, capitán de los ejércitos del emperador Carlos V se encuentra en la ciudad de Saint Dizier, una plaza fuerte que ha sido sitiada por una coalición de ingleses y españoles. 40.000 soldados asaltan las defensas de los 2.000 franceses que están cercados. Gracias a aquellos combates que terminan con victoria de la coalición sabemos que Gamboa ha sido herido de un arcabuzazo en las nalgas que le afectan también a un testículo. También se conoce que a raíz de estos hechos y por la mofa que pudo provocar el capitán alavés se peleó con otro soldado al que mató. Antes de ser juzgado, desaparece.
En febrero de 1545 el desertor alavés se presenta al gobernador de Calais, una pequeña extensión de tierra inglesa en Francia, para ofrecerle sus servicios. Como es hombre de experiencia es nombrado para mandar cuatro compañías de mercenarios españoles.
El rey inglés Enrique VIII manda llamar a estas unidades y tras conocer el historial militar de Pedro de Gamboa lo nombró maestre de campo ante el estupor de los otros capitanes, algunos de los cuales llevaban más tiempo que él como soldados al servicio de los ingleses.
Satisfecho con el resultado que le dan estos soldados de fortuna el monarca inglés manda al alavés reclutar más mercenarios en Flandes, lo que provoca un gran enfado por parte del emperador Carlos V que presenta una airada protesta ante los embajadores ingleses en Bruselas que así se lo transmiten a Enrique VIII con la advertencia de que si los declara rebeldes, a causa de los acuerdos entre ambos, no puede ponerlos a su servicio. Sin embargo, los británicos hacen caso omiso y los batallones de mercenarios crecen con la llegada de otros 700 hombres.
Gran estratega en el campo de batalla
El primer destino de estas tropas especiales es Escocia, donde existe una guerra intermitente entre monarquías. Allí se registran los primeros problemas con el alojamiento de las tropas entre familias escocesas. No hay que olvidar que también había mercenarios de origen alemán, italiano, borgoñón, irlandés y albanés. En este tiempo, los ingleses comprueban con distintos hechos la honradez extrema de Pedro de Gamboa.
Pedro Miguel, de 45 años, un alavés nacido en Acilu también formó parte de las compañías reclutadas por Gamboa, lo que demuestra el empeño de este en enrolar a todos los conocidos y compatriotas.
Indistintamente, el mercenario alavés y sus tropas luchan en los frentes de Escocia y en los de Calais contra los franceses. Gamboa se muestra como un gran estratega en el campo de batalla. En uno de los episodios, la batalla de Pimkie (1547), el capitán alavés, manda esconderse a 200 arcabuceros a caballo que tiene a su mando. Cuando el combate comienza a decaer por el cansancio de los contendientes aparece por sorpresa causando estragos en el enemigo. Por esta y otras acciones victoriosas le dieron el título de 'Sir', es decir, caballero.
No siempre conoció la victoria. En 1548 cuando trataban de levantar el asedio a la ciudad de Haddigan, Pedro y sus tropas fueron derrotados por los escoceses que solían contar con ayuda militar francesa.
Con el paso de los años, Gamboa se hizo imprescindible para los ingleses pero se fue enemistando con sus oficiales subordinados. Es el ejemplo de Carlos Guevara, con el que mantuvo una amistad inicial que se transformó en odio. Tras una riña personal, Guevara acudió al Conde de Warwick ante quien acusó a Gamboa de «robar al rey más de 5.000 ducados». El aristócrata mandó llamar a los dos para contrastar sus testimonios y se decantó por las acusaciones de Guevara. En ese momento, el Consejo Real creyó conveniente cesar al flamante maestre de campo.
La situación política inglesa, con rebeliones campesinas, favoreció el ascenso del Conde de Warwick, mientras el Lord Protector (regente ante la minoría de edad de Eduardo VI), que era el gran valedor de Gamboa, cayó en desgracia.
Retirado ya por las autoridades al frente de las tropas mercenarias el alavés pensó en la venganza contra su compatriota Guevara, causante de su desgracia. Y convenció a dos soldados españoles, Salmerón y Velasco, para que lo asesinaran.
Pero ya en Escocia donde estaban acantonadas las tropas, el que iba a ser asesinado los trató tan bien que los soldados acabaron confesando las intenciones que les habían llevado ante él. La trama urdida por Gamboa se volvió en su contra. Y cuatro hombres, Baltasar de Guevara, Carlos de Guevara, Francisco de Velasco y Nicolás de Salmerón, concibieron un nuevo plan para matar a Gamboa.
El asesinato
Durante el invierno de 1550 los cuatro conspiradores se trasladaron de Escocia a Londres. Tras vigilar durante unos días las rutinas del capitán alavés comprobaron que el mejor lugar y hora para darle muerte con impunidad era cuando regresaba de noche a su domicilio sobre las 8.30 acompañado por sus criados y algún amigo. La acción fue planeada para la tarde del 19 de enero.
Aquella noche, los cuatro emboscados vieron pasar puntualmente a Gamboa y su séquito. Dos criados que portaban teas, seguidos de dos acompañantes, el capitán Alonso de Villasirga y Antonio Vaca, el propio Gamboa y detrás, otros cinco criados. A pesar de que eran muchos, los asesinos tenían una ventaja. Todos iban en fila india bajo los anchos aleros de los tejados de la calle para resguardarse de la lluvia.
Los cuatro conjurados, embozados, saltaron desde su escondite una tapia y desenvainaron las espadas para lanzarse contra Gamboa. Las crónicas cuentas que al alavés no le dio tiempo ni a decir ¡Ay! Cada uno de ellos le debió dar tres o cuatro estocadas porque «tenía el malogrado trece muy malas, que cada una le pasaba de una parte a otra».
En la refriega cayeron heridos el capitán Alonso de Villasirga, que trató de defender a su amigo, y uno de los atacantes, Salmerón, que recibió un corte profundo en la frente que le asestó un criado.
Con un gesto de dolor quieto todavía en el rostro sobre el agua que empapaba las ropas y corría por el pavimento, yacía muerto Sir Pedro de Gamboa.
No hubo buen final para los asesinos. Fueron detenidos al día siguiente, 20 de enero, en su posada de Smithfield.
Cuatro días después, a las 9 de la mañana, una comitiva los condujo al patíbulo. En el camino y sobre la rueda del carro cortaron la mano derecha a Carlos Guevara en el mismo lugar donde había cometido el crimen. Luego, los cuatro fueron ahorcados.
Julio-César Santoyo llama la atención sobre el final trágico de los otros protagonistas de esta historia. Eduardo VI murió de tuberculosis a los dieciséis años, el 6 de julio de 1553. Edward Seymour, Lord Protector, amigo y valedor de Pedro de Gamboa, fue encarcelado en 1549 por orden del Conde de Warwick. Liberado poco después entró en prisión otra vez en la Torre de Londres el 16 de octubre de 1551 y fue ejecutado en enero de 1552.
Finalmente, el propio John Dudley, Conde de Warwick, amigo de Guevara y enemigo del maestre de campo, intentó proclamar reina a su nuera Jane Grey. La elegida finalmente fue la católica María Tudor y Dudley fue ejecutado (1554).
También hubo muertes violentas o por enfermedad entre los capitanes de Pedro de Gamboa como Cristóbal Díez o Pedro Negro. Otro Guevara, Juan, pariente de los dos asesinos, fue elegido nuevo maestre de campo de los mercenarios españoles. Cuando las tropas fueron licenciadas recibieron una sustanciosa gratificación y volvieron al continente. Pero Juan de Guevara se convirtió al anglicanismo y se casó con una mujer de familia noble, dejando numerosa descendencia.
No fue l caso de Julián Romero de Ibarrola, nacido en Cuenca de padres vascos, que volvió a Flandes en 1551. Romero, con aura de superhéroe, fue elogiado por poetas como Lope de Vega o Francisco de Quevedo por sus acciones valientes y sus duelos. Fue inmortalizado por El Greco.
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