Horquilla cuántica

Vista panorámica del polígono de Júndiz, uno de los principales centros industriales de Vitoria./Jesús Andrade
Vista panorámica del polígono de Júndiz, uno de los principales centros industriales de Vitoria. / Jesús Andrade
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Si descorriéramos la cortina opaca de la demagogia facilona quizá llegaríamos a la conclusión de que no todas las sociedades que facturan entre uno y dos millones de euros al año nadan en el feliz estanque de la abundancia. Puede ocurrir que algunas viajen al mercado y vendan productos dentro de esa horquilla cuántica y hasta registrar pérdidas en el libro gordo de los balances. ¿Difícil? Quizá. ¿Imposible? En absoluto. Todavía hay mentes que se engrasan con aceites de bidones viejos que mejor harían en reciclar. Como el recelo permanente contra los beneficios empresariales. A la mayor parte de los asalariados, de hecho, no les vendría nada bien que quien firma los cheques mensuales del personal acumule números tintados en rojo. Por la cuenta que les trae.

Escrito lo anterior, que algunos entenderán como un alegato en favor de la patronal, me postulo como escudero andante en la cruzada quijotesca y hasta 'sanchopancista' contra los salarios inferiores a las capacidades profesionales de tanta gente y los aprovechamientos indecentes de la necesidad ajena a cargo de patronos con escrúpulos de manga corta. ¿Que si trato de nadar al tiempo que vigilo la ropa en la orilla? No. Sentido común, simplemente, que bebe de varios manantiales sin creer que la verdad mana únicamente de un caño. Coherencia, incluso, apartada de los eslóganes poco imaginativos con las manos sujetando una pancarta.

Hay cuestiones que sólo ocurren en este territorio histórico del que nos sentimos moderadamente orgullosos. Resulta que una norma foral aprobada en las Juntas Generales para aplicarse en la provincia entera no atañe, por componendas municipales, a Vitoria. Una ciudad de cabeza gorda que aglutina a las tres cuartas partes de la demografía alavesa. Parece la fórmula del agua que circula por las tuberías de nuestro cuerpo, pero se trata de una realidad empírica desde la perspectiva censal. Y ahora, tras la sentencia del TSJPV, a SEA sólo le queda defender los intereses de doscientos logotipos a través de un recurso de casación. Que suena a 'matrimoniada', pero puede derivar en divorcio.