El grito por la igualdad desborda de nuevo las calles de Vitoria

La cabecera de la manifestación, en la calle Paz. /Igor Aizpuru y Blanca Castillo
La cabecera de la manifestación, en la calle Paz. / Igor Aizpuru y Blanca Castillo

Las más jóvenes empujan un movimiento que reunió a millones de personas en todo el país en otro día histórico

María Rego
MARÍA REGO

La cifra del horror

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mujeres fueron asesinadas en 2018 por sus parejas o exparejas en España, unos crímenes que dejaron 39 huérfanos e instalaron el dolor en incontables hogares de familiares y amigos de las víctimas. Es la cifra más baja desde 2003, cuando comenzó a realizarse esta estadística en el Estado. El trágico contador roza ya el millar de muertes.

Con su uniforme negro sólo roto por un pañuelo morado y el símbolo de Venus pintado del mismo color en uno de los carrillos, cinco chicas intentaban traspasar a media mañana de este viernes la barrera humana que se agolpaba a la entrada de la plaza de España por Postas. Caminaban de la mano, cadeneta en formación, entre una multitud feminista donde las más jóvenes, adolescentes como ellas, destacaban en número. «Seguidme a mí, que soy la que siempre se hace sitio en las fiestas», animaba la primera de la fila con una fugaz mirada al resto de la cuadrilla. El Día de la Mujer tiene también algo de celebración pero bebe sobre todo de la reivindicación, como se respiró este viernes en Vitoria en otro 8-M histórico que empujó a decenas de miles de personas a las calles de la ciudad para clamar por la igualdad, cerró seis de los catorce centros cívicos que tejen la red municipal o redujo la circulación de urbanos y tranvías, que funcionaron bajo servicios mínimos.

Si la jornada estuvo marcada el año pasado por movimientos como el #MeToo o el juicio a 'La Manada', entonces pendiente de sentencia, en esta ocasión se reflejó la preocupación por la irrupción de la extrema derecha en el espacio público a través de pancartas ('Con vosotros sí, con voxotros no', rezaba uno de esos carteles caseros) y proclamas que salpicaron tanto la concentración de la mañana, que derivó en una marcha de casi dos horas para integrar a quienes no habían logrado entrar en una atestada plaza de España, como la manifestación de la tarde. En su recorrido gritaron al unísono madres e hijas, grupos de amigas, colegas de trabajo y muchas compañeras de pupitre que ni siquiera han alcanzado la edad para elegir en una urna al partido que mejor represente sus ideas. De hecho, el seguimiento del 8-M en el sector educativo alcanzó el 48% en los centros públicos frente al 11% de participación que arrojó la sanidad alavesa, con un mayor seguimiento entre las enfermeras.

Si el movimiento #MeToo protagonizó 2018, este viernes se hablaba de la irrupción de la extrema derecha Dos momentos diferentes

La cuarta ola que atraviesa hoy el feminismo y que este viernes bañó también la capital alavesa, en una réplica del tsunami morado que recorrió el planeta, ha rejuvenecido un movimiento que no se olvida de reivindicaciones históricas sobre el aborto o el reparto de las tareas del hogar pero que exige también volver una noche de sábado sin miedo a casa. Esta misma semana, el Centro Reino Sofía publicaba una encuesta en la que se reflejaba que el 56% de los jóvenes españoles mantiene posiciones machistas y no cree que exista desigualdad. En el otro lado, la nueva generación de feministas grita 'Ni una menos' o 'Yo quiero vivir, no sobrevivir' y se retrata asimismo en los mensajes que firma de su puño y letra. Como ejemplo, esa pancarta a rotulador que decía 'Sin Hermione, Harry habría muerto en el primer libro' en alusión a la saga literaria protagonizada por el mago Potter -y no la maga Granger- y que paseaba por la multitudinaria concentración de la mañana.

Una reciente encuesta refleja que el 56% de los jóvenes mantiene posiciones machistas Centro Reina Sofía

Casi 24 horas de protesta

Con este acto, bajo la amenaza intermitente de la lluvia, se dio el inicio oficial al 8-M aunque la huelga y los paros convocados se hicieron notar incluso desde la noche anterior con caceroladas en diferentes barrios. Casi 24 horas de protesta que se cerraron con la manifestación vespertina cuya masiva respuesta hizo que se alargara varias horas y que las participantes -de nuevo, mayoría de mujeres aunque con una presencia más numerosa de hombres que por la mañana- tuvieran que detenerse en varias ocasiones durante el recorrido. Cuando la marcha finalizó en la plaza de la Virgen Blanca ya habían bajado la persiana los comercios pero durante el día apenas se detuvo su actividad o la de la industria pese a que el manifiesto que sustentaba la convocatoria apelaba a paralizar durante toda la jornada el consumo, los cuidados y la educación. Tres sectores feminizados, donde el porcentaje de mujeres trabajadoras es abrumador, donde la precariedad es mayor y donde los sueldos están más ajustados. Los colegios no cerraron, pero se vio a más padres llevando a sus hijos a las aulas que en otras ocasiones. En qué medida esas imágenes pasarán de ser anecdóticas a formar parte de lo cotidiano está por ver.

Lo sucedido en estos últimos doce meses no invita a un optimismo desbordante. El aldabonazo de 2018 se transformó en declaraciones grandilocuentes, promesas e iniciativas que sonaban bien pero que han cambiado poco el escenario. A pesar de que cada crimen machista estremece las conciencias, la pesadilla continúa. El pasado mes de enero fue el más negro de la historia de España con seis asesinatos. Este mismo viernes, un octogenario asesinaba a su mujer en Madrid. Y hay una cifra que aunque se repite estos días no puede dejar de ser destacada para los que no ven el problema: el año pasado fueron maltratadas, violadas o sufrieron abusos en Euskadi 4.244 mujeres. Es decir, doce amigas, parejas, madres, hijas o hermanas de alguien fueron agredidas sexualmente. Un miedo al que las mujeres combatieron saliendo a la calle para exigir que no quieren vivir con ese miedo. 'De camino a casa quiero ser libre, no valiente'. Sencillo.

Los gestos se sucedieron a lo largo y ancho del Estado un año más. Pararon las instituciones. Desde los principales ayuntamientos al Parlamento. En la Cámara vasca se vio una imagen inédita. No pudo celebrarse el pleno por la ausencia de la mayoría de las parlamentarias, entre ellas, la presidenta del Legislativo, Bakartxo Tejeria. Sí acudieron las representantes del PP, para las que la mejor forma de defender los derechos de las mujeres era estar en el pleno. Iñigo Urkullu, con una chapa morada en la solapa, afirmaba: «Tenemos que ser conscientes de que es un día de reivindicación por parte de la mujer y un día también de concienciación para los hombres en la necesidad de trabajar día a día por la igualdad de la mujer». Algo parecido a lo ocurrido en la Cámara vitoriana se produjo en las Juntas Generales de Álava donde se suspendió una comisión en la que sólo estaban presentes los representantes populares -dos mujeres y un hombre- y los integrantes masculinos de EH Bildu en ese foro.

Clima crispado

Las mujeres que salieron a la calle, sin embargo, pasaron por encima de la división política. A escasos meses de las elecciones y todavía bajo el impacto del auge de Vox en Andalucía, la espontaneidad de las movilizaciones del año pasado quedó ensombrecida por un clima más crispado. No hubo grandes incidentes, pero sí momentos de tensión en puntos muy determinados. Por ejemplo en Castellón, donde un acto de Pablo Casado fue boicoteado. Los populares se desmarcaron de las convocatorias al considerar que estaban muy escoradas a la izquierda -el manifiesto de la Comisión 8-M no facilitaba el consenso-, pero no del fondo de la jornada. «Está muy bien salir a la calle y llevar pancartas, pero las mujeres necesitan tener un empleo, es la mejor autonomía para dar un portazo al maltratador o al jefe que te discrimina», afirmó el presidente de los populares. Ciudadanos sí estuvo en la principal manifestación, la de Madrid, a la que asistieron dirigentes como Inés Arrimadas y Begoña Villacís para defender su «feminismo liberal» y la figura de Clara Campoamor. Algunos asistentes las abuchearon, pero fueron sectores minoritarios. La dirigente de Podemos, Irene Montero, cargó contra «el trío de Colón», en alusión al PP, Cs y Vox. La vicepresidenta, Carmen Calvo, reprochaba «a las derechas» su actitud.

En su contexto

50.000
personas secundaron este viernes el 8-M en las calles de Vitoria en la gran manifestación de la tarde.
Por la mañana
La concentración frente a la Casa Consistorial derivó en una marcha de casi dos horas para dar cabida a quienes no pudieron entrar en una atestada plaza de España.
Por la tarde
La multitudinaria marcha entre el centro cívico Iparralde y la Virgen Blanca se alargó varias horas.