Invasión del dormitorio conyugal

El exceso de celo público evoca los viejos consejos sobre el buen matrimonio y la mejor paternidad

Una pareja de novios se casa en el Ayuntamiento./Igor Aizpuru
Una pareja de novios se casa en el Ayuntamiento. / Igor Aizpuru
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Vaya por delante, y de ahí que lo escriba en el primer párrafo, mi adhesión a la causa justa de la igualdad de derechos entre los sexos. Hacemos el camino machadiano al andar, pero aún queda trecho para recorrer una senda que se adentra en el infinito. Durante demasiado tiempo los hombres, dicho así en general y que me disculpen los solidarios auténticos, nos hemos aprovechado de unas inercias que contienen el veneno de la discriminación y eludido responsabilidades como los porteros despejan balones a córner. Pero encuentro que en estos tiempos modernos de correcciones políticas y (auto)censuras se difuminan los conceptos en una niebla densa.

Me refiero a que el necesario y muy conveniente progreso social se interpreta o confunde a veces con una regresión en las libertades individuales. Y he aquí el motivo de las digresiones anteriores. Sí, la carta que el alcalde y los concejales de la capital alavesa iban a repartir desde noviembre en las bodas que oficiaran dentro del salón noble de la Casa Consistorial. Unas recomendaciones que evocan los consejos del buen matrimonio y mejor paternidad de aquellos tiempos de férrea tutela gubernamental (llámenle dictadura) y palio eclesiástico. No me caben dudas acerca de la buena voluntad de quienes parieron -y nunca mejor dicho- el documento de la discordia, pero creo que estamos cruzando las lindes del reglamentismo. De abjurar de los diez mandamientos pasamos a inventarnos otros preceptos civiles que llegan a invadir los pactos entre dos personas. Se trate de parejas heterosexuales u homosexuales, tanto de quienes buscarán descendencia como de las que han decidido no tenerla por convicción.

Es bueno meditar sobre el cambio mental de ciertos hábitos y costumbres que colocan a la mujer en situaciones de inferioridad cuando se convierten en madres. Las inercias a las que aludía en el principio de este texto suelen, más en tiempos anteriores, dejar a ellas en casa mientras ellos continúan encaramados al convoy de la vida laboral. Y no está nada mal pensar sobre el tema a menudo, sin necesidad de que venga la autoridad el día de la boda a entregar en papel fino las tablas gruesas de la ley.

Se supone que las dos personas que acuden al Ayuntamiento para casarse, independientemente del género, ya habrán tratado el asunto previamente y hasta -pásmese la autoridad- suscrito un acuerdo tácito. Y sin necesidad de intervencionismos públicos encaramados a la mesilla del dormitorio conyugal. El párrafo de la carta en la que «los padres nos comprometemos a…» y «las madres nos comprometemos a…» resuena demasiado a las palabras admonitorias del sacerdote en el altar sobre la educación de la prole (siempre me ha pasmado que quienes más hablan de matrimonio y de hijos sean unos señores célibes).

Aunque parezca mentira para los que aquí vivimos, en Vitoria pasan cosas. Me preguntan desde una ciudad próxima y hermana que de qué pensaba escribir para el domingo. O sea, el texto del ejemplar que hoy mismo. Y antes de que servidor pudiese responder metieron una cuña anticipada y macabra. «¿De las cinco exhumaciones que cuentan las radios y las televisiones?». Se refieren a las recientes en el cementerio de El Salvador. Y contesto que no. Que me propongo redactar algo sobre el exceso de celo reglamentista, las recomendaciones ofrecidas sin pedirlas y la presunción de que toda pareja ansía cambiar pañales y portar legañas en los ojos tras una noche de insomnio toledana.

Y como los grupos políticos están a la que salta, nada digamos a siete meses de las elecciones locales de mayo, el PP que lidera en el municipio Leticia Comerón se ha subido en marcha al tren del progreso. ¿Cómo? Rechazando de plano el documento que apadrina el sector socialista de la Corporación y alineándose con el ofendido grupo que defiende a la comunidad LGTBI. Ahora que el PP nacional vira a estribor con Pablo Casado en el puente de mando, la sucesora de Javier Maroto ocupa en el 'photocall' el hueco reservado a la progresía.

 

Fotos

Vídeos