Manuel Vilas: «Acabamos llevando una vida que no es la que queremos por miedo»

Manuel Vilas: «Acabamos llevando una vida que no es la que queremos por miedo»

El escritor ofrece este lunes una conferencia en el Villa Suso sobre 'Ordesa', la novela que se adentra en la historia reciente de España con una mirada autobiográfica

Ramón Albertus
RAMÓN ALBERTUS

'Ordesa' es un valle pirenaico que le encantaba al padre del escritor Manuel Vilas (Barbastro,1962). También es el título del libro que surge de la depresión del propio autor que habla de la pérdida, en tono autobiográfico. Hurgando en el recuerdo de sus padres, ya fallecidos. Y paseando por un divorcio y por el derrumbe de la clase media durante la crisis. 'Ordesa' es uno de los fenómenos literarios de 2018 que sigue sumando ediciones. Ya ha vendido más de 100.000 ejemplares. Vilas lo presenta en la tarde de este lunes 8 de abril, a las 19.00 horas, en el Palacio de Villa Suso con motivo del programa Días de Libro. La novela es también un ejercicio surgido de esa dificultad de estar solo y al mismo tiempo bien consigo mismo.

- La promoción de su libro se está alargando. ¿Cómo recibe tanto halago, tanta presentación?

- Llevo un año entero dedicado a este libro por lo que está reclamado por todo tipo de festivales, clubes de lectura, presentaciones. Vivo para este libro. Ahora se ha traducido en Italia, es un éxito y estoy todo el día en Italia ahora. Me ha sorprendido muchísimo la recepción del libro. En Portugal es un éxito igual, lo que pasa es que es un mercado más pequeño que el italiano. Parece que los países tienen mercados literarios en función del mercado económico (risas).

- ¿Cómo lo lleva?

- Yo lo llevo con emoción. Sobre todo por los lectores, Me produce un gran sentimiento de alegría porque los lectores quieren el libro. Por otro lado, me he dado cuenta de algo fundamental que muchos escritores olvidamos y es que sin lectores no existe la literatura. Esto parece un dos y dos son cuatro, pero a mí me parecía que la literatura tenía que ser minoritaria porque yo vivía también en esa burbuja en la que viven tantos españoles que pensaba que la literatura como es una excelencia estética y moral debía ser minoritaria.

- Y ha comprobado que es mentira.

- Es una de las grandes mentiras que existen en mi oficio. Me interesa decirlo porque hay escritores que se siguen creyendo que tiene que ser minoritaria para que sea elevada, verdadera, etc. En mi opinión es una percepción errónea y creo que los lectores son fundamentales para que podamos hablar de literatura. Esta operación de pensar que la literatura es una burbuja a la que solo tienen acceso 3.000 personas en España, que es lo que normalmente se piensa llegar en un libro literario, yo me he dado cuenta de que era una percepción errónea. Soy el primero que me censuro a mí mismo porque pensaba así. 'Ordesa' lleva 100.000 ejemplares y es un libro literario. Creo que la literatura sigue interesando.

- Aunque la pérdida de su padre y su madre centra el libro. En el libro se cuela una preocupación generacional: cómo se resquebraja esa idea de que una generación mejoraba a la anterior con la clase media menguante...

- Yo lo estaba viendo en la historia de este país que esta idea de la clase media... Hay sociólogos y politólogos que dicen que eso de la clase media...

- Que nunca ha existido.

- Sí. Que siempre fuimos proletariados o trabajadores. Que la clase fue un invento del capitalismo para tener a los trabajadores contentos. Eso lo he oído decir y va a más. Esa mirada es tal como está pasando. Lo que hemos visto en la crisis es un sálvese quién pueda de los políticos. Salvaron su culo y siguieron engrosando nóminas extraordinarias, mientras la clase media se iba al albañal, al pudridero. La gente se quedaba con salarios de mil euros euros y los políticos con salarios de seis mil Y eso ha sido la crisis económica fundamentalmente. Ya lo digo el libro, dime quién es tu padre, dime cuánto cobra y sabré quién eres tú. Hay dos situaciones: estar arriba o estar abajo. Ahora hay mucha ideologización del mundo y creo que está bien, pero el resumen es o estás arriba o estás abajo.

-Aparece numerosas veces la palabra pobreza en 'Ordesa' y no tiene que ver estrictamente con pasar hambre.

- Algunos lectores han confundido esa palabra. No es pobreza de no tener para comer. Es un sentido de que no te va bien Y no te acaba de ir bien. Algunas veces me han dicho es que usted no pasaba hambre. Y yo: no, no pasaba hambre, en mi casa, en los 70 y 80, nadie pasaba hambre. Cuando hablo de pobreza digo que a mi padre no le iba bien. No conseguía cambiarse de coche, comprarse un piso… No es pobreza, pero yo lo viví como algo terrible que pasaba en mi casa.

La literatura como espejo

- Dejó de ser profesor de instituto donde tenía asegurada una plaza y un sueldo fijo. ¿Fue un salto al vacío o ya la escritura daba le daba para sobrevivir?

- No, no. Tenía responsabilidades, dos hijos. Fue un salto al vacío y un riesgo importante que me salió bien. Y aunque me hubiera salido mal es que me daba igual. Pasa en esta sociedad. Acabamos llevando vidas que no son las que queremos por miedo porque vivimos todos compungidos y aterrados porque no tengamos donde caernos muertos. Eso nos hace aceptar vidas que no son las que querríamos. Y de eso también se habla en el libro. Me di cuenta de que si con 50 y tantos años no elegía lo que quería me iba a morir sin intentarlo.

- Escribe acerca de problemas personales, entre ellos el alcoholismo, la pederastia, la pérdida de los seres queridos... ¿Se le han acercado lectores a contar esos problemas emparentándose de alguna manera con usted?

- Siempre ocurre en la literatura. El lector tiene que encontrar una emoción. Escribes desde un sitio pero con ánimo de que tu emoción acabe siendo la del lector. Yo hablo de mis padres y de mis problemas personales, pero no con ánimo de exhibir mi vida ni como una exhibición banal… Es con ánimo de decir esto ha sido mi vida y si la tuya ha sido como la mía, pues mira. Eso ha pasado. Todos somos hijos, todos hemos tenido problemas en la vida porque vivir es tener problemas. Entonces el libro funciona como un espejo. Abres el libro y te encuentras contigo mismo. Eso no es un hallazgo en mi libro. Es la historia de la literatura que es un espejo donde la gente se mira. Lees libros porque encuentras en ellos el reflejo de tu propia alma, de tu propia emoción y de los sentimientos, frustraciones y alegrías más íntimas que recorren tu ser. Es la razón por la que sigue leyendo 'Madame Bovary', 'El Principito', 'Fortunata y Jacinta' o cualquier novela.

- ¿Y ha habido lectores que han compartido sus problemas con usted?

- Me ha pasado muchísimo. El libro sirve para que el lector me cuente sus propias vivencias de las cosas que se cuentan en la novela. Son emociones muy íntimas las que el libro toca y entonces el lector siente la necesidad de hablar. Creo que tampoco es patrimonio de este libro. Cuando veo una película que me ha tocado enseguida tengo que recomendarla a un amigo… Cuando algo nos toca tenemos una necesidad de contarlo a nuestra pareja, padre, hermano o quien sea. Hay una urgencia de comunicarlo. Es una de las cosas del arte más bonitas: la necesidad de compartir algo que te ha tocado.

- ¿No llega a abrumar la cercanía con la que el lector se le acerca?

- No, no porque es humano. Si fuese una cosa artificial… pero la emoción es humana. La gente me viene y me he sentido a veces acogido en familias que no son las mías. A veces viene un lector y es como si me quisiera. Como si me viese como huérfano y me dice 'oye, vente a mi familia'. Eso es bonito. A veces sí que me abruma en el sentido de que no puedo acceder a tantas personas porque estoy firmando libros y no puedo atender a tantas personas porque no tengo tiempo. Ahí lo paso un poco mal. Pero estoy encantado.

-Hay escritores como Juan Manuel de Prada que hablan de un tapón literario. Ya no salen tantos nombres...

-Tiene más razón que un santo ahí. Yo creo que a mi generación no le han dado una oportunidad sana. Así como enseguida a escritores mayores fueron enseguida aceptados en el sistema literario, nuestra generación no. Nos ha costado mucho a los escritores nacidos en los 60.