Homenaje a clásicos de la hostelería vitoriana

Las manos que nos daban de comer

lberto López de Ipiña, Juanjo Martínez de Viñaspre 'Anemias', José Luis Luzuriaga (Felipe), Luchi Santamaría (Villa Lucía), Paco Sánchez (Everest), Adita Asarta y Luis Mari Puelles (El Rincón de Luis Mari). Falta en la imagen Kakel González (La Casa del Patrón de Murgia)./JESÚS ANDRADE
lberto López de Ipiña, Juanjo Martínez de Viñaspre 'Anemias', José Luis Luzuriaga (Felipe), Luchi Santamaría (Villa Lucía), Paco Sánchez (Everest), Adita Asarta y Luis Mari Puelles (El Rincón de Luis Mari). Falta en la imagen Kakel González (La Casa del Patrón de Murgia). / JESÚS ANDRADE

El Zaldiaran rinde homenaje este lunes a ocho clásicos de la hostelería vitoriana. Sin ellos, Vitoria hubiera sido mucho más sosa

Sara López de Pariza
SARA LÓPEZ DE PARIZA

«Vosotros habéis sido tan queridos porque habéis hecho disfrutar mucho a la gente, y eso es precioso. Os debemos mucho de lo que la hostelería significa ahora mismo en Vitoria». Gonzalo Antón da la bienvenida a su 'casa' a los ocho homenajeados del universo gastronómico local para los que este lunes se ha organizado una cena a la que acudirán cerca de 200 invitados. Sentados alrededor de una mesa del Zaldiaran recuerdan sus inicios, anécdotas y los mejores momentos de toda una vida dedicada a los fogones. Hay momentos para la emoción, las risas y también alguna que otra lagrimilla, siempre de felicidad.

Luis Mari Puelles rememora cómo comenzó a servir con 15 años en el Círculo Vitoriano y una de sus primeras meteduras de pata cuando solo era un chaval. «Vino Carmen Polo a una corrida de toros y yo había insistido para que me llevaran. Ella me pidió un vaso de agua y se lo llevé rápidamente, me cayó una bronca monumental por saltarme el protocolo», cuenta. Luis Mari se enamoró después de Adita Asarta y juntos llevaron el bar de la antigua estación de autobuses antes de fundar El Rincón de Luis Mari. «Hemos sido muy felices y hemos trabajado mucho. Uno de los días que más, en fiestas, recuerdo preparar más de 600 serranitos», dice Adita.

Paco Sánchez, nacido en Riogordo (Málaga) vino a Vitoria cuando solo era un niño. Pasó por el hotel Canciller Ayala y el General Álava hasta que en 1972 abrió el Everest en la Avenida de Gasteiz. «Ha sido el más golfo pero el más simpático de la hostelería vitoriana», se escucha durante la conversación. Él recuerda que «cuando venía Rocío Jurado a actuar a La Kokett nos pasábamos toda la noche de cante, pero a las ocho de la mañana la tenía que llevar a Los Ángeles a misa».

José Luis Luzuriaga, sobrino de Felipe, ha sido otra institución. En 1958 abrieron el restaurante en La Cuesta. «Entonces la situación era complicada y había muchas broncas. Si había 'lío' y no teníamos clientela la policía nos decía que pasáramos la cuenta al gobernador», recuerda. A sus 86 años, Luchi Santamaría, continúa al pie del cañón en el espacio Villa Lucía de Laguardia. «Me levanto a las seis y media de la mañana y hago los pedidos, también sigo haciendo rosquillas, torrijas… lo que sé». En el año 86 empezó tras la barra del Altair, en la Avenida. «Había muy buen ambiente. Sentábamos a la gente en mesas corridas, de allí han salido muchas parejas».

En el homenaje de este lunes también se reconocerá la labor de Kakel González al frente de La Casa del Patrón, en Murgia; de Juanjo Martínez de Viñaspre 'Anemias' por su contribución de llevar la alta cocina a las sociedades gastronómicas y de Alberto López de Ipiña.

Las claves

Luchi santamaría, Villa Lucía de Laguardia
«En el Altair, en la Avenida, sentábamos a la gente en mesas corridas, de allí han salido muchas parejas»
Adita Asarte, El Rincón de Luis Mari
«Hemos sido muy felices y hemos trabajado mucho. Un día prepararamos unos 600 serranitos»
Paco Sánchez, Everest
«Hemos sido muy felices y hemos trabajado mucho. Un día prepararamos unos 600 serranitos»
José Luis Luzuriaga, Felipe
«En La Cuesta, si había 'lío' y no había clientes, la policía nos decía: 'Pasad la cuenta al gobernador'»