TODO cONTRA EL FUEGO

Sólo un mes de que esta estación ceda el paso a la siguiente que homenajeó Vivaldi se ha quemado el equivalente a cuatro campos de fútbol

Mantener limpios los cortafuegos es una labor clave. /E.C
Mantener limpios los cortafuegos es una labor clave. / E.C
ÁNGEL RESA

Genera cierto apuro alegrarse, y hay razones para hacerlo, por los escasos incendios este año a la semana de que la nave de Agurain donde Aldanondo almacenaba millares de quesos quedase reducida a la negrura tiznada de la desolación. Incluso no hace ni dos días que la antigua residencia foral Zubialde alimentó, también al amparo de la noche, el carácter insaciable de las llamas expandidas. Pero la noticia sobre la que descansa esta columna -que no cortina de humo- alude a la venturosa escasez de los fuegos forestales en lo que va de 2018 y, muy especialmente, a lo largo de un verano aún inconcluso en Álava. Siempre por estas fechas resurge el temor de volver al recuento macabro de las superficies calcinadas 'gracias' a los descuidos humanos, los accidentes fortuitos o a las intenciones poco confesables de gente sin escrúpulos.

Pues a sólo un mes de que esta estación ceda el paso a la siguiente que homenajeó Vivaldi se ha quemado el equivalente, achiquen o no espacios las defensas, a cuatro campos de fútbol. Una nimiedad en comparación con los desastres que leemos a kilómetros de aquí. Basta recordar calamidades como la reciente de Grecia o la de Portugal hace un año para exhalar un suspiro de alivio. Y lo poco que ha ardido, toquemos madera sin encenderla, corresponde a monte bajo y matorral. Iba a escribir 'morralla', pero reparo en el celo nada desdeñable del ecologismo militante y ya me encargo yo mismo de regar el teclado con agua.

Por todo ello se deduce la conjunción de varios factores que explican la buena nueva: los deberes hechos durante la era del frío, la labor natural que realiza el ganado deforestando zonas donde pasta y el guiño cómplice de la meteorología. Dicen que no hay mal que por bien no venga. Así que habremos de agradecer a las nieves y a una primavera pasada por agua que nos caló hasta el ánimo buena parte de esa estadística casi vacía de incendios forestales. Todos los elementos aliados contra el fuego.