La cruz de Olárizu continúa su restauración

La cruz de Olárizu continúa su restauración

Un revestimiento de hormigón químico tapa desde el martes las varillas del encofrado que quedaron al descubierto tras el sabotaje de diciembre

Gabriel Cuesta
GABRIEL CUESTA

La cruz de Olárizu continúa poco a poco con su recuperación después de que hace dos meses sufriera un sabotaje que dejó su estructura seriamente dañada. Un revestimiento de hormigón químico tapa desde el pasado martes las varillas del encofrado que quedaron al descubierto tras ser perforadas con un martillo percutor y una rotaflex en el acto vandálico del pasado mes de diciembre. Un nuevo 'parche' que sigue acompañado del corsé de hierro que mantiene erguida la cruz desde principios de enero y las vallas que demarcan el perímetro de seguridad.

La estructura sufrió sabotaje hace dos meses, en la noche del pasado 19 de diciembre, cuando varios desconocidos dañaron la parte más sensible de la estructura, el arranque de la barra vertical. Entonces lograron cortar parte de las varillas del encofrado e incluso dejaron colgadas unas cuerdas que invitaban a tirar de ellas para tumbar la estructura.

Los autores grabaron su acción en vídeo, en el que reivindicaban el ataque a la cruz porque no se podían «quedar de brazos cruzados» al considerar que «la cruz franquista ya es pasado». A la mañana siguiente de los actos vandálicos, los técnicos municipales y Bomberos instalaron las vallas, de 2 metros de alto, que abarcan un perímetro de seguridad de 90 metros; al mismo tiempo empezaron a trazarse las tareas de reparación para garantizar su pervivencia.

Las primeras medidas llegaron de la mano de un herrero que fabricó el actual arnés para apuntalar el monumento. Este artilugio aún permanece en la zona dañada para sujetar la cruz y mantenerla erguida. Una solución de emergencia que continúa sosteniendo al maltrecho monumento, que ahora ha sido reforzado con esta segunda medida de restauración.

Un monumento con controversia

El ataque llegó después de que el concejo de Mendiola acordara el pasado mes de abril el derribo o traslado de la escultura, un acuerdo que fue comunicado en su día al Ayuntamiento. ¿El motivo? Un debate candente entre los vecinos sobre la cruz entre quienes defienden su origen religioso y popular y quienes consideran que es un vestigio franquista que hace apología de la dictadura.

En su momento, la junta administrativa de Mendiola remitió un escrito al Consistorio vitoriano en el que le niega autoridad sobre la cruz. El texto defendía «la prohibición expresa de realizar ningún tipo de actuación que no sea previamente comunicada y autorizada por el concejo vecinal, propietario único y de pleno derecho de los terrenos en que se asienta dicha cruz«. En cambio, la junta administrativa del pueblo, que pertenece al municipio de Vitoria, sí autorizó «por razones de seguridad que se acometan las acciones preventivas que se entiendan necesarias por los técnicos encargados». Una restauración que, de momento, sí se ha llevado a cabo para que el monumento recupere poco a poco su estado original.