Grafitean una furgoneta policial en Vitoria cuando los agentes median en una pelea

Agentes de la Policía Local y de la Ertzaintza, en una interveción en Vitoria. /Igor Aizpuru
Agentes de la Policía Local y de la Ertzaintza, en una interveción en Vitoria. / Igor Aizpuru

La primera madrugada veraniega se saldó con el acuchillamiento de un miembro de una banda juvenil, agresiones, la lacra de la violencia a las mujeres, quejas por ruidos y botellones

David González
DAVID GONZÁLEZ

La primera noche del verano, la del jueves 21 a la madrugada del viernes, resultó de lo más movida para los agentes de guardia de la Ertzaintza y de la Policía Local. Los patrulleros no pararon hasta las primeras luces del alba.

Había mucho movimiento en bares, pubs y discotecas. Y cuando sube la actividad nocturna, los problemas suben de manera exponencial. Según fuentes policiales de ambos cuerpos sondeados por EL CORREO, los uniformados cubrieron su turno de un lado para otro. Casi sin resuello. Y es que hubo de todo. Desde un acuchillamiento a un joven a manos de un presunto miembro de una banda juvenil, a agresiones entre personas cargadas de alcohol, la lacra de la violencia a las mujeres, quejas por vecinales por ruidos molestos, botellones 'non stop' en varias zonas de la capital alavesa...

Pero hay un episodio que sobresalió en una noche de lo más cálida, en todos los sentidos. Viaje con la mente hasta las inmediaciones de una céntrica y conocida discoteca vitoriana, abarrotada de jóvenes ávidos de fiesta. Por causas que se desconocen se formó una pelea. Mientras los puños y los insultos volaban en todas las direcciones, alguien pidió ayuda.

Varios uniformados acudieron a poner fin a una trifulca, en la que había involucrados varios jóvenes con la testosterona en niveles demasiado altos. Así que los agentes tuvieron que emplearse a fondo. Primero para frenar los envites, luego para calmar a los participantes y, finalmente, para identificar a los más belicosos.

La empresa le llevó varios minutos. Con la dificultad añadida de que tuvieron numeroso 'público' alrededor. Rodeados por una maraña humana, únicamente pudieron centrarse en apaciguar los ánimos.

De ahí que, mientras intercedían, alguien se acercó a su furgoneta, estacionada a unos metros de distancia. Armado de sangre fría, desenvainó un rotulador indeleble o algún spray y se puso a trazar un pequeño garabato. El grafiti era una firma de las que se pueden observar en cualquier pared del término municipal.

Sólo al volver a su vehículo, los agentes se dieron cuenta del 'regalo' que les habían dejado en la carrocería. El posterior paso por el garaje de la comisaría eliminaría cualquier rastro de la gamberrada, que en caso de que su autor hubiera sido pillado le hubiera supuesto una cuantiosa sanción económica.

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