«La golpeé porque me sacó de quicio por un microondas»

El asesino confeso de Marga, momentos antes del arranque del juicio en la Audiencia Provincial de Álava. /Blanca Castillo
El asesino confeso de Marga, momentos antes del arranque del juicio en la Audiencia Provincial de Álava. / Blanca Castillo

Primera sesión del juicio por el crimen de Marga, que apareció descuartizada en el Zadorra. El asesino confeso revela que empezaron a discutir en su piso de Nueva Dentro «por un microondas»

David González
DAVID GONZÁLEZVITORIA

Asume su autoría. Txema, el asesino de Marga, la vitoriana que apareció descuartizada en el río Zadorra el 21 de junio de 2016, se ha ratificado esta mañana en que mató a la que fue su amiga. En esta primera sesión de su juicio en la Audiencia Provincial de Álava no han quedado dudas. Este antiguo vecino del Casco Viejo, de 46 años, ha relatado su terrible crimen, con pelos y señales, durante un interrogatorio de más de dos horas a manos de la fiscal.

Con cinco jornadas aún por celebrarse, la única incógnita en torno a este terrible episodio responde a si los nueve miembros del jurado le castigarán por un asesinato por alevosía, como reclama la Fiscalía, o si consideran que no estaba en su sano juicio cuando acabó con la vida de su amiga, la versión dada por la defensa. La diferencia entre una catalogación y otra son veinte años a la sombra o cinco en un centro psiquiátrico.

A lo largo de su testifical, aparte de ratificarse en que actuó solo, reveló la razón de semejante acción, ocurrida la noche del 15 de junio en el piso de la calle Nueva Dentro donde vivía. «Discutimos por un microondas que le presté, ella entendió que se lo había dado pero no fue así», ha comentado con una tranquilidad pasmosa.

Con dificultades para hablar, probablemente más por su condición de drogadicto que por su intento de cortarse el cuello en prisión, Txema no ha dejado lugar a dudas. Él la asesinó. Quedaba saber las razones para este crimen, probablemente el más salvaje desde el asesinato de Esther Areitio veinte años atrás.

Sorprendentemente, este hombre la mató por una discusión. ¿La razón? «Le presté un microondas y ella entendió que se lo había dado», señaló ante la atónita mirada de los nueve miembros del jurado, cinco hombres y cuatro mujeres. «Marga me sacaba de quicio y por eso la golpeé», agregó.

Su declaración ha sido bastante chocante. Tan pronto ha contado sin rubor alguno cómo troceó el cuerpo o pasó «dos días» con el cadáver en su cama pensando en qué hacer, como ha tildado de «problemática» a su antigua amiga y que él «la cuidaba mucho».

La noche de autos, el 15 de junio de 2016, el procesado iba con su entonces novia por el centro de Vitoria. Se encontró con la víctima, que «no tenía dónde dormir, por lo que le dejé las llaves de mi casa». Cuando este hombre volvió a su vivienda en Nueva Dentro enseguida discutieron por el «microondas». Aunque había tomado varias cervezas, porros y trankimazin. A pesar de este peligroso cóctel, la Fiscalía entiende que sabía en todo momento qué hacía.

Víctima y asesino son dos desheredados que subsistían de espaldas de la sociedad. «Habíamos hecho las paces por el tema. Proque ella me dio comida, se gastó unos diez euros en comprarme comida y cerveza. A cambio le dejé el microondas, pero le pedí que me lo devolviera», abundó.

«Pero Marga tiene la habilidad de sacar de quicio», ha insistido. Ambos estaban de pie en el salón de la casa, ha explicado. En medio de la discusión, «cogí una maza y del golpe que le di en la nariz la senté en el sofá». Hubo un segundo impacto en el brazo derecho.

Dos días pensando qué hacer

Sorprendentemente, Marga no pidió irse de la vivienda. O eso ha declarado su asesino. La acompañó a limpiarse al baño. Y de ahí al dormitorio. «En la cama la oí farfullar que no iba a volver a ver a su perro ni a mi novia. Ahí me puse violento otra vez», ha continuado.

Le pegó en las piernas con la maza. Siguió por el resto del cuerpo. Según la autopsia, como se revelará en próximas sesiones, un golpe en la cabeza resultó fatal.

Txema, en vez de llamar a la Policía, se quedó junto al cuerpo inerte de su amiga, a la que conoció «unos diez meses atrás». Se quedó dormido. Al día siguiente trató de hacer vida normal mientras pensaba en qué hacer. «Bajé al bar a leer el periódico como hacía siempre». Lo que se le ocurrió fue descuartizar el cuerpo y tirarlo al Zadorra, cerca de Abetxuko donde residió hasta que le desahuciaron.

«La descuarticé en la misma habitación», ha manifestado. «Intentaba no mirar salvo en la zona donde estaba cortando». Necesitó varias herramientas.

Transportó los ocho restos en tres viajes a pie. Tres kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. Desde su casa hasta la ribera del Zadorra. Tras completar el primer desplazamiento fue a un bar de Abetxuko. «Me tomé un zurito». Alguien le advirtió de que su maleta «chorreaba sangre». Lo solventó con una excusa y siguió a lo suyo.

«Nadie me creyó»

Aunque suene increíble tras completa esta maquiavélica maniobra, confesó su crimen a varias personas de su entorno. Incluso vio un partido de la selección -en esas fechas se jugó la Eurocopa-, pero nadie le tomó en serio. Se deshizo de la ropa de Marga. Su bolso «se lo regalé a una prostituta». Cortó su carné en numerosos trozos y los tiró por diversas alcantarillas.

Habló en varios bares. A sus amigos les dijo lo que había hecho. Fue en vano. «Contaba la verdad porque una verdad tan gorda no era creíble. Se convirtió en una especie de vacile mío». Hasta que alguien sí se lo tomó en serio.

El día 20 de junio, la Ertzaintza recibió el aviso. «Conocido» por la Policía vasca, le llamaron para avisarle de un supuesto robo en su domicilio, un señuelo para que se acercara a la Nueva Dentro. Tomó unas cervezas de bar en bar, llamó a un amigo para que le hiciera de vigía y se decidió a ir.

«De camino me encontré con un patrulla. Me acompañaron. En el portal ya les comenté que sabía que no venían por un robo, que había matado a una chica y la había tirado al río».

Este juicio con jurado se prolongará mañana y pasado. Continuará el lunes y el miércoles, el jurado de nueve ciudadanos anónimos se reunirá para deliberar si es culpable o no. La pena definitiva la impondrá el magistrado de la sala, Jaime Tapia.

 

Fotos

Vídeos