La escasez de pisos para compartir en Vitoria llena las residencias de estudiantes

La sevillana Carmen Salas recorre las facultades del Campus de Álava en busca de habitaciones de alquiler. «Me quedé sin plaza en la residencia y necesito algo con urgencia», relata. Va a cursar un master en Lingüística./Blanca Castillo
La sevillana Carmen Salas recorre las facultades del Campus de Álava en busca de habitaciones de alquiler. «Me quedé sin plaza en la residencia y necesito algo con urgencia», relata. Va a cursar un master en Lingüística. / Blanca Castillo

450 universitarios optan por viviendas comunitarias ante la carestía de los pisos disponibles: 300 euros por habitación

Judith Romero
JUDITH ROMERO

Ya han encontrado la carrera a la que quieren dedicar los próximos cuatro años de su vida, pero ahora deben decidir dónde van a hospedarse. 4.700 universitarios que estudian en el campus de Álava proceden de fuera del territorio. Medio millar se quedará en residencias comunitarias, prácticamente todas las plazas disponibles. Algunos lo eligen por comodidad. Otros, porque el mercado inmobiliario de la capital se ha vuelto imposible. Todos confiesan haberse enfrentado a la dificultad de encontrar una habitación asequible y cercana al campus, en la mayoría de los casos sin éxito.

Lo habitual es cerrar un acuerdo para ocupar un piso el pasado mes de julio, pero aún hay quienes, como la estudiante Carmen Salas, recorren los pasillos de las facultades en busca de carteles para encontrar alojamiento. «Me he quedado sin plaza en una residencia y necesito un sitio donde quedarme», explica la joven sevillana, que inicia en breve un máster en Lingüística. Pero decantarse por uno de estos espacios tampoco es tarea sencilla. «Me han llegado a pedir 390 euros por una habitación en la calle Florida, pero el piso no tenía ni salón», desvela.

Los datos

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son las plazas de las cinco residencias de estudiantes de Vitoria, los centros mixtos Tomás Alfaro, San José, y El Pilar, el femenino y religioso de María Inmaculada y Casa 400, cerrada por reformas.
300
euros es el precio medio de una habitación en Vitoria.

«El precio medio de las habitaciones está en torno a 250 euros, pero algunos propietarios están subiendo a 300 animados animados por lo que ocurre en Madrid y Barcelona», señala Amaia Fernández, quien media entre propietarios y decenas de estudiantes en la inmobiliaria Avenida. Ellos buscan pisos de cuatro habitaciones para reducir gastos aunque la mayoría de las construcciones de la ciudad tienen tres estancias. «Los estudiantes no son exigentes con los muebles, no suelen dar problemas y sus padres son una garantía de que van a pagar, así que muchos los prefieren sobre las familias», explica Fernández.

La mayoría de estas viviendas están en Adurza y San Cristóbal o calles como Gorbeia y Florida. Quienes estudian Diseño y Moda se interesan por Zabalgana –por la cercanía de la Escuela Superior de Diseño– y los estudiantes de Enfermería por Txagorritxu, mientras barrios como Lakua, Salburua o San Martín suelen quedar fuera de la apuesta. Pero más que la ubicación, el precio es una parte fundamental a la hora de decantarse por un piso o una residencia. «Si el piso es caro y da problemas las residencias se llenan tal y como ocurre ahora», coinciden los expertos inmobiliarios. Y es que los precios de unos y otros se están, poco a poco, equiparando.

El guipuzcoano Julen Samaniego se dispone a pasar su tercer año en la residencia Tomás Alfaro Fournier. «Nos llevamos bien. Ya somos un centenar de veteranos. Encontrar piso para cinco chicos es complicado». Ana Egaña es de Basauri y este año comenzará a estudiar Filología Vasca. Ha optado por mudarse a una residencia. «Ir y venir todos los días es complicado, y mi hermano tuvo una buena experiencia». Gorka Zapirain ha dejado San Sebastián para estudiar en Vitoria Ciencias del Deporte. Su habitación es individual con cocina compartida y cruza los dedos. «Espero que el compañero sea simpático». / Blanca Castillo

Este otoño el curso escolar arranca con un complejo universitario menos en Vitoria, ya que La Residencia, en Manuel Iradier, ha cerrado sus puertas. Los jóvenes que deciden estudiar en Vitoria tienen un total de cinco centros a su disposición. Se trata de los mixtos Tomás Alfaro, San José y El Pilar, así como el femenino y religioso de María Inmaculada. Casi todos, salvo El Pilar, se encuentran ubicados en el campus o su entorno más inmediato. La más grande, Tomás Alfaro, cuenta con 220 plazas. Le sigue la residencia San José, situada en el Paseo de las Universidades, con un centenar. La relación se completa con Casa 400, en la calle Florida, que permanece cerrada por reformas por segundo año consecutivo.

Solo chicas

«Ahora es cuando se mudan, pero la odisea de buscar piso o residencia empieza entre junio y julio», explica Carlos Fernández de Nograro, responsable de PisosVitoria.com. Eso sí, es posible que las chicas lo tengan un poco más fácil para encontrar dónde hospedarse, ya que los prejuicios aún persisten entre algunos propietarios. «Los más mayores creen que una chica cuidará mejor del piso, por lo que es más común que haya viviendas solo para ellas», subraya Fernández de Nograro.

Ane Egaña y su ama Edurne llegaron desde Basauri para ver la habitación en la que Ane pasará los próximos diez meses. Va a estudiar Filología vasca y se ha inclinado por una residencia para conocer a gente en Vitoria. «Ir y venir no era viable, tenía que ir a Bilbao, coger el metro a Basauri y una lanzadera a mi barrio», explica. La buena experiencia de su hermano mayor en Eibar, donde pasó cuatro años en una residencia, la animó, y las buenas notas de Ane le permitieron acceder a la Residencia Universitaria Tomás Alfaro Fournier, donde el expediente cuenta para obtener plaza. El donostiarra Gorka Zapirain se encuentra en la misma situación. «Fue duro estar pendientes de si le daban la plaza o no hasta finales de julio dejando pasar otras oportunidades», confiesan sus padres.

Los agentes inmobiliarios coinciden en que «Vitoria tiene un problema con la oferta de pisos en alquiler». De hecho plataformas como Ostatu, el servicio de alojamiento del campus, apenas muestran dos ofertas para compartir piso y un ático. «Será difícil que se alquilen porque a los estudiantes les da más reparo vivir con los propietarios», señala María Martín, del servicio de acogida a estudiantes foráneos.

«Soy veterano en mi 'resi' y eso mola; los nuevos te respetan»

Suelen ser la primera opción para quienes aún no tienen amistades en su nueva ciudad, pero las residencias se están convirtiendo en una elección a considerar también a largo plazo. El donostiarra Julen Samaniego es uno de los 'repetidores' que mantiene su plaza en la residencia y renuncia a dar el salto a un piso compartido. «Este va a ser mi tercer año aquí, vine porque no conocía a nadie pero al final hemos formado un círculo de amigos veteranos», celebra. Si el año pasado eran 50, su grupo de Whatsapp ya alcanza el centenar. «Ser veterano mola un poco, los nuevos te respetan», bromea el estudiante de Ciencias del Deporte. Eso sí, las novatadas son cosa del pasado y ahora se celebran «jornadas de bienvenida». «Organizamos una yincana para que los nuevos sepan dónde están las cosas en el barrio», explica el joven.

¿Por qué no se ha marchado a un piso? «Es difícil encontrar alojamiento para cinco amigos y la residencia tiene ventajas como llamar y que te arreglen lo que sea», reconoce Julen. Los nuevos alumnos de este centro acceden en función de su rendimiento académico, y es que el proceso de admisión lo establece la Universidad del País Vasco y se basa en las notas obtenidas en la fase general de la EBAU, la nueva Selectividad. «Este año hemos tenido un centenar de renovadores frente a los 50 habituales, lo que ha provocado que podamos ofrecer menos plazas», señala Aiala Moraza, ayudante de dirección.

La residencia femenina María Inmaculada, en la calle Manuel Iradier, es uno de los pocos centros que no suele ver llenas sus plazas. María Carmen Armentia, hermana superiora y directora, lo atribuye a que alrededor de la mitad tienen baño compartido. «El horario nocturno de la portería no supone un problema a las chicas, los jueves pueden salir hasta las cinco aún así y no lo hacen», afirma. Este curso el centro se encuentra a un tercio de su capacidad –90 plazas–, pero todavía recibe peticiones. «Ha renovado un grupo de nueve chicas, cada vez vienen más de distintas carreras y la mayoría son vizcaínas y guipuzcoanas», celebra la hermana.

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