Llodio coge con ganas a San Roque

Llodio coge con ganas a San Roque

Miles de vecinos asisten al chupinazo en la Herriko Plaza y llenan las calles en el primer día de fiestas

JULEN SOLAUN

Llodio, pueblo de tradiciones, cumplió con todas y cada una de las expectativas depositadas en el chupinazo. Música, ruido y miles de personas en la Herriko Plaza que aprovecharon el petardo inicial del ciclo festivo para brindar por todo lo alto.

Hasta el cohete que prendió las fiestas se lanzó con estilo. El lanzador, integrante de la cuadrilla Kuxinak Tripotxan, se sacó del bolsillo un gran cigarro liado. Todo esto, claro, en pleno balcón del Ayuntamiento, al lado de los máximos representantes de la localidad y frente a una muchedumbre ansiosa y ya con algunos brindis encima, a pesar de la hora, las doce en punto de la mañana. Total, que, con toda la calma del mundo, echó un par de caladas al cigarro y con la punta incandescente encendió la mecha del petardo. El cohete voló y San Roque se convirtió en el rey de Llodio.

Pero vayamos por partes. El día se levantó encapotado, lluvioso. Nadie quería un chupinazo bajo el agua. Mucho menos camareros como Aleix Unzaga, que tuvo que trabajar durante toda la tarde y parte de la noche: «Hoy estamos todo el día a tope, a reventar. La cosa es que si llueve la gente se quedará dentro de los bares. El día 15 siempre es un caos, pero hay que intentar que sea un caos organizado». Por suerte, escampó después y seguramente Aleix piudo trabajar más cómodo.

A partir de eso de las diez de la mañana, la cuadrilla Baldarrak organizó un desayuno popular al que acudieron cerca de 250 jóvenes. El menú era variado y rico; grasiento, insano, excesivo, pero rico. Los organizadores sabían a lo que iban: «45 tortillas de patata, 100 sándwich mixtos, 100 de Nocilla, 350 txoripanes, 60 botellas de sidra y 80 litros de sangría». Tanto arsenal resultó ser un éxito y lograron salir victoriosos de la batalla porque no dejaron nilas migas. Además, todo el mundo sabe que no hay nada mejor que la sangría para maridar con la Nocilla.

Pero, claro, todo acto tiene su consecuencia. El volumen de las conversaciones fue en ascenso exponencial y brotaron las primeras discusiones sobre la gestión de Zidane al frente del Real Madrid, uno de los temas estrella del verano. A todo esto, un miembro de la cuadrilla Azkenak, la antepenúltima en crearse, se pegó una pegatina merengue en el traje tradicional de las fiestas. Nadie le increpó; pueblo tolerante, este.

Más serenos estaban, más cerca de la hora del chupinazo, Enrique y Txanin Martín, Pablo Muñoz y Txetxu Goikoetxea, cuatro de los miembros de la cuadrilla Erraldoiak, que, como su propio nombre indica, los responsabiliza de pasear los gigantes por todo el pueblo. El mayor de los Martín, Txanin, empezó a llevar las figuras a los 17 años, y tiene 62. Todos ellos tenían claros sus quehaceres al terminar el pasacalles: «Comeremos en cuadrilla, luego echaremos una partida al mus, y a las siete iremos al parque a merendar», sentenciaron. Lo dicho, Llodio es un pueblo de tradiciones. «Y por la noche echaremos unos bailes hasta que el cuerpo aguante. No creemos que sea mucho», señala Txanin entre risas y con un toque pícaro.

Vaquillas y La Fuga

Y es que resulta necesario dosificar en unas fiestas como Llodio, partidas en dos fases y que precisan de largo aliento para llevar entero al final. Hoy, huérfanos de la tradicional novillada que se eliminó en 2017, propios y extraños podrán paliar su nostalgia con el encierro de las vaquillas (12.30). Por lo menos, se verán cuernos. Y por la noche está programado uno de los conciertos señalados de los sanroques. Los rockeros de La Fuga tocarán desde las 23.00 en la Herriko Plaza. El trío presentará ante el público llodiano su noveno trabajo, 'Humo y cristales'. Con 900 directos a sus espaldas constituyen una de las apuestas seguras del menú festivo.