Obituario

Joaquín Jiménez se despide con Celedón de la mano

Joaquín Jiménez, junto a la escultura a San Prudencio imagen tonada en el año 2012. /Iosu Onandia
Joaquín Jiménez, junto a la escultura a San Prudencio imagen tonada en el año 2012. / Iosu Onandia

Recorrió Álava pueblo a pueblo y recopiló toda la información en fichas ordenadas con esmero

IÑAKI JIMÉNEZHijo de Joaquín Jiménez

En enero de 1921 nacía el Deportivo Alavés y medio año después, Joaquín Jiménez en uno de los rincones más emblemáticos de Vitoria-Gasteiz. Su padre, llegado del riojano pueblo de Enciso, regentaba por entonces una sastrería en los bajos del Ayuntamiento, en la calle Mateo de Moraza, junto a las escaleras que comunicaban con la Plaza Nueva. Quizás por esa coincidencia de nacer a la par que el 'Glorioso' llevó el espíritu alavés hasta su último día. Falleció ayer, en su domicilio de Vitoria, rodeado de familiares .

Toda su vida ha girado en torno al sentimiento alavés. «Yo soy alavés y vitoriano, porque hay que nacer en alguna de sus localidades», solía decir con orgullo. Curiosamente, si le hubieran dado a elegir una fecha para abandonarnos, probablemente habría elegido el día que lo ha hecho, el 9 de agosto. Seguro que le ha hecho ilusión partir al tiempo que Celedón. Bonita coincidencia.

Entre esas dos fechas, 26 de julio de 1921 y 9 de agosto de 2019, se encierra toda una vida repleta de vivencias y anécdotas. Empezó trabajando en Correos pero muy pronto se emplearía en la Diputación. ¿Quién le iba a decir que terminaría trabajando donde había nacido su madre Carmen, 'la Palaciana'? Y allí pudo seguir sembrando su conocimiento por todo lo alavés. Su trabajo le permitió visitar los pueblos de la provincia. Cuando finalizaba su tarea diaria en la Casa-Palacio de la Provincia, se perdía entre los habitantes de las aldeas recogiendo viejas canciones, danzas, tradiciones, costumbres...

Cuando llegaba el fin de semana, también era fácil verle en la cocina de casa rodeado de papeles, donde recogía la información recopilada y la reproducía en fichas que ordenaba con sumo esmero. Y así fue creciendo su conocimiento sobre Álava. Muy pronto empezó a querer expresar sus descubrimientos a base de conferencias. Y, poco a poco, consiguió hacerse un meritorio sitio entre los investigadores de la Historia alavesa. Fruto de ese trabajo minucioso llegarían hechos de los que siempre estaba orgulloso y que quedan en las celebraciones festivas de muchos pueblos. No puedo dejar de mencionar los Carnavales de Zalduendo, la Quema de Judas en Moreda y en Salinas, el Mayo de San Vicente de Arana y otros más.

Todo trabajo bien hecho suele tener su recompensa. Muchos son los agradecimientos que le han hecho a Joaquín. Me acuerdo del Cachi de Oro, de Oyón, en 1973; la Insignia de Oro de la Federación de Bolos ese mismo año; el homenaje del día del Gaitero de Laguardia, en 2002, el Mayo de San Vicente Arana en 2003, la Medalla de Oro de la Ciudad de Vitoria en 2005 o la distinción de la Sociedad Landazuri en 2013, apenas unos días antes de que se le manifestara su enfermedad.

También le gustaba dejar registro de sus trabajos y fruto de ello son sus publicaciones de temas tan diversos como el Juego de Bolos en Álava, Rutas Marianas o El Libro de Leyendas, su última publicación y un exhaustivo tomo sobre las Auroras. Quedan en casa un montón de diapositivas, fotos en blanco y negro y fotografías de todos los pueblos alaveses, así como innumerables fichas y escritos, testigos de sus andanzas.

No despreciaba esas distinciones pero como más disfrutaba era hablando con la gente. Sus últimos años disfrutaba con un vino blanco en alguna terraza del centro de Vitoria y no perdía ocasión para hacer alguna celebración familiar. Cuando la enfermedad le obligó a quedarse en casa, le gustaba recordar anécdotas de sus muchos viajes por el territorio.

No quisiera olvidarme de su mujer, la buena de Esther, y de su hermano Zape, que le precedió hace apenas nueve meses. Y ni quiero imaginar la que montarán ambos allá donde estén. Debe ser inmensa la alegría que se habrán llevado al ver llegar a Joaquín acompañado de Celedón.

El funeral por Joaquín Jiménez se oficiará el lunes a las 19.00 horas en la iglesia de San Cristóbal. La capilla ardiente está en el Tanatorio Virgen Blanca, junto al cementerio de El Salvador, donde será enterrado el mismo día a las doce de la mañana.

Biografía

Joaquín Jiménez
Falleció ayer en su domicilio de Vitoria a los 98 años de edad. Nació en la misma ciudad el 26 de julio de 1921. Empleado jubilado de la Diputación Foral de Álava, de la que fue su jefe de protocolo, secretario del consejo de Cultura y jefe del departamento de Educación, Cultura y Turismo. De afición, y de forma autodidacta, etnólogo, folclorista y costumbrista de Álava.