LECCIÓN DE ANATOMÍA

La zona multiusos creada bajo la cubierta del pórtico se ha vestido con madera laminada de roble./Blanca Castillo
La zona multiusos creada bajo la cubierta del pórtico se ha vestido con madera laminada de roble. / Blanca Castillo
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Con ocho siglos de achaques a cuestas, la enfermedad degenerativa que la iba consumiendo amenazaba con excavar su propia tumba. Pero las instituciones, desde luego que bien por ellas en esta oportunidad, decidieron contener la hemorragia con intervenciones quirúrgicas a corazón abierto en las que se hubiera basado Rembrandt para pintar su ‘Lección de anatomía’. Por las vísceras y las entrañas de la vieja catedral conocemos una parte interesante de la historia de esta ciudad que un rey navarro fundó en 1181. Que ya ha llovido, y nevado incluso, en esta tierra célebre por las conservaciones que procura el frío.

Después de cerrar el templo al culto en 1997 y hasta su reapertura religiosa diecisiete años después, el personal involucrado hasta las cachas en impedir que nos sepultaran los cascotes viene desbrozando el templo a los ojos de la gente. De los visitantes enganchados a los imanes de Vitoria a partir de la incuestionable labor tractora de la catedral, pero también de los autóctonos que aprovechamos las visitas para enterarnos de lo que había mientras le mostrábamos la espalda. De la labor recuperadora de Santa María se infiere una puesta en valor general de una ciudad verde, deportiva y patrimonialmente notable.

Inauguran ahora un espacio sobre la bóveda del pórtico desde el que premiarse la vista al tiempo que se contempla una exposición o se escucha una conferencia. Un recinto multiusos que condensa la simbiosis entre la trascendencia espiritual y las actividades cívicas. Y no se me ocurre un modo mejor que esta fórmula combinada porque, al fin, los trabajos se sufragan con los impuestos de todos, de creyentes a ateos pasando por el andén donde aguardan los agnósticos y los asaltados por las dudas.

Imagínense la demanda de entradas estos días con motivo de la Semana Santa y la llegada de forasteros, según la terminología de las aldeas y del ‘western’. Conozco acólitos insaciables de la vieja catedral, auténticos reincidentes -y no me refiero al grupo musical sevillano- en sus visitas a este templo que un día abrieron en canal.