Un enjambre de vespas recorre Álava

Las motos y sus pilotos, poco antes de que comenzara el recorrido por Álava./Rafa Gutiérrez
Las motos y sus pilotos, poco antes de que comenzara el recorrido por Álava. / Rafa Gutiérrez

La segunda edición de Vesparaba reunió a cien personas y cerca de 80 scooters, sobre todo, clásicas, en una ruta de 140 kilómetros

Natxo Artundo
NATXO ARTUNDO

La veteranía es un grado. Sobre todo, entre los vehículos clásicos, como la Vespa de 1957 -restaurada en un elegante gris marengo- que conducía un orgulloso Rubén. Contrastaba con la insolente juventud de la moderna moto de 125 centímetros cúbicos y motor de cuatro tiempos que pilotaba Santi. Pero el vitoriano afincado en Santurtzi no ocultaba su satisfacción por formar parte de «todo un enjambre».

Desde su máquina amarilla de 1970, el bajista de Riffs and Chips o Resaca Jackson Julio Romero 'Julius' detallaba que en la convocatoria «preferimos en principio los modelos clásicos con chapa y cambios de marcha. Pero allí convivían los de faro redondo y luz cuadrada, incluso la «trapezoidal» de la moto de Romero que, pese a ser una 'avispa' de redondeado diseño italiano, «es un modelo raro, con motor de 160 centímetros cúbicos, fabricada en España».

Otra rareza, o pieza única, es la Lambretta súper personalizada el cantante de Allnighters, Igu, que hizo la ruta con su pareja, Isabel, después de haber trasnochado en Hell Dorado. «Prácticamente sólo le queda el chasis original. Aunque fue fabricada en el año 89, le he sustituido piezas para que parezca de los 60. Pero también la he mejorado, con luces halógenas, neumáticos 'tubeless', depósito de 12 litros y un motor de 200 con licencia Mugello», detallaba.

Pocos pero activos

La soleada jornada de ayer enmarcó de forma única los 140 kilómetros de ruta -desde Vitoria hasta Lagrán, pasando por Campezo, Salvatierra, Gordoa, Landa y Durana hasta el regreso a la capital- que integraron la segunda edición de Vesparaba, organizada por el Vespa Club Vitoria Vintage. «Somos 18 socios, un club pequeño pero muy activo», describía Txetxu Sobrino, que se confesaba un tanto sobrepasado por la respuesta a la convocatoria. «Nos han desbordado las inscripciones a última hora, porque teníamos ya 61 personas y han sido casi 40 más esta misma mañana», comentaba a modo de balance. Había tenido que dejar descansar a su Lambretta por un problema mecánico y explicaba que había utilizado su Vespa de 1974, con motor 160, para el recorrido matinal.

Estaba Sobrino a punto de sentarse a comer con el resto de participantes. En esta última etapa, en el restaurante Oreitiasolo 113, 64 personas ocupaban las mesas del local. Los cascos se amontonaban sobre algún mueble y las cazadoras que habían protegido a los motoristas -en una ruta que la pianista Silvia de Miguel no dudaba en calificar de «fantástica»- estaban ya de más. Otros entusiastas, como los llegados de tierras vizcaínas del SRB Scooter Club, como Mertxe de Gallarta o Andoni de Plentzia, disfrutaban en compañía de nuevos amigos y compañeros de carretera de tierras alavesas, guipuzcoanas o riojanas. Mucha avispa junta, pero sin darse con el aguijón.