El Himno al Alavés en euskera culmina el homenaje de los Celedones de Oro a Alfredo Donnay

Arturo González de Lopidana dirige al coro durante la grabación del Himno al Deportivo Alavés en versión euskérica. / Igor Aizpuru

Un coro improvisado bajo la batuta de Arturo González de Lopidana se dejó llevar por el piano de Arturo Goikoetxea o los txistus de 'Txapi' y Jesús Moraza para rendir tributo al gran poeta alavés

José Ángel Martínez Viguri
JOSÉ ÁNGEL MARTÍNEZ VIGURI

Alfredo Donnay (Vitoria, 1894-1986 ) lo cantó todo. Al barrio de San Martín, al molino de Legardagutxi, a las loinas del Zadorra, al Alavés, a Vitoria mía, a Zalduendo... 'El poeta de la campiña alavesa', merecido apelativo ocurrencia de Julio Ochoa allá por 1942, puso letra a cantidad de rincones de su amada tierra. Anoche, como un siglo después de su primera creación para los Carnavales, sus paisanos más mulliditos, los vitorianos de toda la vida, le devolvieron el cariño de la mejor manera, cantando, cantándole. Recordaron sus eternas melodías, esas que aún fluyen entre los txikiteros con un sorbo de rioja en la mano o en las sobremesas de las sociedades gastronómicas. Trazos de una Vitoria de antaño, de la que escribió Ladislao de Velasco, que deben perpetuarse.

A ello contribuye Celedones de Oro. La institución homenajeó este miércoles a quien se hizo acreedor a tan distinguida estatuilla en 1975 en un acto que llenó hasta la bandera la sala Dendaraba con la figura dorada presente sobre el piano. Un coro improvisado aunque bien formado bajo la batuta de Arturo González de Lopidana, gentes que simplemente se dejaron llevar por el piano de Arturo Goikoetxea o los txistus de 'Txapi' y Jesús Moraza y alguna que otra garganta carrasposa se acompasaron para montar el gran orfeón alavés. Voces, todas ellas, que salieron del alma para rendir tributo, humilde tributo, al gran Alfredo Donnay.

Las claves

Familia
Asistieron al acto los dos hijos en vida del poeta vitoriano, Ascensión, de 88 años, y Ricardo, de 91
La canción vasca al equipo
Se pretende editar, hacer copias y que el club la ponga en la megafonía de Mendizorroza

Allí estaba, sobre el graderío, como en un palco que no lo era, su hija Ascen (88 años), emocionada, que no paró de recitar, de lanzar besos a la coral y de adelantarse a las anécdotas que sobre la vida de su padre iba soltando José Mari Bastida, 'Txapi', el autor de la revista publicada por Celedones de Oro a modo de biografía del homenajeado. Y abajo, en primera fila, sentado, el otro hijo en vida de Alfredo, Ricardo (91 años), de un parecido asombroso a su progenitor. Cerca de este siguió el acto Manu García, capitán del Deportivo Alavés y miembro de honor de la institución.

Ascensión y Ricardo, los dos hijos en vida de Alfredo Donnay, junto a los nietos Alfonso, con el Celedón de Oro de su abuelo, y Raúl
Ascensión y Ricardo, los dos hijos en vida de Alfredo Donnay, junto a los nietos Alfonso, con el Celedón de Oro de su abuelo, y Raúl / I. Aizpuru

Una Álava «euskaldún»

Precisamente, el bravo equipo albiazul compartió protagonismo. Donnay le dio una canción en la década de los 50, tras el segundo ascenso a Primera. Una hora antes del inicio del acto, en privado, se grabó la versión del himno al Alavés en euskera con 61 miembros de coros vitorianos. El tercer intento fue el bueno. «Ha quedado algo muy digno», se congratuló el director González de Lopidana.

La traducción ha corrido a cargo del presidente de los Celedones de Oro, Josemari Velez de Mendizabal, y la armonización, por cuenta de otro de ellos, Sabin Salaberri. Se pretende editar y repartir copias entre el público y emisoras y se hará llegar una al club para que lo ponga en la megafonía de Mendizorroza los días de partido. «Creemos en la Álava también euskaldún», justificó Velez de Mendizabal.

En su prolija intervención, 'Txapi' desveló infinidad de curiosidades de la azarosa vida de Donnay, que lo de cantar le servía de alivio para sus tristezas. Sorprendió la razón por la que cantó al barrio de San Martín. Lo cruzaba tantas veces camino de los pueblos que un carnicero de la zona le pidió una canción a cambio de una merienda. Pues bien. Donnay cumplió su palabra, pero de la jamada nada se supo.

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