«Lo hemos perdido todo»

Las llamas arrasaron el caserío del barrio Chabarri, en Madaria. /SANDRA ESPINOSA
Las llamas arrasaron el caserío del barrio Chabarri, en Madaria. / SANDRA ESPINOSA

Cinco personas se quedan en la calle solo con sus pijamas tras el incendio que devastó su caserío en Madaria

Marta Peciña
MARTA PECIÑA

El panorama era desolador este miércoles en Madaria, en las inmediaciones del número cinco del barrio Chabarri. El caserío, recién reformado, en el que vivía la familia Almeida, de origen portugués, quedó reducido a escombros. A media mañana, el olor a un humo todavía era muy intenso y quedaban rescoldos que seguían ardiendo entre las cuatro paredes de lo que había sido su casa.

Poco antes de las dos de la madrugada, el hombre se levantó después de oír ruidos en la casa. Inmediatamente alertó al resto de su familia, su esposa y tres niños que estaban durmiendo a esa hora para que abandonaran el edificio. «Me puse cerca de la ventana para llamar a emergencias porque es donde mejor cobertura hay», explicó la mujer que tuvo que abandonar la casa junto a su familia con lo puesto, el pijama, unas zapatillas y un forro polar después de llamar al 112 a las dos y cinco de la madrugada.

No pudieron salvar nada. «Lo hemos perdido todo», se lamentaban los ocupantes. Los bomberos llegaron al edificio a las dos y veinte de la madrugada y se dedicaron a apagar el fuego que a esas alturas era tan intenso que terminó destruyendo completamente el edificio. Gran parte el tejado se desplomó y sólo quedaron en pie las paredes exteriores.

La familia llegó a Madaria hace un año y medio, donde vivían de alquiler. Antes habían residido en Quejana durante cinco años. Tenían una empresa de construcción en la que trabajaban tres personas, que ayer se quedaron sin empleo porque todo el material estaba guardado en el interior de la casa. Los dos operarios contemplaban ayer, desolados, la evolución de los bomberos y de la Ertzaintza cerca de la casa.

«Eran muy trabajadores», aseguraron los vecinos, preocupados por los animales, gallinas, perros y ovejas que cuidaban en los prados que rodean al caserío, donde también habían construido un invernadero.

Sin agua

La dotación de bomberos que acudió a sofocar las llamas estuvo compuesta por tres camiones desplazados desde el parque de Llodio y otros dos desde Nanclares. Los equipos de extinción de incendios se encontraron con otro problema añadido, la falta de agua. «Tuvimos que dedicar dos de los camiones a ir trayendo agua desde Murga, donde hay una boca de riego», explicaron los responsables de apagar el fuego. Después de varias horas, consiguieron apagar las llamas, pero como seguía quedando material combustible en el interior de la casa, un retén permaneció en el lugar para evitar que el fuego se reavivase.

El origen del incendio pudo estar en la chimenea. Esta es, según los bomberos, una de las causas más comunes de estos sucesos en la zona rural durante el invierno, aunque continúa abierta la investigación.

La noticia se propagó rápidamente por toda la comarca de Ayala y el alcalde de la localidad, Gentza Alamillo se dirigió hasta Madaria para ofrecer a la familia un lugar dónde quedarse en los próximos días. «Tenemos un piso de emergencia social en Respaldiza que pueden utilizar» explicó. A última hora de la mañana, tanto el Ayuntamiento como la ikastola Etxaurren, donde estudian los hijos de la familia y la asociación de madres y padres del centro hicieron un llamamiento para recoger mantas, ropa de cama, toallas, ropa infantil y de adultos, calzado, enseres de cocina, juguetes, comida y productos de higiene personal así como ayudas económicas en una cuenta de la Caja Laboral. La recogida será en la ikastola, el Ayuntamiento y el centro social de Luiaondo.