Imágenes futuristas

Imágenes futuristas
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Recuerdo aquellos tests del colegio que me devuelven con el tiempo algunos orgullos de entonces y cierto complejo pretérito. Notable alto al corregir las pruebas numérica y lingüística y casi un cero de la tierra (patatero, se entiende) en el resultado espacial. Admito que mi aptitud para entender planos, alzadas, espacios y huecos deja todo un cráter que desear, pese a mi gusto por el urbanismo y la arquitectura. Así que me considero poco apto para intuir cómo quedarán los terrenos liberados por el soterramiento del ferrocarril -cuentan que las previsiones de enterrar el tren van en serio- mediante un simple vistazo a esos dibujos tan pintureros que enriquece la informática. Eso sí, reconozco que el conocimiento me alcanza justo para entender que vivo, casualidad también, donde la locomotora a toda velocidad volverá a asomar su morro aerodinámico tras bucear en las entrañas de Vitoria. Siempre ha habido clases, que se mantienen y perdurarán a la hora de residir en unas zonas o en otras.

Dos décadas, cinco ministros de cuando el ecosistema se nutría del bipartidismo, otros tantos alcaldes de tres siglas diferentes (bueno, cuatro, que Cuerda ganaba al margen del emblema), plazos dilatados, frustraciones en plural… Dentro de lo malo ayer llegó a la capital alavesa, me temo que no a través del tren, el responsable de Fomento para regar la flor que Jesús Loza había dejado mustia la víspera. Ignoro si la rectificación de José Luis Ábalos en cuanto a la fecha ¿definitiva? de 2023 desaira al delegado del Gobierno o es que a éste le dejaron el papel de ariete para acaparar silbidos.

El caso es que ayer los representantes emitieron las imágenes futuristas de un futuro incierto en torno a un ferrocarril sumergido. Los comentarios me retrotraen a 'Alicia en el País de las Maravillas' con los jardines, bidegorris y paseos del porvenir donde ahora existe una cremallera abierta. Y creo que nada se dijo en torno a la previsible operación inmobiliaria que recobre de algún modo unas inversiones bárbaras. Llámenme suspicaz. Me lo merezco.