Llodio cuaja los Sanroques

Los cocineros se afanaron en preparar tortillas y conejo bajo un intenso sol. /SANDRA ESPINOSA
Los cocineros se afanaron en preparar tortillas y conejo bajo un intenso sol. / SANDRA ESPINOSA

El concurso de tortilla de patata y conejo reunió a cientos de participantes

JULEN SOLAUN

Los Sanroques cuajaron ayer la fiesta. En su punto. El concurso de tortilla de patata y conejo que se celebró en Llodio reunió a cientos de participantes. Por allí pulularon guisanderos de tres tipos: los que sabían cocinar, los que no y los que se centraban en sobrevivir tras una larga noche de farra. Estos últimos, muchos más de los esperados, fueron los grandes protagonistas de la jornada. Como si de una partida del videojuego Fortnite se tratase, el objetivo era mantenerse en pie entre los fogones. ¿Qué podía salir mal?

Pero antes de narrar las gestas de los héroes que prefirieron guisar que dormir, es preciso informar sobre la participación de los que de verdad querían hacerlo bien. O, por lo menos, de forma serena. Por ejemplo, los del grupo Txakoli Bidaiak. Cocinaron cuatro conejos y dos tortillas. Entre medias, aderezaron la mañana con embutidos ibéricos, según especificó Maritxu Martínez, una de las cocineras: «La calidad es lo primero». Y tanto.

Aunque Llodio no es 'MasterChef', aquí también hubo premio. El galardón, de 150 euros, se lo llevó la cuadrilla Larratoki, que consiguió seducir a un jurado que -para su desgracia- tuvo que probar todas y cada una de las cien tortillas y conejos que se prepararon. Incluida la de los inquilinos de la parcela 39, unos jóvenes nocturnos que, de gaupasa, allí que se fueron a cocinar.

«Nos ha tocado cocinar en todo el 'solamen'», se quejó uno de los jóvenes aspirantes, achicharrado, mientras le caía Lorenzo a plomo. Hay que reconocer que los chavales iban bien preparados para el asunto: dos conejos, dos fuegos, aceite, patatas, huevos, y verduras y hortalizas a mansalva. Pero algo salió mal. Muy mal. Para explicar por qué su receta a punto estuvo de acabar en tragedia hay que remontarse a la tarde del 14 de agosto, día previo al chupinazo.

Eran casi las nueve de la noche, todavía no tenían la materia prima para el concurso y los dos siguientes días iban a ser festivos en Llodio. A todo correr, compraron lo necesario y metieron las bolsas con la comida en el maletero del coche. Y allí se quedaron. Para cuando rescataron el conejo ya era tarde. Ni cortos ni perezosos, intentaron cocinar al pobre animal, que más que muerto estaba podrido. Obviamente fue imposible, así que una pequeña avanzadilla tuvo que ir al supermercado más cercano a por otro conejo. Por fin estaba todo en orden y fluía a un ritmo aceptable, dados los precedentes. Todo esto, por supuesto, con la inestimable colaboración del padre de uno de los noctámbulos cocinillas.

Una tortilla imposible

Y llegó el momento estrella de la mañana, la hora de hacer la tortilla. Frieron las patatas rápido. Los huevos les dieron más problemas. Cascarlos les supuso toda una odisea que terminó con varias cáscaras dentro del cuenco en los que se iban a batir. Sacarlos fue complicado. No había infraestructura acorde con las circunstancias y, tras lavarse bien las manos, varios colaboraron y los sacaron con la mano. Para más inri, Eneko Sánchez, el encargado de dar la vuelta a la tortilla, no tuvo su mejor actuación y, a la primera de cambio, la mitad terminó en el suelo. Así que no les quedó otra que volver al súper a por más huevos. Por suerte, habían frito patatas suficientes para hacer otra tortilla.

Esta vez, todo parecía que marchaba sobre ruedas. Hasta que otro individuo, que pidió permanecer en el anonimato, decidió dar la vuelta a la segunda tortilla, tras la renuncia de Sánchez. El resultado fue el mismo y la mitad volvió a caer al suelo, aunque pudieron presentarla ante el jurado de forma reducida pero digna. Por fortuna, ya no hubo tiempo para mucho más. Llegó la hora de juzgar los resultados, pero eso ya era lo de menos.