Desmarque de ruptura

Desmarque de ruptura
Igor Martin
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

A falta de agua salada donde flotar traineras, Vitoria lleva kilómetros de distancia en tierra firme a ciudades de nuestro entorno -tomen lenguaje político con elecciones a la ciaboga- en materia de movilidad sostenible. De ahí tal vez, y déjenme añadir que con los comicios a ojos vista, que el jeltzale Gorka Urtaran marque millas sobre la propuesta de Elena Moreno, viceconsejera socialista, de poner palos en las ruedas privadas para el acceso a las capitales vascas. Llevamos lustros aquí primando a peatones y ciclistas, incentivando el transporte público, ralentizando la velocidad en el casco urbano, encareciendo la OTA como rejón de castigo y vendiendo supermanzanas como la fruta al por mayor más apetecible para que vengan ¡desde Lakua! a decirnos cómo hemos de conducirnos por la vida. Pues eso, sin pausas pero sin prisas.

PNV y PSE llevan firmados varios capítulos de un libro sobre la entente cordial en Euskadi. Pero huelen el metacrilato de las urnas y la clase política tiende a pensar que todo el monte es orégano. Y resulta que no. Igual que rechina el calco de las realidades de Cádiz y de Gipuzkoa, pongo por caso, tampoco resultan equivalentes los problemas de llegar en coche a la vizcaína estatua del Sagrado Corazón o al edificio central de Eusko Jaurlaritza, rotonda de América Latina mediante. Que no parece razonable meter en el mismo establo a churras y merinas o pensar que el agobio circulatorio en la modesta Vitoria guarda proporciones semejantes a la necesidad de ansiolíticos para pilotar en el Gran Bilbao. (Aún estoy por leer o escuchar alusiones a Mega Barcelona o Híper Madrid. Iba escribir que fumando espero, pero por mi bien tiempo hace que he dejado el tabaco).

Tampoco el firmante cree que puedan establecerse parecidos tan razonables, aunque llevamos lo nuestro, entre el Botxo y Gasteiz. Por si acaso, de momento y viniendo de donde llega, el alcalde ya ha marcado su desmarque de ruptura. El único que admite el fútbol moderno según el discurso fluido de narradores y comentaristas a un balón pegados.