¿Dónde hay que firmar?

¿Dónde hay que firmar?
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Vitoria se ha subido al sillín y no hay manera de bajarla. Los desplazamientos en bicicleta por la ciudad crecen en progresión geométrica y no seré yo quien critique el ansia viva por el pedaleo. Al contrario, me parece un hábito estupendo, saludable y limpio siempre que se regule -y créanme que hace falta- su uso para mejorar la difícil convivencia con conductores y peatones. Leo el impulso de sacar a los centauros -tronco humano sobre cuadro de metal ligero- de las aceras y pregunto que dónde hay que firmar la propuesta. Porque no andamos cortos de kilómetros de bidegorris en la capital alavesa, algunos -cierto es- rotulados de aquella manera para sumar distancias.

Supongo que, como tantos otros ámbitos de la vida en sociedad, buena parte de las soluciones a los conflictos clavan sus cimientos en el valor eterno del respeto. Acentuado, además, hacia los sectores más frágiles de la movilidad urbana: el ciclista frente al coche y el caminante -figura que también abunda en Vitoria hasta el punto de tener un gigante como emblema- ante las dos ruedas a veces lanzadas. Que muchos nos quejamos del slalom y el zigzagueo de la chavalería a toda prisa con el manillar de adorno y las manos en el móvil sin reparar que, a menudo, vamos a pie por los carriles reservados a las bicis. Que los derechos se reclaman al mismo tiempo que se cumplen los preceptos.

Escribiendo sobre esta ciudad resulta ineludible haber firmado unas cuantas columnas sobre el tema. Y en algunas ya apunté a la diana de la polémica que vuelvo a colgar en la puerta. Sin ánimos recaudatorios detrás de la misma, ¿qué tal si a la hora de redactar la ordenanza se insta a quien corresponda que los usuarios de la bicicleta suscriban un seguro que cubra los efectos indeseables de los accidentes? ¿Y cómo respiraría el personal en el caso de tener que matricular su preciada montura? Por si a alguien se le ocurre huir silbando tras dejar tirado a quien pasaba por ahí.