Excusas ante la policía de Vitoria: «Si venís al bar no puedo vender droga»

Un policía local de Vitoria detiene a un presunto ladrón en plena calle./El Correo
Un policía local de Vitoria detiene a un presunto ladrón en plena calle. / El Correo

Los policías aguantan todo tipo de excusas cuando cogen a un ladrón o imponen una sanción. 13 detenidos o investigados al día dan para un libro

DAVID GONZÁLEZ

Costaba creerse el expediente revisado hace unos días por el Juzgado de lo Penal número 1. El asunto parecía poca cosa. Un presunto ladrón de coches pillado en plena faena por la Policía Local. Sin embargo, cuando los agentes le preguntaron qué hacía en el interior de un vehículo que no le pertenecía, éste les aseguró que «estoy haciendo prácticas de mecánica». No es el primero que tira de fantasía, o de ingenio, para tratar de eludir una segura visita a los calabozos.

Inspirado por este juicio, EL CORREO se ha paseado por las comisarías de la Guardia urbana y de la Ertzaintza con el fin de conocer las excusas más inverosímiles escuchadas por sus patrulleros. Con trece detenidos o investigados al día, las tienen a puñados. He aquí algunas de las más singulares ocurridas en Álava.

Robos «Es mi casa. Suena la alarma porque no sé quitarla»

El asaltante de un chalé le cogió dentro la llegada de la primera dotación policial. Los ertzainas, como había luz, pensaron que podría tratarse de una falsa alarma, por lo que pulsaron el timbre. Les abrió un hombre con gesto firme. «Es mi casa. No pasa nada agente, la alarma ha sonado porque no está mi mujer, que es la que sabe cómo desactivarla». Escondía una mano, que sangraba profusamente. Se había cortado al romper una ventana. Acabó detenido y procesado.

En plena ola de robos en vehículos, otra patrulla de la Ertzaintza se percató de que alguien dormía en un coche perfectamente estacionado. Al acercarse, un sujeto roncaba abrazado a un radiocasete de vehículo del que pendían varios cables. El mismo que faltaba del salpicadero. La puerta también estaba forzada. «Tenía frío y me había metido para dormir un poco», garantizó a los uniformados tras negar tajantemente robo alguno.

Tráfico de drogas ¡Os voy a denunciar por ponerme esa cocaína!»

Uno de los narcobares 'más activos' de la ciudad y objetivo primordial de los efectivos de la Policía Local. Durante una temporada lo 'visitaban' casi a diario. Apenas sacaban nada, pero su presencia tuvo un efecto inesperado. Y dañino para el responsable del negocio. Sus clientes dejaron de ir. «Una tarde nos dijo que iba a ponernos una queja porque le estábamos espantando la clientela que iba a comprar droga, que le causábamos una pérdida económica», rememoran en Aguirrelanda. En otro local, un camello se enojó cuando le leyeron sus derechos. «¿Pero me vais a detener a mí por vender un poquito de droga?» Pues resultó que sí.

Otro colega de profesión ilícita fue parado por conducir sin luces y hacer maniobras extrañas. Dio positivo. Al cachearle encontraron un arma simulada. Había más. Tenía unas servilletas de papel con nombres y cifras. Sus presuntos compradores. Los policías locales solicitaron al juzgado autorización urgente para registrar el turismo. En el maletero descubrieron alrededor de 480 gramos de cocaína. «¡Me la habéis metido vosotros. Os voy a denunciar por delincuentes!», fue su reacción.

Violencia de género El casado con una orden de alejamiento de su amante

El hombre acabó en un calabozo de Aguirrelanda por saltarse una orden de alejamiento contra una mujer. «Pero resulta que estaba casado con otra y esta prohibición era sobre su amante». Su esposa nada sabía de su aventura extramatrimonial, ni mucho menos del periplo judicial posterior, con denuncias, notificaciones y hasta un juicio.

Sabedor de que pasaría la noche entre rejas, el varón hizo un curioso ruego a los agentes. Pretendía que «le diéramos un golpe en el ojo o en la mejilla para convencer así a su mujer de que le habían detenido por una pelea». Por supuesto, nadie le hizo caso. Se desconoce su estado civil actual.

Tarjeta de discapacitados «Es de mi madre», que llevaba meses fallecida

Hacía semanas que el conductor había llamado la atención de las patrullas. Siempre aparcaba en plazas para discapacitados y resulta que caminaba sin complicación aparente. La tarjeta que dejaba estaba a nombre de su madre.

Una jornada, los agentes le abordaron y recordaron que sin su familiar de ocupante no podía aparcar en esas zonas acotadas. Entre insultos, les aseguró que la había llevado «esa misma mañana al médico». Luego cambió esta versión. Probó fortuna con otra historia. Habló de su hermana como la titular real. Sólo logró que otra patrulla de la Policía Local fuera a su casa a entrevistarse con su progenitora. Para su sorpresa, descubrieron que la mujer llevaba varios meses fallecida.

Tráfico «Había aparcado bien. El coche lo ha movido un ente»

Un turismo pasó a toda pastilla delante de una patrulla de la Ertzaintza. Sólo que lo hizo en dirección contraria. Le encontraron junto a un pabellón, de vomitona. «Es imposible que me hayáis visto, no había nadie en la calle». Ni les había visto cuando pasó a su vera. Dio positivo.

Otro se quedó dormido al volante, y con el motor encendido, enfrente de un semáforo. Balbuceante, dijo: «Tenía frío y me he metido a mi coche, pero no he conducido, que quede claro». Más descarado aún resultó un joven parado en un control. «¿Que si llevo algo? Me lo he tomado todo ya». Decía la verdad. Dio positivo en todas las sustancias posibles. Otro vitoriano, tras dejar su utilitario encima de la acera, prometió a los agentes que «he aparcado bien, esto ha sido un ente superior al ser humano que lo ha movido él».

Hurtos «Me he ido con el producto porque no me atendían»

La picaresca suele envolver muchos hurtos. Tras ser interceptada a la salida de unos grandes almacenes mientars se llevaba género, una vitoriana proclamó enfadada que «me he ido porque no me atendían». Otro ciudadano, por ejemplo, salió a la calle con varias prendas sin pasar por caja «para enseñárselas a mi mujer, que me espera fuera».

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