«Tenemos una media de 10.000 objetos en casa; dejemos de consumir tanto»

Charo Morán, en una imagen de archivo./E. C.
Charo Morán, en una imagen de archivo. / E. C.

La bióloga defiende la necesidad de reordenar prioridades y recuperar el criterio ante los estímulos publicitarios

LAURA ALZOLA

La organización Setem Hego Haizea presenta mañana -Palacio de Villa Suso, 19:00 horas- la Factoría de Valores, un nuevo proyecto formativo centrado en la construcción de valores que aporten una conciencia crítica con la realidad global de injusticia y de crisis. Charo Morán, bióloga y coordinadora del área de Consumo en Ecologistas en Acción, será una de las participantes del acto de inauguración, en el que se dialogará acerca del impacto que tiene nuestra manera de consumir en las personas y el planeta.

-El consumo no da la felicidad. ¿Pero ayuda a alcanzarla?

-Hasta cierto punto, sí; después ya no. No somos autosuficientes, ni tenemos todos nuestro propio huerto, ni tejemos la ropa, así que es evidente que hay una relación entre los ingresos y la sensación de bienestar. Muchos estudios demuestran, sin embargo, que llegados a cierto umbral de satisfacción y comodidad, el consumo ya no aporta mayor felicidad. Todo lo contrario.

-¿Cómo nos afecta la generación del deseo por parte de las marcas?

-Brutalmente. Cada día nos llegan tres mil impactos publicitarios. En los transportes, en la calle, en los dispositivos electrónicos. Esto es una especie de gota malaya que nos va configurando los deseos. Se nos vende una forma individualista, hedonista y compulsiva de estar en el mundo.

-¿Se puede salir del consumo acrítico y compulsivo?

-No es fácil, pero sí. La estrategia está en pararnos a pensar qué es lo que nos hace verdaderamente felices. Somos una sociedad despilfarradora de tiempo para lo importante. Los que tenemos empleo, trabajamos cada vez más con el fin de adquirir más objetos y servicios. El consumo nos deja muy poco tiempo para la vida verdadera, la que merece ser vivida. La clave está en recuperar las prioridades, en ponernos un impermeable ante la lluvia de publicidad. Atesoramos una media de 10.000 objetos en nuestras casas, frente a los 236 de los indios navajos. Dejemos de invertir nuestro tiempo en consumir más y busquemos una vida plena.

«Somos una sociedad despilfarradora de tiempo para lo importante»

-¿Cómo compra una persona consciente?

-Primero, en general, compra menos. Segundo, descubre y frecuenta las redes relacionadas con el trueque, intercambio, reuso, reparación, etcétera. Y, tercero, como hay un mínimo de cosas que hay que comprar nuevas y consumir, piensa en cómo se han producido los artículos. Apuesta siempre por el consumo sostenible, justo, ecológico y de temporada, de cercanía, comercio de barrio…

-Hay quien ve los productos ecogicos o de comercio justo como un negocio más. Una moda, incluso.

-Es que en algunos casos es así. Cuando estos productos son sólo accesibles a las clases medias-altas estamos dejando fuera de las alternativas justas a muchísima gente. Tenemos que apostar por opciones que tengan criterio de sostenibilidad pero también el potencial de ser extensibles a todo el mundo.

-¿Es posible ser coherente sin quedarse al margen del sistema?

-No. En el presente, no podemos ser coherentes al cien por cien. Tendríamos que ser eremitas e irnos a vivir a una cabaña con cuatro palos. Pero no es esa la idea a perseguir, una vida que merezca ser vivida tampoco es eso. Estamos en un proceso. Por eso debemos ir manejando incoherencias mientras ganamos poco a poco parcelas de consumo alternativo y viable.

- ¿Y menos competitivo?

-Pues sí. Los cambios estructurales sólo son viables en comunidad. La actual sociedad de consumo quiere que seamos individuales y competitivos, cuando lo que verdaderamente nos hace felices y nos satisface es compartir la vida con otros en plenitud e igualdad. El éxito evolutivo del ser humano se basa en la organización colectiva, no en su superioridad física

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