Alavesa de enero

«Me gustaría que se conociera a Vitoria como capital de la innovación»

Mercedes Maroto-Valer reside en Edimburgo, donde trabaja en la Universidad Heriot-Watt./e. c.
Mercedes Maroto-Valer reside en Edimburgo, donde trabaja en la Universidad Heriot-Watt. / e. c.

La investigadora alavesa Mercedes Maroto-Valer recibe el premio Alavesa del mes como experta en el cambio climático

María Rego
MARÍA REGO

Edimburgo es la última parada –por ahora– en la carrera profesional de Mercedes Maroto-Valer. Desde allí, con sol en la capital escocesa, responde al teléfono esta vitoriana del 71 elegida Alavesa del mes por EL CORREO que salió de su ciudad hace casi tres décadas para luchar contra el cambio climático. Un duro combate que ha llevado a esta licenciada en Química por la UPV/EHU, y reciente doctor honoris causa por la universidad holandesa de Delft, a rincones como Glasgow, Kentucky, Pennsylvania o Nottingham antes de aterrizar en la Universidad Heriot-Watt donde hoy, entre otras tareas, dirige un equipo de investigación de medio centenar de profesionales.

¿Cómo surgió su interés por el cambio climático?

– Cuando empecé mi carrera de investigadora, en Escocia, quería un tema relacionado con la protección del medio ambiente, pero entonces el CO2 no era realmente algo de lo que se hablara mucho. Ya cuando me desplacé a Estados Unidos empecé a centrarme en ello y mi primer proyecto sobre este asunto comenzó en 2001.

En casi tres décadas se han dado pasos adelante pero también hacia atrás en este ámbito.

– Ha habido pasos de gigante, sobre todo en el desarrollo de tecnologías para la captura, el almacenamiento y la conversión del CO2 y también se ha avanzado en concienciar al público y a los políticos sobre la importancia del cambio climático. Pero nos ha faltado un respaldo más fuerte en lo que se refiere a financiación de la investigación.

Algunos políticos niegan la existencia de este fenómeno que amenaza al planeta. ¿Qué señales inequívocas advierten de ella?

– Seguimos poniendo más y más CO2 en la atmósfera sin entender qué va a pasar, estamos haciendo un experimento en la Tierra del que no sabemos los efectos pero nos va a salir muy caro. A nivel de la comunidad científica, la evidencia es abrumadora y hay un montón de informes de cientos de científicos del mundo. La mayoría de los políticos también están de acuerdo con la necesidad de recortar emisiones aunque algunos desconfían más por unas creencias personales que por la evidencia científica.

«El país de donde vengas o tus creencias pasan a un segundo lugar en los grupos de investigación»

¿Qué países lideran esta lucha?

– Dentro de Europa están Noruega, con unas cuotas de emisiones de CO2 que si se sobrepasan hay que pagar, o Reino Unido, que es uno de los más ambiciosos con un 80% de reducción planteado para 2050. Y Estados Unidos, que a veces pensamos que no está tan interesado en el tema, desarrolla una investigación muy alta.

¿Y España?

– Tiene centros de investigación muy buenos y, quizás, lo que haga falta es alguna planta a escala industrial donde demostrar cómo funcionan estas tecnologías.

¿Hasta qué punto puede ayudar cada ciudadano?

– Todos podemos hacer algo en cuanto a la energía que usamos. Deberíamos concienciarnos de que los recursos son limitados y hay que utilizarlos de una manera eficiente y consciente de los efectos en las próximas generaciones.

«Gran diversidad»

¿Ha notado reticencias en los equipos en los que ha trabajado por que les mandara una mujer?

– Es un campo normalmente dominado por los hombres, sobre todo en este área de la ingeniería, pero la investigación es un ámbito muy abierto donde queda muy claro lo que aporta cada uno al equipo, cuáles son sus credenciales, y a la hora de liderar eso es lo que merece el respeto y la confianza.

¿Y por ser extranjera?

– En Reino Unido y en Estados Unidos es muy habitual encontrar equipos de gran diversidad donde todos compartimos un lenguaje común y un objetivo, y el país de donde vengas o tus creencias pasan a un segundo lugar.

«Echo de menos a mis padres y mis amigas, tomar un café con ellos o ver al Baskonia»

¿Cómo logra conciliar?

– En mi agenda cada día es distinto, no hay monotonía y por eso también me gusta mi trabajo. Pero encontrar el equilibrio entre la vida privada y la profesional es complicado y hay que tener claras las prioridades.

¿Qué le haría volver a 'casa'?

– Los datos del Instituto Vasco de Estadística señalan que el País Vasco está un poco por debajo de la media europea en investigación y Álava, además, bastante por debajo de Bizkaia y Gipuzkoa. Está perdiendo terreno.

¿Qué echa de menos de Vitoria?

– Los lugares tienen cosas buenas pero lo que siempre echo más de menos es a la gente, mis padres, mi círculo de amigas... y hacer cosas con ellos como tomar un café o ver un partido del Baskonia.

En el cuarto de siglo que lleva fuera la ciudad ha cambiado pero, ¿cuál debe ser su próximo reto?

– Es una pregunta difícil porque Vitoria es un ejemplo de ciudad que ha sabido evolucionar, que ha recibido premios muy merecidos como el de capital verde... Pero, por mi trabajo, me gustaría que se la conociera como capital de la innovación, no como una ciudad que ha ido adaptándose sino que crea su propio futuro y es puntera.