Finaliza el vaciado de la planta baja del edificio de la turbina de Garoña
El espacio se usará para depositar los residuos más peligrosos que se generen en la segunda fase del desmantelamiento
Más allá de la eliminación del reactor de los residuos radiactivos más peligrosos que se retomó el pasado julio tras más de un año de ... parón, la intensidad de trabajo en el día a día de la central de Santa María de Garoña es muy elevada durante la primera fase de su desmantelamiento. Porque dentro del proceso que concluirá con el borrado del mapa de este complejo tal y como se ha conocido hasta ahora hay que realizar muchas tareas previas.
Una de ellas, el vaciado del edificio en el que se encuentra la turbina, que ya ha completado su primera fase con la limpieza de la planta baja y la eliminación de todos los dispositivos que había en su interior. Un primer paso para la reconversión de este espacio en el futuro edificio auxiliar de desmantelamiento, clave en la segunda fase del proceso de clausura definitiva de la instalación situada en el Valle de Tobalina (Burgos), a escasos 43 kilómetros de Vitoria.
Según ha explicado Enresa, la empresa que gestiona el final de la central nuclear, dentro de los trabajos de la primera fase del cierre de Garoña, recientemente ha culminado la retirada de los equipos eléctricos y mecánicos de la denominada zona de amplidina, un generador de corriente continua especial.
Se han retirado todos los elementos de una zona en la que no existía riesgo radiactivo
Este proceso, que comenzó el pasado marzo, ha implicado la eliminación de los elementos auxiliares fuera de servicio ubicados en áreas convencionales del edificio de turbina. La zona, de la que se han retirado también residuos de carácter convencional y que no son radiactivos, ha quedado ya completamente despejada y lista para su reutilización dentro del proyecto de desmontaje.
Una vez que todo este espacio quede vacío, se transformará en el denominado edificio auxiliar de desmantelamiento. Será en esta zona donde se gestionarán los residuos más peligrosos que se generen en la segunda fase del desmontaje de la central nuclear, como pueden ser los procedentes de la vasija y los componentes internos del reactor que ahora se está vaciando. Y, finalmente, todos los edificios serán derribados.
Nueve contenedores llenos
Al mismo tiempo, en Garoña continúa la fase más delicada, el vaciado del combustible gastado que se acumula en la piscina de su reactor. Un proceso que se retomó en julio tras más de un año de parón y que desde entonces ha completado el llenado de otros cuatro contenedores que se añaden a los cinco que ya se habían colmatado anteriormente.
Así, ya son nueve las vasijas de máxima seguridad que se han depositado en el Almacén Temporal Individualizado (ATI), una construcción de dos planchas de hormigón resistente a posibles movimientos sísmicos, situadas a la intemperie en el mismo recinto de la central. Ahí tendrán que quedarse al menos hasta 2073, a la espera de la construcción en algún punto de España de un 'cementerio' nuclear que dé cabida a estos residuos altamente peligrosos. El proceso ha tomado ahora una cadencia continuada que concluirá cuando se rellenen los 49 contenedores con el material más radiactivo, a los que hay que añadir otros seis para otros residuos procedentes del reactor.
El planteamiento de Enresa es que esta labor que está llevando a cabo Ensa concluya a finales de 2027 o en el primer trimestre de 2028. Ahí acabaría la primera fase del desmantelamiento, la más compleja. En ese horizonte se completará una operación que arrancó en 2022.
El futuro gran 'cementerio' nuclear da sus primeros pasos
La previsión es que los residuos más radiactivos que se produzcan en la fase de desmantelamiento de la central de Garoña, el combustible gastado procedente del reactor, permanezcan en el especio especial para su conservación hasta el año 2073. Para entonces debería estar ya en funcionamiento el 'cementerio' nuclear que, en un almacenaje a gran profundidad, acoja los restos de todas las centrales que se vayan desmontando en España. Una infraestructura de máxima seguridad bajo tierra que ya ha empezado a dar sus primeros pasos. Enresa ha iniciado este año el desarrollo del Almacén Geológico Profundo, parado desde 1996 después de once años anteriores de estudios, con un análisis de las tecnologías y la información técnica insistente. Será la primera de las ocho etapas de las que se compone el proyecto, que posteriormente pasará a manos del Gobierno de España. Entre 2026 y 2028 se desarrollará el marco legislativo para el proceso de selección del emplazamiento del almacén y entre 2029 y 2032 se procedería a analizar los espacios en los que podría asentarse esta infraestructura. Los siete años siguientes, hasta 2039, estarían destinados al análisis de todas esas posibilidades mediante estudios geológicos y geofísicos. A partir de ahí, en una fase de veinte años (hasta 2059) se contruirá el laboratorio subterráneo y se verificará la idoneidad del emplazamiento con todos sus permisos. Entre 2060 y 2071 se procedería a la construcción, con una fase de pruebas de dos años previa al traslado de los residuos nucleares ya en 2073.
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