El descuartizador de Nueva Dentro

Ertzainas trasladan al acusado. /B. Castillo
Ertzainas trasladan al acusado. / B. Castillo

La Fiscalía pide 20 años a Txema C. por matar a su amiga Marga y tirar sus restos al Zadorra. El juicio con jurado llegará «antes de fin de año»

David González
DAVID GONZÁLEZ

En el lado oscuro de la vida desde pronto, Txema C., de 45 años, cruzó todas las líneas imaginables el 15 de junio de hace dos años. Liado a una cerveza desde primera hora, consumidor de porros, sorbía las jornadas sin mayores alicientes. En las fechas previas a aquel miércoles fatídico, había dado muestras de una preocupante deriva. De bronca en bronca. Pero nada comparable al ataque mortal en su piso contra Marga, su amiga de ida y vuelta. Como tampoco a su posterior comportamiento, más propio de las series policiales que le atraían ante el televisor.

Hasta ese miércoles negro de 2016, Txema pasaba por un vecino de la calle Nueva Dentro tan marginal como inocuo. Hoy aguarda acontecimientos en la prisión provincial de Álava. Y estos se sucederán en breve. En cadena, además. Según ha sabido este periódico, la Fiscalía de Álava ya ha presentado su petición formal contra él, conocido en el Palacio de Justicia como 'el descuartizador de la calle Nueva Dentro'. Le acusan de un «delito de asesinato con alevosía». Traducido en números, se enfrentará a un máximo de 20 años de cárcel. Ya acumula 27 meses como preso preventivo, que le serían descontados de un hipotético veredicto condenatorio. Pero para el desenlace judicial, sea el que sea, restan capítulos intermedios.

Será un jurado popular de nueve ciudadanos anónimos el que decidirá su futuro legal. Se espera que el juicio tenga lugar probablemente «antes de fin de año». Primero debe completarse un último auto para que su caso se eleve desde el Juzgado de Instrucción número 2 a la Audiencia Provincial de Álava. Allí oficiarán las vistas orales por las que desfilarán una treintena de testigos entre compadres de desventuras, peritos forenses, expertos en psiquiatría, vecinos y ertzainas.

Estremece la reconstrucción de los hechos recogida por la oficina dirigida por Josu Izaguirre. Parece el guion de una película gore si no fuera porque se produjo en el corazón de Vitoria. En la calle Nueva Dentro, de las pocas de la 'almendra' medieval con cierta atmósfera lumpen todavía palpaple.

Vidas marginales

Marga, de 60 años, y Txema habían jugado mal sus cartas. Andaban a contracorriente. Desde bien jóvenes. Él, en Vitoria. Ella, tras una juventud de lo más cotidiana en Bernedo, se torció al instalarse en la capital. «Habían tenido muchos desencuentros», dicen sus allegados.

«Por los años 1999-2000 metíamos tuberías para que llegara gas a las casas de Miranda de Ebro. Txema era un peón de obra más, pero ya entonces tenía problemas con la botella», comparte un excompañero de fatigas laborales. La experiencia demuestra que quedó atrapado. Se había convertido en un fijo de los servicios sociales. Residía en una vivienda de su familia.

Marga también subsistía de espaldas a la realidad. Sin relación conocida con sus dos hijos, pisaba arenas movedizas. Los que la conocían alegan que «cuando menos te lo esperabas, sacaba su lado bueno». A Txema, por ejemplo, le curó unas heridas en la cara, la consecuencia de la paliza recibida por «el dueño de un gatito al que aplastó sin querer». Tenía conocimientos de enfermería tras ayudar en su juventud al médico de Bernedo. Aquella acción samaritana se produjo días antes de su muerte violenta.

Diagnosticado de un «trastorno de personalidad» y de otro «por dependencia al alcohol y cannabis», el Ministerio Público sostiene que ese 15 de junio «poseía las facultades conservadas en grado suficiente para entender y querer sus actos, sin pérdida de noción de la realidad».

La fecha de autos, ambos departían en el salón de la casa de Txema. Por circunstancias que sólo él sabe, le dio en la cabeza con un objeto romo. Se cree que una maza. Como Marga le amenazó con denunciarle, la ató a la cama y allí culminó el asesinato. La autopsia habla de una veintena de heridas por los golpes. Durante las horas siguientes, descuartizó el cadáver en ocho trozos. Y poco a poco, en al menos tres viajes, los transportó en una maleta hasta el cauce del Zadorra, cerca de Abetxuko, barrio donde vivió un tiempo. Pasó incluso por delante de la comisaría de la Policía Local, en Aguirrelanda.

Búsqueda del cuerpo en el río Zadorra. A la derecha, la víctima de joven.
Búsqueda del cuerpo en el río Zadorra. A la derecha, la víctima de joven. / J. Andrade

Aún tuvo el cuajo de ver en su casa un partido de la Eurocopa'16 con sus amigos. Sin embargo, contó su salvaje crimen en varios bares de la zona. Quizá por remordimiento o por la facilidad de palabra que a veces confiere el alcohol. Cuando la historia llegó a oídos de la Ertzaintza, le aguardaron junto a su portal. Faltaban 34 minutos para el 21 de junio. «Ya sé a qué venís», les espetó Txema tan pancho.

El partido de 'la Roja' entre amigos y manchas de sangre

El viernes 17 de junio de 2016, España goleó 3-0 a Turquía en el marco de la Eurocopa de Francia. En la calle Nueva Dentro, un grupo de amigos siguió el lance a través de la televisión. El anfitrión era Txema. Acudieron al piso desconocedores de que, en la habitación contigua al salón, su amigo de fatigas presuntamente había matado y desmembró a Marga, a la que ellos también conocían. Esa tarde le notaron «más contento y parlanchín de lo habitual». Incluso bromeó con que «olía a muerto». Ambientó la estancia, el salón, con un desodorante. Y en pleno partido, salió de la casa.

A sus colegas les sorprendió el hecho, y que un sofá impidiera el paso al dormitorio. Curiosearon. Descubrieron sábanas manchadas de sangre. También mechones de pelo. Aunque se asustaron, ninguno osó moverse. Txema volvió y aguantaron hasta el pitido final. Desconcertados, cuando llegó a sus oídos el relato del presunto asesino en varios bares, alguien recurrió a la Ertzaintza.

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