Así llega el agua a Vitoria

Te explicamos el camino que recorre el agua desde los pantanos hasta los grifos de la capital alavesa, y después su ruta hacia la depuradora y el Zadorra

GONZALO DE LAS HERAS

Anteriormente, Vitoria se nutría de agua del Gorbea que almacenaba en el depósito municipal, construido en 1884 en lo alto de la ciudad (bajo el actual Palacio de Montehermoso), para desde allí suministrarla al resto de la urbe. En 1986 dejó de funcionar como aljibe.

Ahora, además del Gorbea, el agua se toma de dos de los embalses del Zadorra, el de Albina (606 m) y el de Ullibarri (550 m). Desde Albina llega por gravedad y desde Ullibarri se bombea hsta la ETAP de Araca (575 m). También existe un bombeo complementario que capta el agua del río Zadorra en Durana.

El agua embalsada se conduce por grandes tuberías hasta la planta de Araca, que cumple una doble función: purificar el agua y luego almacenarla para que esté a disposición de la ciudad.

Antes de ser almacenada en la propia planta, es potabilizada. Primero se clora; luego se decanta el agua con la ayuda de la floculación, en la que unas partículas aglutinan las impurezas para que pesen y se vayan al fondo.

Posteriormente, y antes de ser clorada de nuevo y corregido su PH, el agua se hace pasar por tamices cada vez más pequeños. También se utiliza el ozono como elemento desinfectante.

La planta cuenta con 3 depósitos de 30 millones de litros cada uno. Si fallara el bombeo desde los pantanos o las conducciones de captación, la ciudad tendría agua durante dos días en invierno o uno en verano.

A continuación hay una red de tuberías, de diferentes diámetros, de más de 700 km de longitud que lleva el agua hasta las viviendas. Las grandes tuberías de la red primaria son el punto de partida de las conducciones intermedias. Tienen un diámetro de entre 1.200 y 300 mm (el tamaño más común). Se bifurcan en la red secundaria. De ellas salen las más pequeñas que, a través de arquetas y llaves de registro, dan servicio a las viviendas.

El agua llega a las viviendas a través de los montantes para remontar las fachadas. Puede ser necesaria bombearla en el caso de algunos edificios altos. Cada vitoriano gasta unos 198 litros de media, aunque de esa cantidad solo el 58% (107 litros por habitante y día) corresponde al consumo doméstico y el resto al consumo industrial, del comercio, riego de jardines y del sector institucional.

Las aguas que se recogen por los sumideros de las viviendas descienden por las bajantes hacia las tuberías de saneamiento, por donde circulan hacia la depuradora. Según avanzan en su camino se van incorporando a conducciones de mayor diámetro. Las aguas residuales, tanto las procedentes de los domicilios como de las actividades industriales, se recogen en una red de colectores que supera los 800 kilómetros de longitud.

El agua se desplaza por los colectores por gravedad en sentido sur-norte, ya que la ciudad tiene una pendiente uniforme en esa dirección.

Las tuberías que recogen las acometidas de cada portal son de plástico y tienen un diámetro de alrededor de 400 milímetros, mientras que los colectores más grandes son galerías de hormigón armado que alcanzan los 4 metros de anchura.

Todos los colectores se juntan en una gran galería llamada canal emisario que discurre en paralelo al río Zadorra. Este emisario recoge todas las aguas residuales y las conduce hasta la depuradora que se encarga de tratarlas, antes de verterlas de nuevo al Zadorra.

Desde 1986 la EDAR (Estación de Depuración de Aguas Residuales) de Crispijana trata 100.000 metros cúbicos cada día. Se eliminan los sólidos mediante tamices. En una serie de tanques, las arenas se posan en el fondo y las grasas flotan. Se eliminan con rasquetas. Luego, durante la decantación, la materia biológica forma fangos en el fondo. Se incluyen bacterias que se alimentan de esos restos (oxigenación). Por su parte, los fangos se someten a un proceso de digestión que transforma prate de la materia orgánica en biogás. En una planta de motogeneración se produce la electricidad necesaria para mantener en marcha la depuradora. El destino final de sus fangos es el uso agrícola y la producción de compost.

El agua, de nuevo limpia, es devuelta al río Zadorra, y de este al Ebro, por donde circula definitivamente hacia el mar, de donde se evaporará, formará nubes y, en forma de lluvia, alimentará los ríos que se reúnen en embalses como los del Zadorra.

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