El hogar para los 'sintecho' de Puente Alto, al límite

Satur García y Ainara Martín, en la cocina del refugio de Puente Alto./Blanca Castillo
Satur García y Ainara Martín, en la cocina del refugio de Puente Alto. / Blanca Castillo

Bultzain, la casa que acoge a excluidos, ve reducidas sus plazas a 18 al cerrar su ático

Judith Romero
JUDITH ROMERO

Este invierno será un poco más frío para las personas sin recursos que pasan la noche en la calle en la capital alavesa. La casa de Puente Alto que gestiona la asociación Bultzain, dirigida por Satur García y puesta en marcha hace nueve años, se vio forzada a renunciar a varias de sus plazas debido al mal estado de su ático. Desde la semana pasada son 18 las personas que se refugian en su interior frente a las 30 que ha llegado a albergar de forma simultánea.

«Hemos optado por utilizar tres camas en cada una de las seis habitaciones, pero no son suficientes», explica Ainara Martín, su única trabajadora social. Cada día tienen que comunicar que no podrán pasar la noche allí a entre dos y tres personas necesitadas. «Odio haber tenido que cerrar la parte de arriba, lo hacemos obligados por cuestiones de seguridad pero sigo pensando que es mejor que dormir en la calle», lamenta García.

La casa de Puente Alto es el último recurso para muchos hombres que ya han pasado por el Centro Municipal de Acogida Social (CMAS) y otros centros asistenciales. «Desde que cerró Bizitza Berria no hemos tenido nada igual, pero estamos al límite», insiste Satur. Una de sus mayores preocupaciones es lo que pueda ocurrir en Bultzain por la noche. «No tenemos dinero para pagar a Ainara algunos meses y no podemos permitirnos contratar a un velador que vigile por la noche, estas personas tienen perfiles conflictivos y no deberían dormir solas», subraya. Calcula que, como mínimo, harían falta además otros tres trabajadores sociales para poder atender a estos usuarios en condiciones.

El perfil de los hombres que hacen noche en estas instalaciones revela lo complicada que es su situación vital. Tienen una media de 50 años de edad, varios sobrepasan ya los 60 y alguno alcanza los 70. Uno de cada cuatro es extranjero y un 20% proviene de otras provincias. El 60% presenta patologías duales, es decir, tiene algún tipo de problema mental a la vez que mantiene consumos de alcohol y drogas. De hecho, el 90% de los usuarios consumen actualmente. Dos tercios cobran pensiones o ayudas como la RGI, un 20% tiene trabajos esporádicos y uno de cada cinco no tiene nada. El 20% tiene problemas judiciales por resolver y aproximadamente la mitad está en contacto con otros recursos del Ayuntamiento de Vitoria o la Diputación de Álava. Varios de ellos suelen acudir a los talleres del centro municipal de día Estrada, ubicado en la calle Fuente de la Salud.

¿Hasta cuándo les acoge Bultzain? «La invertención suele durar un año y se procura que vuelvan a vivir de forma autónoma, pero esto no siempre es posible. A menudo esta es su última oportunidad o nos vemos forzados a expulsarlos si suponen un riesgo para la convivencia», apunta Ainara.

Bultzain ofrece estas 18 camas gracias a una ayuda de 20.000 euros concedida por la Fundación Vital, las donaciones anónimas de ciudadanos alaveses y la solidaridad de varios establecimientos hosteleros. «La partida que nos ha concedido la Diputación es de 30.000 euros anuales y apenas llega para cubrir el alquiler, de 1.200 euros», señalan los responsables.

Donativos

La comida que entra en Bultzain procede íntegramente de agentes solidarios. De lunes a viernes se aprovechan los excedentes de una ikastola, varios restaurantes y panaderías aportan lo que ha sobrado por las noches y la comida que el Banco de Alimentos reparte una vez a la semana se destina a los desayunos. Varios pueblos alaveses organizan colectas de ropa para vestir a estas personas desfavorecidas. «Si tuviéramos que costear la comida no podríamos salir adelante, no tenemos palabras para expresar lo agradecimos que estamos, pero las instituciones están dando la espalda a estas personas», reconocen García y Martín.

Las frases

Ainara Martín Trabajadora social
«No podemos costear los alimentos. Nos los donan una ikastola, restaurantes y panaderías»
Satur García | Director
«Las instituciones están dando la espalda a estas personas, no tenemos recursos para arreglar el piso superior»