«Falta formación, ética y reflexión en el ámbito de los cuidados de mayores»

Una mujer mayor, en una residencia de Álava./E. C.
Una mujer mayor, en una residencia de Álava. / E. C.

Ana Urrutia Beaskoa, médico geriatra y presidenta de Cuidados Dignos, presenta el jueves en Vitoria un manual de buenas prácticas para la atención de los mayores

Laura Alzola
LAURA ALZOLA

La geriatra Ana Urrutia Beaskoa (Bilbao, 1968) quiere erradicar la práctica de las sujeciones en los geriátricos. Para ello, como presidenta de la fundación Cuidados Dignos, lucha por cambiar la cultura de estas organizaciones a través de la formación de los cuidadores. Este jueves presenta en Vitoria'Cuidar' (Editorial Ariel, 2018), un manual de buena praxis en el que comparte su experiencia.

- Quiere erradicar las sujeciones, ¿por qué?

- Es indigno, nadie quiere estar sujeto y que las personas que le cuidan manejen su vida. Pero no sólo eso, es que las sujeciones producen muchos efectos secundarios físicos y psicológicos. Es una práctica del cuidado inadecuada.

- ¿Cómo propone humanizar las geriátricos?

- Interiorizando que hay que erradicar cualquier praxis que esté en contra de la dignidad de las personas. Poniendo en el centro a la persona, en vez de las necesidades de gestión de tiempo y procesos. Trabajando en equipo y consensuando. Y generamos entornos seguros para la persona, protegidos, en los que ésta puede sujetarse, moverse sin ayuda y al mismo tiempo estar vigilada.

- También conocen a fondo la trayectoria vital de cada residente.

- Sí, porque respetar la dignidad de quien recibe los cuidados pasa por reconocer su identidad. Es necesario saber quién ha sido y quién es esa persona para interpretar su comportamiento, entenderlo y tomar decisiones en su nombre, como si fueran las suyas propias. En representación, no por paternalismo.

- ¿Notan un cambio en las personas que cuidan?

- Claramente, sí. En los centros en los que aplicamos esta forma de cuidar hay más calma, tranquilidad. La psicofarmacología apenas la utiliza, mientras que el número de caídas se mantiene o es incluso menor.

- ¿Cómo involucran a sus familias?

- Por ejemplo, les enseñamos a actuar en representación, no por sustitución. Es decir, les invitamos a que se pongan en el lugar de su padre o madre y tomen la decisión como él o ella la tomaría; no en base a miedos.

La conferencia

Título.
'Dignificar la vida del otro. Una revolución en el cuidado de las personas', a cargo de doctora Ana Urrutia Beaskoa.
Lugar y hora.
Mañana en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa (18.00 horas).

- Dice que lo más difícil es cambiar la actitud de los cuidadores.

- Sí, nos frenan las barreras culturales, el paternalismo con el que cuidamos. Con el tiempo me he dado cuenta de que la teoría le gusta a todo el mundo. Pero cambiar la mentalidad en la práctica es complicado. Por ejemplo, es fácil explicar que cuando no tocas la puerta de la habitación antes de entrar estás transgrediendo el derecho a la intimidad. Se entiende que la residencia es de quienes viven en ella, no de los cuidadores. Pero cambiar ese 'chip', cuesta.

- ¿Falta formación o también recursos?

- Falta formación, ética y reflexión en el ámbito de los cuidados. Los recursos son, en parte, una excusa para no cuestionarse. En serio, en ninguno de los centros en los que hemos introducido este planteamiento han aumentado los recursos, sólo hemos formado a las personas, y funciona.

 

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