Feministas contra la doble invisibilidad

Helena y Lucía combaten contra la discriminación doble que sufren las mujeres con discapacidad o emigrantes/Jesús Andrade e Iñaki Andrés
Helena y Lucía combaten contra la discriminación doble que sufren las mujeres con discapacidad o emigrantes / Jesús Andrade e Iñaki Andrés

Helena y Lucía combaten contra la discriminación doble que sufren las mujeres con discapacidad o emigrantes

Rosa Cancho
ROSA CANCHO

Los movimientos feministas persiguen la igualdad desde todo tipo de puntos de vista, pero hay mujeres activistas con los mismos retos que además se encuentran con obstáculos añadidos por tener que moverse en silla de ruedas o por su color de piel. Las feministas de Eginaren Eginez y las mujeres migrantes de Amalur hablan de un sistema patriarcal que las vuelve doblemente invisibles y vulnerables.

Helena Espizua ha salido en numerosas fotografías y vídeos en los últimos meses. Las compañeras del Gasteizko Mugimendu Feminista han adaptado las pancartas del 8M o contra la violencia y así puede ir en primera línea. Eginaren Eginez, que lleva 40 años proponiendo mejoras para hacer la ciudad más accesible, hace ya tiempo que se preocupa por tratar de poner en la agenda de los políticos el gran problema de la doble discriminación que sufren las mujeres con diversidad funcional. «Para nosotras las dificultades se acentúan. Los roles, los estereotipos, la ideas preconcebidas tan arraigadas no contribuyen a nuestra autoestima, a veces hasta interiorizamos eso y nos dificulta tener la mínima oportunidad».

Dos de cada tres mujeres con discapacidad en edad laboral están fuera del mercado «y las que trabajamos tenemos salarios inferiores». «La cultura empresarial no ayuda, piensan que vamos a tener menor rendimiento, más absentismo. La tasa de pobreza extrema triplica a la de resto y es un 40% más alta que la de varones con diversidad funcional».

Y cuando logran romper estas barreras se encuentran por ejemplo con que si son madres no tienen apoyos. Y en los casos en los que dependen de la pareja, el riesgo de ser víctimas de la violencia machista se multiplica. «No hay datos de lo que pasa y es terrible. Si se depende económica y físicamente del maltratador, imagine las consecuencias. Es más duradero, con más daño psíquico, pero es que a veces la discapacidad es consecuencia de esa violencia». «Somos grandes olvidadas».

Por eso Helena es de las que piensa que tienen que estar en todos los foros y participa en las asambleas, en la redacción de planes estratégicos institucionales o en el diseño de la futura Casa de la Mujer. Vivió el 8M con intensidad y emoción «pero para nosotras no ha tenido ningún tipo de repercusión, seguimos siendo igual de invisibles. Esta sociedad no es inclusiva».

Descolonial y antirracista

Lucía Loaiza es integrante de Amalur, un colectivo que forma parte de la Red de Mujeres Migradas y Racializadas de Euskalherria. Son una decena de integrantes que se reúnen como pueden, «muchas veces en nuestras casas», y apuestan por el «feminismo descolonial, antirracista y anticapitalista».

Parten en su lucha de realidades diferentes a las de otras activistas y de hecho han sido muy críticas con la manera tan diferente en que se han denunciado la violación de 'La manada' y las de las mujeres marroquíes en los campos de fresa de Huelva. En Vitoria, el grupo se centra en las mujeres obligadas a abandonar sus países en busca de un futuro mejor. «Por los empleos a los que accedemos tenemos poco tiempo para la militancia. Siempre va a estar la subsistencia entre nuestras prioridades, con lo que este sistema europeo nos coloca en situación de vulnerabilidad».

Su realidad es las de las vitorianas con trabajos precarios en el servicio doméstico o en el mundo de los cuidados, algunas en situación irregular, con miedo a denunciar si las agreden, con temor a una Policía poco comprensiva con su estatus de migradas, que son rechazadas en algunos empleos para los que están cualificadas por el color de su piel. Y no quieren que nadie les tutele en su camino ni les diga cómo tienen que hacer las cosas. Buscan la relación horizontal con el resto del movimiento feminista.

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